Hoy se hace de nuevo visible el poder del asociacionismo bien gestionado. Ha bastado una seria oposición de la Confederación de Empresarios a los planes del Ayuntamiento en materia de impuestos para forzar a Aparicio a "dialogar" con la oposición sobre el asunto y, consecuentemente, a rebajar esos planes hasta cotas aceptables. Esta bajada de calzón no es un éxito político que sume a favor de partido alguno, sino la demostración de la fuerza que acumula FAE tras años de buena gestión como asociación patronal: ha bastado la crítica severa de Roberto Alonso para llevar cordura a unos planes que sólo tenían por objeto exprimir aún más los bolsillos de los burgaleses para engordar el zumo municipal.
Calcula Aparicio que con el recule se van a dejar de ingresar 3,5 millones de euros. Visto así, no parece tanto: si sumamos los sueldos de una treintena de cargos "de confianza", de los que 17 llevan varios años esperando la confirmación de la sentencia que declaraba ilegales sus nombramientos sin haber dejado de cobrar mes a mes, los derroches publicitarios tipo Burgos Siglo XXI, la infinidad de obras innecesarias e inexplicables y el desvarío de la práctica totalidad de las secciones municipales en el gasto, podríamos superar los diez millones de euros anuales dilapidados por la mala gestión.
Al que no se le cae la cara de vergüenza, con tanto cemento, es al concejal de Hacienda, Ángel Ibáñez. Resulta que recortar su pretensión de dar el palo a los contribuyentes no ha sido por las críticas, sino que ya estaba previsto según él trabajar con estos nuevos parámetros. No se verá mayor descaro e hipocresía: si se puede trabajar con menos, ¿a qué fin traza un plan que asfixia a los ciudadanos?
Me da a mí que este chaval de cuentas sabe poco, todo lo más alguna operación con números atómicos, que es lo suyo. La realidad es que en ocho años de gran bonanza económica y financiera ha conseguido que Burgos tenga muy poquitos medios económicos para afrontar las grandes inversiones que la ciudad precisa, caso de la urgentísima depuradora. No hablemos ya de "caprichos" como el tranvía, alguien que vive en la miseria no puede soñar con tanto lujo. Si eso puede calificarse de buena gestión que venga Montoro y lo vea.

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