Es difícil saber si la alegría por el alta médica supera la tristeza de la situación que le espera. Somos una población envejecida: ¿cuándo se lo tomarán en serio las autoridades?
Una situación la de personas como Daniel, paradójicamente parecida a la de los reclusos que son puestos en libertad a edades avanzadas después de condenas muy largas; La mayoría de ellos se ven abocados a la indigencia y mueren en la calle. Me hace gracia el clamor popular que ha surgido pidiendo la reinstauración de la cadena perpetua. Neciamente creen pedir con ello un castigo máximo y no saben que en realidad sería una bendición para muchos presos.
Hola. Todo lo que toca la Junta lo jode. En este caso hablas de las residencias de mayores, pero lo mismo se puede aplicar a la sanidad en general, a la educación o a los servicios sociales, por ejemplo. Aprovecho ya para decirte que nosotr@s estamos organizando unas jornadas de protesta, manifestación incluida, a la Junta, principalmente en estos dos últimos ámbitos, por ignorar la figura del educador/a social. Lo que está haciendo con la nueva ley de servicios sociales no tiene nombre. Ya os comentaremos, es un poco continuación de lo que hicimos el año pasado, pero esta vez a nivel regional.
Estoy convencido de que has contribuido a que su recuperación fuera mejor, con tus visitas, con tus conversaciones, con la prensa. Y has rematado esta historia tan humana con una reflexión necesaria. No sé si volverás a tener contacto con Daniel. Si así fuese, me gustaría tener noticias.
Gracias, amigos. Es necesario dar mucho la lata con estos temas, no queda otra. Por supuesto, mi apoyo al Movimiento Anfibio en sus tesis sobre los educadores sociales y otros servicios públicos en vías de extinción, un tema que generará una próxima entrada también en este blog. Y Pablo, seguro que tendré noticias de Daniel, ha prometido que vendrá a verme y ya me las apañaré para no perderle mucho de vista. Un saludo.
Buenas tardes, Pablo Miguel Simón: Gracias por tus visitas a Daniel. Seguro que te echará en falta. Ahora, con el alta, aparte de los muchos achaques de su salud, tendrá la preocupación añadida de cómo se las arreglará. La depresión -si tiene la cabeza bien-, está garantizada. Mis padres son octogenarios. Afortunadamente no tienen que estar en una residencia, pero, a veces, es la solución más acertada, para muchos mayores como ellos y para la familia. En esos casos, hay que aceptar el ingreso en una de ellas, como la mejor solución, para que la persona tenga la calidad de vida adecuada, acorde con el momento y la sociedad en que nos ha tocado vivir. El precio de estos centros, -para quienes no cumplen los múltiples requisitos para entrar en una pública-, es prohibitivo. Las listas de espera son interminables, y a veces llega el turno cuando ya es demasiado tarde. El Yagüe podría ser una solución para muchos problemas. Saludos.
Gracias, Gelu. Por lo que oigo no hay muchos planes para que el Yagüe acabe paliando este problema. Estoy convencido de que si existieran muchas plazas públicas en residencias de ancianos las privadas tendrían que costar menos. Tal vez ahí resida la explicación de algunas políticas sociales, siempre hay que mirar quién se beneficia de lo que ocurre.
Nosotros miramos esta situación desde un balcón que acota a pasos agigantados las vistas. La protección social debería ser amplia y suficiente en este terreno. ¿Qué será de nosotros sin una pensión? El panorama es terriblemente desolador. Me niego a seguir divagando. Pero como no nos remanguemos...

- lapalabradigital.es | Aviso Legal | Publicidad | Contactar -
correo: info[arroba]lapalabradigital.es