Entre pan y pan, morcilla. El ejemplar de hoy de Diario de Burgos tiene mucho que leer, sobre todo para deleitarse con magníficos artículos de Álvaro Melcón y de Rodrigo Pérez Barredo, ejemplos de periodismo del bueno que, como hoy, sustentan de cuando en cuando el valor del medio como medio. Y, entre estos buenos moldes de pan fresco, arropada conscientemente para disimular la medicina, una enorme e impresentable entrevista a Juan Vicente Herrera, ese señor que se quiere llevar las cajas de ahorros de Burgos a Valladolid. El cuestionario, elaborado al alimón por Antonio José Mencía y Belén Delgado, es un ejemplo de servilismo absoluto y complacencia ante el héroe, para garantizar que su imagen siga siendo relevante y no relevada en la conciencia de cuantos asumen DB con la misma fe con que adoran el catecismo.
Seis páginas de publicidad no foliada cuyo objeto primero es el de solidificar la idea de que con Herrera vamos por el buen camino, engaño que se mantiene entre la mayoría de la masa social gracias al cacareo no sólo de Diario de Burgos y su grupo de comunicación, sino de la práctica totalidad del resto de medios burgaleses. La fórmula es muy simple: la Junta de Castilla y León destina ingentes cantidades a subvencionar los medios con inserciones publicitarias sin descuento, inyecciones que mantienen con vida proyectos ruinosos con la única condición de adorar la fuente del maná narrando lo que interesa a la deidad regional y callando el resto.
Animo a los lectores inquietos a realizar un pequeño ejercicio de observación: contar las páginas que llevan el escudo de la Junta en tres periódicos –Diario de Burgos, El Mundo-El Correo y Gente en Burgos– durante unos meses, anotando además las noticias que son críticas con la Junta de Castilla y León. No lo hagan con La Palabra de Burgos: tres años de intentos por acceder al pastel que se reparten los colaboracionistas, y que se cocina con el dinero de los impuestos de todos, no han servido para obtener una sola inserción.
Observe también el lector que la estrategia de la Junta es calcada a la del Ayuntamiento y la Diputación. En próximas entregas hablaré también de ellos, hay detalles de su actitud hacia La Palabra que no tienen desperdicio, pero diré algo que me parece importante: viene muy mal pasar apuros económicos para mantenerse con vida en esta selva tan difícil, pero viene muy bien para la conciencia cumplir con la deontología periodística sin ponerse mordazas.
Y acerca del bocadillo: si comen sólo el pan tendrán buen provecho.

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