Exacto. Veremos aumentar esta circunstancia. Veremos llamadas a la caridad. Veremos el uso del miedo. Y no veremos, porque no interesa, la solución.
Hace años a mí también me incordiaban los limpia parabrisas espontáneos de la Plaza del Rey, máxime teniendo en cuenta que vivo al lado. Hasta que comprendí que en realidad era miedo; un miedo absurdo e inconsciente que nos provoca lo que no conocemos y todo lo que invade de cualquier forma nuestro pequeño territorio cotidiano. Esa es la base del racismo y de la xenofobia. Cuando lo comprendí, traté de cambiar mi actitud; de abrirme mentalmente de piernas, por decirlo de alguna manera. Y el caso es que ahora me caen hasta simpáticos. Cuando tengo el parabrisas muy sucio les pido que me lo limpien y les doy las monedas que lleve sueltas, 50 o 60 céntimos por unos segundos de trabajo. De esta manera sé que nos hacemos un favor mutuo sin perjudicar a nadie ¿a quién? ¿al lavadero Renuncio? ¿al de la Fundación AIDA? ¿iba yo a darme el viaje hasta la carretera de Logroño para limpiar el parabrisas? Ahora ya me conocen y saben que si hay mosquitos hay moneda, y si no, un saludo y una sonrisa, que tengas suerte colega, como quiera que se diga en su idioma. Y lo mismo me ha sucedido con el asunto de las limosnas; antes nunca las daba por las mismas razones que tú. Pero he llegado a la conclusión de que mi actitud anti limosna jamás solucionará nada, y de que, mientras tanto, estoy jodiendo al que me pide una moneda porque la necesita hoy y ahora. Antiguamente los caballeros llevaban en el chaleco un bolsillo especialmente destinado a llevar monedas para dar limosnas. Ellos sabían que el sistema era así y que las cosas no iban a cambiar jamás. La diferencia con ellos es que nosotros somos más ilusos
A mi, Fernando, me da mucha cosa verlos pulular entre los coches. Cualquier día hay una desgracia, sin seguro, sin protección, sin remedio.

- lapalabradigital.es | Aviso Legal | Publicidad | Contactar -
correo: info[arroba]lapalabradigital.es