
Ya sé que si me confieso más republicano que monárquico me voy a ganar alguna antipatía. Pero ya, perdido por decir lo que uno piensa, no me importa aventar que por muy guapo que esté el rey en los sellos, las monedas y hasta en la propia Historia –que nadie niega– me sigue pareciendo anacrónico lo de la estirpe sanguínea, para qué voy a abundar en razones.
La República resulta más razonable y cercana al ideal democrático, pero en este país tiene mala prensa y eso no lo ha conseguido lavar la certeza de su ilícito desmantelamiento por el golpe de Franco y sus generales. Conscientes los no monárquicos de la batalla perdida, el republicanismo sólo subsiste de forma políticamente rentable en Cataluña, y lo hace por su teoría federalista preñada de independentismo.
Es más productivo ocuparse de otros temas que liarse a tortas con la Constitución, así que me limito a hacer las reflexiones sobre la efeméride que hacen hoy todos los que no encuentran sentido a la sangre azul; y mañana, a otra cosa. Porque, la verdad, para darse de bruces con la dictadura de la realidad diaria hace falta mucho ánimo, y ya uno anda exhausto de batallar contra tanto modelo "democrático" de los que pueden joderte bien, con esos cuatro poderes que al final son uno: la santísima "Cuaternidad" del dinero.
Y que dios guarde al rey muchos años, donde dios suela guardar las cosas.
No sé si pronunciarme al respecto, porque mi casa está llena de monarcas. A saber: mi marido, mi hijo (absolutista) y yo misma (¡vaya nombre me pusieron, co...!). Tras la gracieta, decirle que si los abanderados del republicanismo son del tipo Carod-Rovira..., la causa, no le quepa la menor duda, resultará más que antipática. ¡Ah!, se confiesa más republicano que monárquico. Entiendo la indefinición. ¡Tiene materia gris!.
Por ahora somos la primera república federal con monarquía. Por ahora.
Coincido con Reyes. El republicanismo de Cataluña es "harina de otro costal". Y te recuerdo Pablo que gente como Pujol o Samaranch son los verdaderos exponentes de la sociedad catalana y no se distinguen por su amor a ninguna república.
Yo sigo sin entender la existencia de un rey, y menos aún que me lo vendan como salvador de la democracia. El rey venía de fábrica con el sí a la Constitución, pero ahora ya somos muchos los que no vivimos la transición y tiempos han cambiado. Yo no quiero un rey.
Perdonad, amigos, por no haber respondido antes a vuestros comentarios, querer no siempre es poder. Reyes y Ricardo: no comulgo con el republicanismo de Carod y sus independentistas, sólo afirmo que es en Cataluña donde la palabra "Republicana" inscrita en el nombre de un partido produce rentabilidad política, es decir, escaños. Mi indefinición es grande, Reyes, creo haber contado ya por qué no soy demócrata, o al menos no partidario de democracias como las que en nuestro país se practican porque se prestan a todo tipo de injusticias sociales: la democracia necesita una vuelta de tuerca que asegure la representatividad, elimine la demagogia, castigue el abuso y la corrupción y adecente la Justicia, ¿quién encuentra la llave no inglesa? Pedro: va a resultar que el rey es republicano, me lo estoy temiendo, jeje.
Nada de republicano, es progresista y un apasionado de las buenas obras de arte, los buenos espectáculos musicales, los vehículos de diseño, las ediciones facsímiles, la cocina de restauración... esas cosas de la cultura popular de andar por casa. Qué temita más espinoso. ¿Quién mete mano a la Constitución? Porque por un lado, la carta magna establece que todos somos iguales y por otro pregona, que uno y sus descendientes son superiores al resto, sobre todo el primogénito varón (sin distinción de sexo). Y ya puestos a reformar, lo de las autonomías tampoco es nada justo e igualitario ya que unas nacieron con unos privilegios, necesarios para el nacimiento de la democracia, pero argumentos caducos hoy. Con lo bien que estábamos, siendo una, grande e indivisible... (Bueno, por lo menos habría dineros que no se diluían en los interminables escalones y escalafones). De momento, nos conformaremos con el felpudo de IKEA
La rentabilidad política de un partido empieza ya por sus siglas. Hasta ahí, todo normal. Lo que no es normal es la absoluta falta de respeto por esas siglas. Será cosa de la globalización, pero lo mismo cabe un "progre" en el PP que un "facha" en el PSOE. ¿Cuántos se afilian a un partido buscando un puesto de trabajo?. Lo del bien público puede que les guste, pero es secundario.No obstante, ¡Chapeau! para los políticos honestos, que también son muchos, aunque en vía de extinción.
No te calles nunca y siempre di lo que piensas, has hecho muy bien. Salu2.
Yo tengo el corazón republicano. Estoy totalmente de acuerdo contigo con la corteza histórica de la historia reciente de la república en España, pero creo que el debate monarquía/republicanismo en España está viciado de raíz. El asunto es, como comentas, si una institución como la monarquía es justificable en el siglo XXI; que la república haya tenido o no éxito, si las tentativas republicanas lo eran más o menos, son cuestiones que no afectan al corazón del asunto. Como decían los griegos, lo que habría que dirimir es qué sistema de gobierno es más justo. El día que me detallen de manera pormenorizada el desglose de los gastos que la Casa Real tiene a cargo de los presupuestos generales del Estado quizá muchos españoles cambiarían de idea: a base de defender a un rey que ha hecho mucho en nuestra historia reciente (nadie lo niega, pero tampoco se recuerda lo que NO hace), quizá el contemplar que pagamos otras cosas menos justificables nos haga cambiar de idea. Por lo tanto, me adhiero a la república como concepto, no como experiencia histórica en España. Y me alejo de la monarquía por lo mismo.
Gracias, María, no nos callaremos, nadie debe callar en un mundo libre. Sigo muy de acuerdo con Reyes, pero sobre todo me parece excelente el comentario de Raúl. Muchas gracias por sentar esa cátedra, uno se siente orgulloso de tener tan estupendos lectores y reverencia vuestros comentarios.

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