El Correo de Burgos ha mejorado su diseño. Es bastante evidente, han conseguido rebajar ese formalismo decimonónico de su anterior tabloide que, la verdad, no le hacía ningún bien. Sin embargo, sintonizaba mejor con el fondo de la publicación, que no consigue despegarse de la misantropía desde su creación.
Los nuevos tipos están, pues, al servicio de los tipos de antes y en la línea argumental de la cabecera que lo contiene. En definitiva, un nuevo peinado para seguir luciendo la cabellera que tan bien se lava y marca con las comunicaciones de la Junta de Castilla y León.
No seré yo quien se pregunte por primera vez cómo es posible que una publicación tan poco diferenciada con la línea política de la competencia y que porta en sus páginas tan poca publicidad –por la lógica de su escasa difusión– se mantiene vivo y puede pagar a su plantilla de profesionales. La explicación podría encontrarse no en Burgos, sino en Valladolid y León, escenarios propios y comunes de los acuerdos entre la Junta y El Mundo de Castilla y León, que capitanea Óscar Campillo para mayor gloria de Pedro J.
Del señor Campillo guardo una anécdota personal (con mi persona) que algún día contaré. Hoy interesa más significar que los nuevos ropajes no supondrán una mejor oferta informativa ni un criterio de opinión que permita a El Correo de Burgos ganar lectores, teniendo que servir bien a quien sirve. Con el futuro asegurado mientras alabe a los que hoy mandan, su única preocupación debe de ser que continúen mandando.
Pablo, con todo respeto te ofrezco una reflexión. Quizás desde un medio de comunicación, La Palabra Digital, no se debería hacer critica de otro medio de comunicación ubicado en la misma zona geográfica y con el mismo lector potencial y mercado publicitario. "Conflicto de intereses" Espero que no te molestes. Un abrazo
JRJusto: Comprendo y alabo tu posición ética, además de agradecerte el replanteamiento de una reflexión que yo mismo abordé en su día. Pregunto: ¿Se debe hablar del resto de los medios? Respondo: Si son noticia, por supuesto. Pregunto: ¿Se puede opinar sobre ellos? Respondo: ¿Y por qué no? ¿Acaso no opina un político sobre otro de diferente partido? ¿No se hace profusamente en otros medios (en la televisión, por ejemplo)? Los medios de comunicación, gratuitos o de pago, no somos otra cosa que productos en el mostrador y competimos por el mercado publicitario, cada cual con sus armas o las que le prestan. El análisis de los medios, que tanto peso tienen sobre esta sociedad, me da para poder achacarles mucha responsabilidad sobre lo que, en mi opinión, es un manejo de la masa votante de Burgos y de la Comunidad. De lo que estoy seguro es de que ciertos medios cuentan con el alimento constante y poco cuestionado del dinero público que instituciones como la Junta, el Ayuntamiento y la Diputación de Burgos aportan a determinados rotativos y no a otros. Cuando comencé a escribir este blog me propuse abordar la crítica de los medios de comunicación con dos intenciones: por un lado la denuncia de estos fenómenos serviles que en nada favorecen a la ciudadanía y –sobre todo– traicionan la deontología de una profesión en otro tiempo destinada a salvar al mundo de sus carceleros; por otro lado, la modesta intencionalidad didáctica para que el lector descubra qué guardan detrás algunos titulares y muchos silencios. Sigo convencido de la necesidad de estos apuntes, aunque consciente de que sólo son cosquillas en el tremendo aparato de comunicación que nos envuelve y confunde: por eso seguiré atento a lo que pasa en el resto de los medios y opinaré de lo que vea. Y, especialmente, mientras ese poder siga tratando injustamente a los medios que yo dirijo. Por supuesto, no me ha molestado tu opinión, te agradezco el punto de vista porque respeto mucho las inquietudes de tu blog, además de coincidir con ellas casi al cien por cien. Un abrazo.
De arrebato en arrebato/ y ,razón, ¡hay para rato!/ Yo sí entiendo que esté harto/de periódicos "baratos"/que reciben tan buen trato//Porque sólo son unos lacayos/y sumisos empleados/de quién no quiere, sepamos/qué es lo que andan cocinando//También, yo, había pensado/que tenía usted que obviarlos/pero es justo comentarlo./¿Por qué son subvencionados?:/¡ya se sabe!, el pueblo llano/ no ha de estar muy enterado;/¿periodismo?, ¡el más vacuo!/ y nos seguirán votando. !Ánimo¡
Gracias por esos versos, Reyes. Tras darle nuevas vueltas al tema esta noche, no he encontrado motivos para dejar de hablar del resto de los medios. Los argumentos en contra son de tipo ético interprofesional, es decir, corporativos. ¿También en la comunicación se deben lavar los trapos sin que se note, como ocurre en otros gremios colegiados? Creo que no, que la ética periodística empuja más bien a lo contrario, a seguir la estela de la libertad al estilo de Larra que a comulgar con la cínica diplomacia de Luca de Tena.
Amigo Miguel. Suscribo tus argumentos palabra por palabra. Faltaría más: eres el jefe. Sólo algo matizaría: Desde tu brega diaria en la bomba de achicar para mantener La Palabra a flote ves a los medios como "productos en el mostrador que competimos por el mercado publicitario". Y yo creo que básicamente competimos por la gente, por el público, que es en definitiva por quien escribimos, trabajamos, pensamos, reflexionamos y pasamos muchas noches en vela tratando que esta ciudad se despierte cada día un poco menos amodorrada por las enormes dosis de pentotal informativo que le embuten desde la competencia.
Por cierto, dices que esos han modernizado su diseño. ¿Qué han puesto? ¿Una tira de Makoki?
Buenos días: Pues pienso que puedes hacer con todo derecho la crítica que expones, con toda la educación del mundo, como haces siempre. Mientras el dinero para la prensa no se reparta equitativamente, los "catering" de canapés de lujo y vinos reserva, los paguen los ciudadanos, etc.,... naturalmente que se podrá decir. Y es más, estaríamos obligados a pedir cuentas. La oferta de la competencia está ahí. Y cuando es buena, hay que celebrarlo. Por cierto, entrando en el enlace de Verba Volant, hoy tiene un post estupendo, sobre un artículo de Emilio Lledó en EL PAÍS digital. Merece la pena descubrirlo. Saludos.
Completamente de acuerdo, Fernando, eso es lo primero. Y perdón por obviarlo. Pero al final de todo ese aparato periodístico lo que importa es que pueda seguir en funcionamiento el canal de comunicación que lo hace posible, y eso no es gratis. Hay que reconocer que sin producción no hay película y que la película, buena o mala, es un producto en el mercado que trata de venderse. En el caso de los medios gratuitos, contar con un canal que asegure una buena difusión es muy importante para luchar por los recursos publicitarios. Puede parecer triste, pero sin publicidad no somos viables por mucho arte que le echemos; lo mismo le ocurre a la la competencia, gratuita o no. Por eso, quienes nos niegan la publicidad con que alimentan a sus lacayos saben muy bien lo que hacen y dejan claro que amigos nuestros no son. Gracias, Gelu, por tu comentario y por la recomendación.
Es triste que el periodismo esté sometido al vil metal para subsistir. A los ciudadanos nos gustaría que existiera una denuncia periodística no manipulada. De todas formas, se obvia una cosa, no somos tontos, pero cada uno se acerca a la verdad con la que vive o le da de comer.
Hola Pablo. Pierdes un poco la razón cuando para ti todo el resto de medios de comunicación son unos lacayos y tu -no sé quién más trabaja en La Palabra, si es que hay alguno más, porque noticias propias no hay ninguna respecto a otras webs- eres el auténtico adalid de la verdad. Sin un poco, solo un poquito, de poner los pies en el suelo, lo sentiría un montón pero no sacaréis este proyecto adelante, como lo habéis demostrado ya en el papel. Salud.
En este interesante debate que se ha suscitado dos observaciones: A/ De acuerdo con Fernando Portillo, un medio se debe a sus lectores, sin ellos el medio no existe y la publicidad te vendrá en relación a la audiencia que puedas justificar, el periódico publicitariamente es un vehículo de comunicación entre el anunciante y el posible comprador de su producto. Audiencia + tipo de lector te traerá publicidad. El anunciante es más inteligente de lo que se piensa, pone su dinero y aunque algunos se anuncian por amiguismo, no puedes calificar "Por eso, quienes nos niegan la publicidad con que alimentan a sus lacayos saben muy bien lo que hacen y dejan claro que amigos nuestros no son" y normalmente lo que suelen buscar en su inversión publicitaria es "rentabilidad". B/ Con motivo de mi primera entrada y causa del debate, la reflexión que te ponía se puede traducir en : "Pierde credibilidad cuando el critico gastronómico es a la vez dueño de un restaurante en la ciudad" Me alegro de haber suscitado debate, habría que hablar mucho sobre el papel social de empresa/medio de comunicación.
Las empresas periodísticas, desde que existe el periodismo libre, se han criticado unas a otras, han polemizado, etc. No hay que rasgarse las vestiduras por eso. Es lícita la crítica mientras no caiga en el código penal. Además, las empresas períodísticas tienen que buscar su sector de la opinión pública y dirigirse a él. Y defender la libre competencia, por supuesto, que debe ser siempre amparada por las instituciones. No voy a opinar sobre el hecho concreto al que aludes, porque no tengo el conocimiento suficiente, pero siempre estaré de acuerdo con el debate.
Gracias, Carlos, por tu punto de vista. Difiero de la opinión "poner los pies en el suelo" porque la cruda realidad nos muestra muy bien dónde está el suelo y considero que nuestros pies están bastante sujetos a él, sin capacidad de saltos arriesgados por falta de posibles, no nos engañamos y tratamos de no engañar a nadie. Este proyecto, La Palabra Digital, pretende que ese suelo –que para nosotros está constituido por los ciudadanos y sus preocupaciones– pueda hacerse evidente de foma mucho más sencilla, permitiendo que las opiniones de los lectores aparezcan y se contrasten en diálogos como el que ahora nos ocupa. Creemos, los todavía pocos profesionales que tratamos de sacar esto adelante, que éste es el futuro de la comunicación ciudadana y estamos apostando por él con todos nuestros recursos, que trataremos de ir aumentando de forma progresiva con la solidificación del medio. En cuanto al periódico en papel, sus reajustes han conseguido una estabilidad financiera que asegura su existencia en ritmo quincenal y que aspira a volver a la periodicidad semanal a partir de abril, así que no creo que se le pueda dar por muerto. Un saludo, y de nuevo gracias por participar.
JRJusto: Creo que tienes razón en casi todo lo que afirmas, yo también me alegro de que iniciaras este debate porque tus opiniones y las del resto de participantes me han empujado a dar bastantes más vueltas al tema. No sé si preguntando al chef de un restaurante fino la ética le impediría opinar sobre los establecimientos de comida rápida, con los que compite. Creo que lo haría, y que encontraríamos casos de cocineros opinando sobre la cocina de otros, me parece recordar que ya se ha dado el fenómeno. Acerca de los medios, sigo sin encontrar razones de peso que me impidan seguir opinando de ellos, al fin y al cabo siempre lo hago desde una tribuna personal y mi opinión está claramente diferenciada de la información. Me considero capacitado para opinar por la formación adquirida, la experiencia acumulada y la afición que me ha acompañado toda la vida por los medios, un mundo que verdaderamente me apasiona. Sin embargo, creo que tienes razón en que sería más correcto no ligar esta crítica con las aportaciones que reciben por parte de las administraciones (que no son sólo publicitarias) los medios que, en su caso, yo critique. Si mañana el Ayuntamiento contratara una página en La Palabra de Burgos no le negaríamos el espacio, alguien podría argumentar entonces que nos hemos "vendido", lo que también sería injusto. Por otro lado, el lector ya sabe de qué va cada uno y no hace falta insistir más sobre ello, así que lucharemos con otras armas diferentes para resolver este trato discriminatorio que, sin embargo, no me parece nada mal que lo conozca la opinión pública. Cuando hablaba de quienes nos niegan la publicidad me refería a las instituciones, no a los anunciantes particulares que, como bien dices, en su mayor parte son inteligentes y deciden dónde quieren estar con libertad no criticable. También es inteligente, y pretendemos que lo sea cada día más, el lector de los medios, quien por supuesto tiene una opinión de tipo social y político mayoritariamente democrática, por lo que será capaz de adivinar sin muchas otras pistas las tendencias ideológicas de ciertos anunciantes según los medios en que se anuncien. Te pondré un ejemplo: un amigo mío se fijó ya hace años en que una determinada marca de carburantes, en concreto Cepsa, patrocinaba el espacio que conduce en la COPE Jiménez Losantos. Mi amigo no consume en las gasolineras de Cepsa, no porque patrocinen a Losantos, sino porque no equilibran su aparición con inserciones en la SER, por lo que deduce que Cepsa tiene no sólo una intencionalidad comercial, sino también una clara finalidad política con su publicidad. Así que, en ocasiones, la fórmula Audiencia + tipo de lector no está tan relacionada con el marketing puro, y más en pequeñas ciudades donde abundan los conocimientos cercanos. Al final de todo esto, y disculpa por el rollo, está la intención de un medio de comunicación modesto como éste por informar mejor a los ciudadanos y servir de instrumento de opinión y progreso, sin que eso nos arruine. La lucha por la rentabilidad del negocio es la lucha por el mantenimiento de esos ideales periodísticos de Fernando Portillo que suscribo plenamente. Un abrazo.
Pedro: como siempre, certero y pedagógico. La garantía de la libre competencia es inexcusable. No sé por qué tus palabras me han recordado la frase de Voltaire: "Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo", que me parece un principio ético hermoso para la política y el periodismo, en busca de la libertad de expresión. Evidenciando que todos somos humanos, Voltaire también dijo en busca de esa misma idea algo con lo que ya no estoy tan de acuerdo: "Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo". Aunque no esté conforme, el hecho de decirlo no mata a nadie. Y por decirlo entonces se podía llegar a morir.

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