
El triunfo de los propósitos de Chávez en Venezuela mueve de nuevo a la reflexión sobre el verdadero valor de la democracia, ese sistema "menos malo" deseado por los que no lo tienen y descorazonador para sus usuarios. Digo esto porque la democracia se ha demostrado incapaz de solucionar por sí misma algo tan básico como la injusticia social y estamos a años luz de conseguirlo.
La mecánica de Chávez no es muy distinta de la que aupó a Hitler al poder, basada en una eficaz propaganda que modela el comportamiento de las masas y es capaz de poner vendas en los ojos ante todo lo que tiene de malo el personalismo dictatorial. Sistemas democráticos hay muchos, pero ninguno se libra de la manipulación propagandística que se elabora en despachos de comunicación y que no tienen voluntad de enseñar, demostrar o razonar, sino exclusivamente de convencer al votante.
El mecanismo funciona tan bien que esta labor de propaganda supone el mayor gasto en los procesos políticos. Puestos a ello, los pastores de turno olvidan la verdadera función de llegar al gobierno: convertirse en principales servidores públicos, trabajadores de la sociedad comprometidos con ella. En su lugar buscan en sus cargos el medre personal y partidario y se permiten incluso traicionar la confianza de la masa votante, seguros de que pocas conciencias se resisitirán al atractivo de una buena campaña.
Mirar alrededor es darse cuenta de cómo las democracias engañosas no son más que dictaduras con permiso en las urnas. Las mayorías absolutas suelen propiciar esos fenómenos, ni siquiera tenemos que viajar fuera de nuestra región para comprobarlo. Venezuela está aquí mismo, nada más salir de casa.
No hay nada peor que lobo disfrazado de cordero: un dictador disfrazado de demócrata. El rebaño no maduro o asustadizo tiene siempre un destino muy triste. Y estamos en el siglo XXI.
Buenos días, Pablo Miguel Simón: Mientras haya "palmeros", -que antes de abrir la boca los líderes de pacotilla, ya estén aplaudiendo su birrioso discurso-, ciertos ejemplares se considerarán sabios e importantísimos. O cambiamos, o estos especímenes seguirán mandando, perpetuándose, autoengañándose y engañándonos. Saludos.
Insisto: ¡qué buenos reyes si hubieran buenos vasallos!/ De éstos, haberlos, "haylos"/pero, en número, escasos//Si a los mismos comparamos/con el de los mercenarios/que tan sólo, Ley en mano/ te han dejado desarmado/¡cómo vamos a extrañarnos/ que naciendo un buen vasallo/ muera siendo un ermitaño!// Es la Tierra un mal reino/y a los reyes del momento/les conviene el incremento/ de listas de analfabetos/ que sólo conozcan la Ley/ de Dios, la Patria y el Rey. (¡Ya lo sé; qué son muy malos estos versos!. Tengo una excusa, y es que, ¡de veras!, no sigo ningún tratamiento y lo necesito, me temo.)
Castilla bolivariana, Burgos capital Caracas.
-Cariño ponte las gafas de "Visión Lab", lo verás todo como el resto... -¿tanto me cambian estas gafas? -Sí...
Gracias, Pedro, es lo que tiene ser rebaño. Un saludo, Gelu: tienes razón, hay que cambiar el mundo antes de que nos cambien a nosotros. Muchísimas gracias, Reyes, por tus versos, no creo que necesites tratamiento, es el resto del mundo el que está mal. Marcelino, ya sé que usted era rojo de los de antes, pero no me trasnoche con el Aló Presidente.
La cosa, Bipolar, es que las puñeteras gafas tienen cristal mono-tono, así de aburridas son en realidad
El juego es así, señores, nos guste o no nos guste. La mecánica del sistema demócrático que ha dado el triunfo a Chávez no tiene pega que ponerle y no vale llamar ahora al pueblo venezolano "rebaño inmaduro" o "masas con vendas en los ojos". Por supuesto que es fácil manipular a las masas; tanto más cuánto más empobrecidas, hambrientas y secularmente machacadas por una dictadura corrupta tras otra están esas masas y alguien les ofrece un leve atisbo de cambio. Puede que Chávez no sea la solución desde nuestra aristotélico-tomista visión europea de las cosas, pero es "su" solución. Dejémosles desarrollarla en paz.
Ya... pero resulta, que les pasa como en el anuncio, que con las dichosas gafas (algo tendrán) ven a este hombre como a Pierce Brosnan, o algo así. (Porque pucherazo no habra sido, ¿no?, es que yo soy muy ingenua)

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