
Recoge el obituario de hoy el fallecimiento de Eloy Acero, cuyo nombre conoce todo Burgos asociado al crujir de las patatas fritas más sabrosas de la infancia. La mía, que transcurrió muy cerca del establecimiento de Los Vadillos donde se despachaba el género –en ese local repleto de olor a frito, pero no a fritanga– entretenía un buen rato los domingos en guardar la cola que pacientemente formaban decenas de burgaleses con el fin de comprar la reglamentaria bolsa de cuarto, que era de papel y se daba abierta para que en el camino a casa desaparecieran unas cuantas, calentitas, aromáticas, un lujo para el paladar que crepitaba en los dientes.
Cuando un burgalés se encuentra con otro en lejanos territorios, llegado el caso de compartir unas patatas fritas de bolsa, no es raro que surja el nombre de Eloy Acero como seña de identidad común. Me ocurrió una vez en un camping portugués, cerca de Sintra, un suceso que da fe de lo antedicho, cuando por una bolsa de estas patatas compradas "para el viaje", que sobrevivió parcialmente al mismo, nos reconoció como paisanos una pareja de burgaleses que acampaba allí. Aunque se fueron al día siguiente, pasamos un buen rato charlando de nuestras comunes procedencias y nos dieron buenos consejos para disfrutar de aquella estancia.
Siempre que viajamos a Málaga completamos el maletero del coche con grandes bolsas de patatas para saciar añoranzas de la familia, especialmente de mi sobrino Rodrigo. Las colocamos con mucho cuidado y estudio espacial –casi un problema de ingeniería– para que lleguen íntegras, más o menos, a su destino; donde desaparecen en un visto y no visto, tris tras. El nombre de Eloy Acero sabe a Burgos y se hace querer, ojalá su secuela siga haciendo muchos años tan buenas patatas para que los burgaleses conservemos esa crujiente seña de identidad.
Buenos días: Quién le iba a decir a Eloy Acero que su trabajo bien hecho iba a ser recordado. Tambien en mi casa, siempre había alguien que se acercaba los domingos, y guardaba el turno necesario para hacerse con la bolsa. Y ya de mayores, cuando agotados los días de vacaciones volvíamos a Barcelona, una querida vecina, siempre en el último momento, se presentaba en nuestra casa, timidamente, con el paquete, "para el camino". ¡Cuántas cosas comunes tenemos los de Burgos!. Saludos.
Hay sabores que nos acompañan siempre. No podremos garantizar la calidad de aquello que comíamos en la infancia, pero están tan dentro de nosotros que serán siempre la vara de medir de todo lo que viene después. Qué territorio el de nuestra infancia.
Qué patatas más buenas!! En supermercados no se ven, pero sí en pequeñas tiendas y en algunos bares para tomarlas acompañando a una buena cervecita.
Habláis de las patatas de Eloy Acero como si fuesen cosa del pasado, y todavía se pueden comprar en muchos comercios minoristas y siguen siendo sin discusión posible, las mejores patatas fritas de bolsa del mundo. Atentos a mi blog, colegas.
¡Cuánta vida detrás de una bolsa de patatas!, ¿verdad?.Gracias por esta "parada"
Este hombre habrá hecho felices a miles de burgaleses y circunstanciales visitantes. Algunos lunes llevo una bolsa de cuarto de kilo al trabajo y a la gente que pica de ella se les cambia la expresión de la cara. Los anagramas y los colores del embalaje son pura iconografía pop burgalesa. Te cito aquí.
Trabaje 20 años en Burgos y junto con maravillosas personas que conocí, me queda el recuerdo de estas patatas fritas que siempre tomábamos en viejas bodeguillas al final de la calle Santa Clara, cerca de las vías del tren. A mis amigos de Burgos los sigo viendo, y cuando voy a verlos vuelvo con varios paquetes grandes de patatas, ¿alguien podía decirme si hay alguna manera de conseguirlas en Bilbao? Muchísimas gracias y un fuete abrazo Jose

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