
Durante estas semanas de atrás me he visto obligado a compaginar mis habituales y copiosas obligaciones con las labores de agente comercial, forzado por la desaparición hace un par de meses del equipo que gestionaba la publicidad en La Palabra. Hay pocos oficios que me asusten, así que me puse a ello con entusiasmo calculando que podría recortar algunas horas de sueño a la semana –de 35 a 28– y delegar alguna cosa más. Al fin y al cabo las técnicas y métodos del oficio ya las conocía, solo se trataba de saltar al ruedo.
No puedo demorar la expresión de mi absoluto reconocimiento para la gente que se gana la vida comisionando por las cosas que vende, pues es una dedicación hoy en día de lo más traumante. Si lo comparamos con sacar patatas de un huerto, éste es el tiempo en que hay que cavar diez veces más profundo para encontrar patatillas enanas que no sirven ni de simiente. Y la tierra está jodidamente seca y dura. Sin embargo, a pesar de la bisoñez que por fuerza he de mostrar en este oficio, me contenta haber logrado contratar la suficiente publicidad para poder distribuir nuestro especial de Fiestas que, dicho sea de paso, nos ha quedado muy bonito para lo que está cayendo (los lectores que no lo reciban en su casa pueden descargarse un pdf aquí mismo, a la derecha).
Puestas a un lado las victorias se resumen en una, que es la continuidad de la supervivencia. Gracias a los anunciantes de este número especial, unos cuarenta en total, La Palabra coge aire para tirar unos meses más y estoy convencido de que alargar su vida es sinónimo de salvársela. Toco madera.
Pero vamos con las derrotas, porque todas tienen su enseñanza: en el sector privado he vuelto a comprobar que la labor de zapa del comité antiPalabra municipal sigue dando frutos y muchos son los que no quieren saber nada de anunciarse porque han recibido la conveniente llamadita recriminándoles anteriores apariciones en nuestras páginas. He tenido negociaciones casi cerradas que de la noche a la mañana ha destejido un Penélope sin nelo. La verdad es que hay que reconocer que son muy aplicados a la hora de hacer el mal y que no les importa que se note, pero a mí me da por pensar que hay un señor con un sueldazo público entretenido varias horas al día en aterrorizar con fórmulas mafiosas a nuestros potenciales anunciantes. Luego tengo que volver a cerciorarme de que estamos en este siglo y de que no estoy soñando.
Si dura es la gestión con la publicidad privada, lo de la institucional ya es la leche. Algunos amigos, entre ellos comentaristas habituales de este blog, han podido conocer correos electrónicos, de éstos que al final se convierten en una conversación para ser leída desde abajo porque al responder se conservan los textos anteriores, así que saben que no me invento nada. Del cinismo de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta aludiendo al escaso presupuesto –con reenvío por mi parte de una lista de su publicidad detectada en este mismo mes (cinco páginas enteras en Gente en Burgos, por ejemplo)– a la desfachatez mostrada por la Universidad, más dolorosa porque cuando se confía en la palabra de alguien se hace buenamente y no te esperas la puñalada. Pero también enriquecedora, porque permite conocer mejor a la gente.
En la Universidad se han pasado la pelota del Gabinete de Prensa al Departamento de Marketing, cruzando por el Rectorado y el Vicerrectorado económico. Las dos semanas anteriores la institución académica contrató las páginas centrales en Gente en Burgos para vender su oferta educativa a todo color y por ahí circula un folleto muy vistoso que no repara en gastos, pero a nosotros nos ofrecen ya a última hora un faldoncito pequeño con el ruego de que se lo cobremos a mitad de precio. Confieso que me pudo el subidón de dignidad y envié un correo al rector que se pasaba de caliente: todavía me queda mucho que aprender en este nuevo oficio.
Así pues, hemos roto nuestras relaciones publicitarias con la Universidad mientras detectemos la discriminación que ahora se palpa, sin más valoraciones. Algún día tal vez analicemos de qué palo va cada cual y de quiénes son amigos los nuevos gestores de la UBU, ahora necesito hablar del episodio más interesante en esta batalla publicitaria, que nos ha permitido publicar una página para promocionar la capitalidad europea en 2016 a favor de Córdoba.
Sí, amigos lectores, no me he confundido: comunicamos a la Oficina Burgos 2016 que otra ciudad candidata (no les dijiimos cuál) estaba interesada en publicitarse en nuestro medio, pero que declinaríamos ese interés si mostraban nuestros paisanos el suyo, es decir, diríamos no a Córdoba si Burgos nos decía que sí. Creo que les sonó a farol, porque nos contestaron amablemente que no podían y tal y tal. Imagino que a algún "burgalesbiempensante" le parecerá mal, pero cuando la vida está en juego por culpa del hambre pelear por la patria es algo secundario en mi escala de valores. Esta mañana he visto OTRa revista de la órbita de Méndez en la que hay una página estupenda de Burgos 2016, así que cuando quieren, pueden; y no es por incordiar, pero el diseño de la de Córdoba me parece mucho más bueno.
Confieso que me alivia nuestro ritmo mensual. Si tuviera que enfrentarme cada semana a ese ejército de negociaciones publicitarias estaría muy asustado, lo reconozco, porque en cada victoria siempre queda un rastro de tu sangre y las continuas derrotas te sepultan en un foso que cuesta mucho escalar. De momento, un poco de paz hasta la próxima batalla; los más inquietos pueden mañana ver en el periódico Gente el buen rendimiento publicitario que proporciona chuparle el culo al poder, dicho sea presuntamente.

Soy de esa generación que vivía de niño las fiestas de Burgos convencido de que la diversión más deseable era ir a las barracas en la Quinta y a los títeres de Karraskedo en el monasterio de San Juan, antes de que el Ayuntamiento "premiara" al titiritero burgalés con el exilio al patio del Fernando de Rojas. No conocíamos nada más, por eso tampoco deseábamos tanto.
Desde aquellas tardes de función absorbente, cuando salías afónico de tanto avisar a Camelín del peligro que corría y de llamar a grito pelado "Gigantín, tras, tras, tras, con tu estaca vencerás", desde entonces me han apasionado los títeres y las marionetas, y he sentido un enorme respeto por quienes son capaces de simular todo un mundo narrativo y escenográfico que hace surgir la magia con la complicidad explícita de quien lo mira.
Hoy empieza en Burgos el festival Titirimundi, pero sin mucho bollo de poca miga, que diría un paisano. Esta actividad se copió en tiempos de la alcaldía de Olivares de una magnífica idea que había puesto en marcha el Ayuntamiento de Segovia. Más que copiarse, se remedó, aprovechando que los grupos internacionales llegados a Segovia ponían más barato venir a Burgos unos días después. Claro está, no venían todos, sólo los que según el presupuesto eran asequibles.
Burgos no fue la única ciudad "inspirada" en el fenómeno, otras cercanas tuvieron la misma idea y hoy los grupos de titiriteros cuentan alrededor del Titirimundi segoviano con una pequeña gira que llega incluso a Madrid, aunque la ciudad del Acueducto sigue teniendo la titularidad del festival de títeres más importante del norte de España.
Si bien en Segovia se superan cada año en la preparación del evento, en Burgos no ocurre lo mismo: para esta edición la propuesta en nuestra ciudad es de diez actuaciones en seis días no consecutivos, con una media de 1,6 actuaciones por día. En Segovia se programan seis días consecutivos, actúan 44 grupos (entre ellos los que vienen a Burgos) y la media de actuaciones diarias es de 32.
Como todo el mundo sabe, Segovia es candidata a la capitalidad cultural de 2016. Lo que seguramente muchos desconozcan es que la ciudad vecina lleva en esto de la candidatura más de tres años de trabajo intenso que ha fructificado en actuaciones que Burgos nunca logrará equilibrar, por una simple cuestión de tiempo. Por lo que he visto en Segovia –lo de los títeres es una mera anécdota–, nos llevan tantísima ventaja que más nos valdría abandonar. Mucho más si valoramos que los segovianos andan en este empeño bastante más unidos que nosotros y sin embargo no les importa reconocer que lo tienen difícil, porque hay candidaturas muy fuertes y Castilla y León ya tuvo en Salamanca su botín, mientras el botín lo tienen ahora otros con mucho más dinero.
Una diferencia de peso entre Segovia y Burgos es que, en la primera, el deseo de ser Capital Europea de la Cultura no fue un gesto preelectoral; aunque lo más importante es la unidad social y la calidad de la gestión, que ensombrecen nuestra propuesta y dan brillo a la suya. Pero lo que me parece significativo es que Segovia no ha expresado su apoyo a ninguna otra ciudad candidata, mientras la ciudad de Málaga podrá exhibir para postularse el respaldo que le dio el Pleno municipal burgalés presidido por Aparicio. Seguro que en el consejo calificador se van a echar unas risas.
Segovia, a pesar de sus escasas posibilidades, ha movido bastante bien los hilos, no sólo los de las marionetas. Tengo la sensación de que hasta ahora nosotros sólo hemos hecho el títere. Veremos si al final de la función hay estacazos, Gigantín.

Uyuyuyuy, últimamente veo a nuestro alcalde bajo de forma, ni la sombra de lo que era este prodigio de la escena sin recena, con aquella vis. Algo debe barruntar el hombre que no le permite andar ufano, porque el día de la firma de lo de la fundación 2016 –un invento en el que van a fundir unos cuantos miles de euros para lo que se dice nada– andaba ya quejoso con sus convecinos, a los que directamente les acusó de ser poco creídos con lo suyo. Vamos, que la modestia es el mal más autóctono del burgalés presente, que no damos un duro por nuestro valor.
No sé de qué se extraña. El ciudadano corriente y el estancado saben bien porque lo han visto que antes éramos más que ahora, pero lo malo es que también lo saben en Valladolid y en el resto de España, donde ya no somos noticia ni por el mal tiempo ni porque de Madrid a Francia o a Santander se vaya a seguir pasando por aquí. Sí que es curioso que Aparicio lo reconozca, pues sólo le faltaba inyectar desconfianza entre los que le creen depositario de las piedras sagradas de nuestro blasón, esa rocosa columna de invencible rédito electoral.
La autoestima burgalesa está por los suelos, vaya por dios, ya ni los gigantillos van a sacarnos de la depresión. ¿La gente piensa que valemos poco? Pues que no se piense eso, ordena el alcalde metido a luthier de flautas de Bartolo. Mejor: que no se piense nada, así no nos acusarán de impedir el diálogo y la participación ciudadana. Total, si no piensan, ¿qué pueden decir?
Quizá tanto viaje a Madrid para ir o no ir al Congreso le esté pasando factura, al comprobar cómo Burgos queda cada vez más lejos de la gravitación hispánica. Por eso será que vuelve a protestar, con la boca pequeña para que no se la partan, de lo mal que le salen las cuentas con lo del desvío del ferrocarril, una jauja devenida en babia que la ciudad aceptó con los cascos puestos pero que, pasado el tiempo, se ha convertido en inalcanzable magdalena.
Frecuentemente capaz de disimular su nervio interno, esta vez Aparicio no ha podido quedar como un caballero con Berta Tricio, quien por contra ha quedado con él como una señora de su casa. Las cámaras captaron su corrido semblante, profecía de fracaso en un asunto que ya casi no cuenta en la lista de "agravios gubernamentales" porque la gente está mirando con lupa lo que hacen, y mucho más lo que no hacen, en Valladolid por nosotros.
Yo creo que lo de 2016 le ha dado al hígado, o por lo menos le ha ulcerado el duodeno: tal vez esperaba una avalancha de acólitos dispuestos a cocinar abundante pasta en su rocambolesca fundación y se ha tenido que conformar con unas cervezas, que sin pinchos para acompañar pueden generar gastritis y hasta perforación, ande usted con ojo. Algunas comidas que parecen muy apetitosas en las fiestas preelectorales resultan de lo más pesadas con la digestión de la mayoría absoluta.
Y todavía queda lo mejor, el picante de la preselección de ciudades candidatas, capaz de arrojar por la borda el año que viene todo el esfuerzo culinario. Y es que cuando, como imagino, el proyecto de Burgos quede eclipsado por tantos otros de muchísimo más nivel, algunos de los zampones se van a pillar una salmonela galopante con que desaguarse por entrambas canales y vomitar las hieles de la esperanza mal cultivada.
Pero, de momento, que aproveche la "fondue".

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