Estimados amigos y seguidores de este blog: Soy Marco Portillo y les saludo en nombre de mi padre, Fernando Portillo, titular del mismo. Como he puesto en el título, “excusatio non petita, accusatio manifesta”, pero en este caso me he creído en la necesidad de darla, como cuando éramos enanos y nos poníamos enfermos y nuestros padres nos daban una notita para el profe, pero en este caso al revés.
El caso es que el invierno especialmente duro que estamos pasando y todas las cosas que ocurren y que afectan de manera especial a una persona con la sensibilidad tan a flor de piel como mi padre (y aunque se tenga la sensibilidad de un percebe; hoy el telediario nos ha puesto una “snuff movie” en directo desde Vancouver, joder, hay que ser bestias), bueno, todo eso unido a la medicación tan demencial que toma, han podido con él. Así que está en una especie de depresión en la que no quiere saber nada de nada. Ni siquiera se acerca al ordenador como no sea para recargar de música el iPod y escanear las fotografías y los negativos de su infancia, tarea en la que se ha sumergido como si quisiera recuperar el pasado. Por lo demás se pasa la mayor parte del día durmiendo y la noche despierto, trajinando con sus fotos, como Don Quijote.
Dice el médico que no puede darle ni una sola pastilla más de las que toma y que se le pasará probablemente cuando mejore el tiempo y llegue la primavera. Por nuestra parte tratamos de animarle (yo estoy esta temporada en Burgos haciendo trabajos y preparando exámenes), pero nuestras sugerencias de que salga (hace cosa de un mes que no pone un pie en la calle), o de que actualice el blog, son recibidas con un estentóreo “¡DEJADME EN PAZ, HOSTIAS!” Genio y figura hasta la sepultura.
En fin, esto es lo hay. Espero que pronto esté aquí de nuevo con todos ustedes, y como a él le gusta decir, gracias por las molestias.
Marco Portillo










