
Si mira usted a la izquierda no podrá ver nada porque la nada no puede verse. Algunos recuerdan cuando ese lado alboreaba y parecía anunciar futuros soles, pero al final se quedó todo en luz de San Telmo, que provoca ilusión sin hacer ruido y no deja luego rastro.
Si mira a la derecha verá lo que no quisiera ver. Una poblada piara revolcándose en la abyección impone su inmundicia al resto del establo y consigue hacer creer que sus flatulencias son venerables. También verá alguna rata trepando por las paredes, sucias de tiempo malgastado.
Si mira al frente, verá una puerta que siempre está cerrada. Dicen que al otro lado está la vida y que puede haber gente con la que jugar al ajedrez, aunque por la mirilla lo que se contempla es un aula repleta de alumnos con camisas de fuerza, repitiendo y repitiendo la tabla de multiplicar.
Si cierra los párpados, verá lo que usted quiera. Puede escuchar la radio y pintar la realidad de colores imaginarios que van cambiando, viajar a universos distintos con sólo mover el dial del día a día. Aunque sería un caso raro porque nadie quiere moverse de su planeta, por amor a la estadística.
Si se arranca los ojos lo verá todo claro, mucho más si procura tener tapados los oídos. Desde la página en blanco accederá al saber sin condicionamientos, participará de los secretos de la existencia y querrá contarle al mundo la mejor forma de crear paisaje y hacerlo habitable.
No se le ocurra. En cuanto abra la boca será atacado y devorado por los cerdos.

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