
El primer día laborable de marzo trae en la agenda la vista que ha de juzgar a ocho ciudadanos burgaleses por los sucesos acaecidos en la avenida de Eladio Perlado. He hablado mucho de este tema, pero hay que volver a ello porque se dan los peores parámetros de la relación entre el ciudadano y el poder, consecuencia siempre del abuso de este último.
El Ayuntamiento es el único acusador en un caso en el que la empresa perjudicada por los destrozos que ocasionaron los vecinos en sus protestas retiró hace mucho tiempo la querella. Esta sensibilidad privada no ha tenido paralelismo en el seno de la corporación, que se emperra en conseguir una condena ejemplarizante lloviendo sobre ocho cabezas de turco de los ochocientos responsables de los sucesos.
El empecinamiento en la represalia sólo se explica por una gran dosis de mala leche. El tiempo transcurrido es más que suficiente como para esperar una actitud magnánima de quien sirve al pueblo gobernándolo, pero en su lugar asistimos a una implacable tozudez que se antoja desmedida y que esconde el cabreo de los intransigentes por haber tenido que torcer el brazo, algo muy mal visto en según qué poses.
Con una mirada menos absolutista no sería descabellado pensar que quienes deben ocupar el banquillo de los acusados son los provocadores de aquella reacción ciudadana, los mismos que mantienen la represalia contra los vecinos. Pero las cosas son así, los más débiles pueden acabar en la cárcel por defender sus hogares, mientras quienes en la sombra dan mordiscos al pan común acusan y sentencian desde la impunidad. La razón ha perdido el juicio.
Realmente es desmesurado. Sin embargo otras actuaciones contra los bienes públicos no obtienen la misma respuesta. Me gustaría sugerir desde aquí, que los esfuerzos municipales se dirigieran a dotar de un poco de seguridad en las calles, dotación policial (que brilla por su ausencia), para que podamos pasear sin temor a que nos partan la cara o nos claven un pincho (en el mejor de los casos).
La actuación de Aparicio se guía por algo tan irracional y antidemocrático como la venganza. Sólo tiene esa explicación y así se ha demostrado.
¿No es, acaso, de juzgado de guardia, los DESTROZOS que en las arcas municipales han producido y producen la gestión de este "ajuntamiento". ¿Dónde está el BALANCE entre lo "biengastado" (para éso se supone que se les vota)) y lo desperdiciado?.¿Cómo enterarnos?. ¿Dónde denunciarlo?. ¿En las urnas se juzga con tan poquitas pruebas?. ¿Es que a nadie le importa el dinero público (¡de todos!)?. ¿Es que..., "pa qué"?
La actitud del Ayuntamiento, en este caso, es incomprensible.
Gracias por vuestros comentarios. Creo que es un asunto en el que si el Ayuntamiento hubiera sido magnánimo habría ganado muchos puntos entre la ciudadanía. Asi muestran una cara que dice mucho de su calidad como políticos, como gobernantes y hasta como personas.

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