
Ya está otra vez la tortilla en el aire sin haberse siquiera tostado por una cara, que en esto de la fusión de las cajas hay más cocineros que frailes y rápido pasan de la deconstrucción al aliño. Cocinero de los buenos es José María Arribas, que nada más amasar los ingredientes necesarios para una integración pone a calentar para primer plato la olla donde se guisa la unión de Caja de Burgos y Cajacírculo.
Al estupendo olor del guiso llega Herrera, que bendice el condumio cual prelado hambriento, y el entusiasmo llega a tentar la beatitud de Ángel Olivares, a quien esta vez el apetito le ha podido sin previa plegaria por los alimentos a tomar. Antes de probar el plato ya se imaginan que estará suculento, pero no todo lo que bien huele es comestible y de eso los frailes saben bastante más.
Demasiada voracidad, pienso yo (que no aspiro a bocado), casi parece que se quiera mojar salsa en la santísima vajilla de la caja pía, tan redondita y brillante sin pecado concedida. Sin embargo, me da a mí que los comensales pueden quedarse cual huéspedes del Domine Cabra por confundir las carnestolendas del músculo financiero con la sardina y su raspa de cuaresma disfrazadas.
No me creo que fusionar las cajas burgalesas sea tan fácil ni en la mejor de las cocinas, antes bien Caja de Burgos tiene como necesidad muy imperiosa conseguir que Cajacírculo no vaya por libre, pues si la mayonesa no liga los católicos podrán dar gracias y abrir los brazos para recibir a los fervorosos impositores que huyan de sacrilegios y apostasías masónico-regionales.
Acostumbrado como está el fraile al ayuno, puede que el banquete de los demás se quede a buenas noches y tanto guiso no lo puedan aprovechar ni los cerdos que tanto aprovechan. Eso es lo que esperan sin duda los trabajadores, porque en el fogón si el puchero rebosa muchos serán los evaporados. Por eso últimamente a las imágenes marianas de las oficinas de Cajacírculo se les saca mucho más partido, con tanto oficinista postrado suplicando humildemente "...que me quede como estoy".
Yo ya no entiendo nada; no sé si hacen la mayonesa en puchero o el guiso en almirez; pr mí, como si les fríen un paraguas.
Nos van a matar con tanto suspense...
La fusión de las cajas de Burgos es prácticamente imposible y tal vez no recomendable. Lo positivo de las declaraciones de Arribas es que indican, claramente, que las dos cajas tienen que actuar de común acuerdo en procesos como los que se iniciaron y que, felizmente, ha terminado.
Estoy de acuerdo, Ángel. Pero creo que las declaraciones de Arribas hay que interpretarlas en su contexto: le considero una persona muy inteligente que no suele dar puntadas sin hilo, es consciente de que el papelón de Caja de Burgos si Cajacírculo se desmarca puede abrir un panorama poco deseable para las aspiraciones de las otras cinco cajas. Plantear el debate públicamente sobre la fusión de ambas entidades es un nuevo error en este proceso, error que sólo se explica por la necesidad de sondear con semejante globo el clima de opinión de la ciudadanía. La expresión "capital financiera de la región" aplicada a Burgos suena tan bonita que rebaja el grado de oposición mostrado ante la rechazada intencionalidad política, así que las esperanzas de que poco a poco la idea de fusión no parezca tan abominable tienen una base más fundada. No creo que en estos momentos Cajacírculo esté por la labor de fusionarse, entre otras cosas porque tiene mucho más a ganar si no lo hace, pero es que además las cajas españolas que llevan detrás a la Iglesia son reacias a perder su singularidad. Un buen ejemplo es la Caja de la Inmaculada en Aragón, que siempre se ha negado a comerciar con su identidad.
Al final tendré que comulgar para la cuenta conservar... (los caminos del Señor son inescrutables)

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