


Mi relación directa con el programa de fiestas de Burgos, me refiero al oficial que edita el Ayuntamiento, comenzó en el año 1999. Un lustro antes ya andaba investigando quién lo hacía y la manera de concursar para conseguir su adjudicación, pero en aquellos tiempos ni había concursos ni gaitas, siempre se lo daban a la imprenta Aldecoa y siempre se repartía tarde y mal, repleto de errores y de defectos gráficos. Además de ser feo, no cumplía las expectativas publicitarias de quienes realmente pagaban su elaboración, que eran y siguen siendo –aunque ya no en exclusiva– las dos cajas de ahorros locales. En ocasiones el programa llegó a ser distribuido después del día de San Pedro y San Pablo, pero eso no era suficiente motivo para adjudicar su producción a otros.
En el 99 quebró la imprenta Aldecoa y se convocó el primer concurso libre. Era el último año del concejal Sagredo al frente del IMC, con Valentín Niño de alcalde, y una de sus últimas actuaciones fue proclamar como plica vencedora la presentada por SIC entre otras seis empresas. Nuestro proyecto garantizaba la producción y distribución del programa diez días antes del pregón, que al final fueron quince, además de una pulcritud editorial que ridiculizaba programas anteriores.
El siguiente año, con Olivares de alcalde y Luis Marcos en el IMC, volvimos a ganar el concurso por la calidad del diseño y el precio inigualable de nuestra plica, lo que convenció a las cajas de ahorros –que influian mucho en la decisión–, muy contentas con el plazo de entrega conseguido el año anterior. Entonces se fue Luis Marcos y llegó Isabel Abad con nuevas ideas, así que para 2002 planteó un concurso más abierto dando libertad para actuar sobre el diseño y sobre el formato.
No tengo necesidad de presumir y se me da mal, pero gracias a mis conocimientos editoriales propusimos un formato de programa que aportaba muchísimas posibilidades estéticas a un precio muy bueno, con una impresión de lujo, fotos a gran tamaño y un despliegue tipográfico muy acorde para la ocasión festiva. A las cajas les encantó y nunca más se volvió al aburrido formato tamaño a5. Desde entonces, con la excepción del año pasado, los coleccionistas guardan los programas en el tamaño que tiene el que actualmente se reparte, al que ha vuelto Malvido tras la peregrinación –por lo peregrino del asunto, como se verá después– de Marisol González.
A pesar de nuestros secretos editoriales no fue fácil ganar los siguientes concursos, lo conseguimos con aportaciones y mejoras como la idea del programa de bolsillo, que fue otro "invento" mío técnicamante muy complicado de hacer. Ofrecimos de regalo si ganábamos 10.000 ejemplares en miniatura que cabían en un paquete de tabaco y la aceptación del público fue tan contundente que en los años siguientes el concurso ya exigía la fabricación de un número creciente de programas de bolsillo: mientras la tirada de los grandes se reducía, la de los pequeños aumentaba hasta doblar en número a sus hermanos mayores.
El último concurso del programa que ganamos de forma consecutiva fue en el año 2005, con Eduardo Francés en el IMC. Era lo único que podíamos ganar entre los concursos municipales porque la decisión dependía de las cajas: ya hacía un año que Javier Lacalle había dado orden de boicotear a SIC, instrucción reforzada después por haber osado denunciar ante los tribunales la que juzgamos vergonzosa y corrupta adjudicación de la revista Plaza Mayor a la empresa que hace el periódico Gente.
SIC no ganó al año siguiente porque dos de sus integrantes se desvincularon a tiempo de la empresa para evitar las represalias municipales, que desde aquella fecha sufro en solitario. En una operación premeditada al sol de las piscinas de la Deportiva, tres mujeres –una concejala, una técnico y una advenediza– pactaron la manera de quitarnos de en medio, restringiendo a cuatro determinadas agencias –ninguna la nuestra, claro– la invitación para participar. Desde aquella fecha el programa se adjudica a la empresa entonces creada Biados, que ha aprovechado ideas, estéticas, recursos y todo el "know how" procedente de SIC para realizarlo, con movimientos nada elegantes y dolorosos de contemplar para el que suscribe, que alguna vez llegó a creer en la integridad de ciertas personas. Siempre he sido un poco iluso.
A pesar de mis protestas y clamores en el desierto de la justicia sólo me ha quedado disfrutar con dos cosas: la primera, que los programas hechos por Biados tienen muchas más erratas y errores y, la segunda, que son incapaces de hacer el programa pequeño verdaderamente pequeño, un secreto editorial que poseo porque sé dónde están las máquinas que en España pueden hacerlo. El que roba al maestro siempre pierde alguna tiza, ex colegas.
Pero quiero volver al producto del año pasado, el de la peregrinación de la dimitida Sole, que se quedó sola con 40.000 programas sin vender, impresos y encuadernados a lo caro, diez toneladas de papel con tinta para reciclar (y malamente, porque iban plastificados) que le amargaron a la mujer las fiestas. El sanedrín de la Deportiva había ideado cobrar un euro por un producto que los burgaleses reclaman gratis y que pueden conseguir de esa forma gracias a programas con publicidad de iniciativas privadas, algunos de ellos con anuncios caros del Ayuntamiento y mamadas entrevistas con el alcalde.
El del año pasado resultó un bonito producto que en absoluto era un programa tal y como la gente lo entiende, porque adolecía de demasiado serio para ser festivo y era excesivamente sutil en el lujo que gastaba, un error de concepto que la concejala y otros ignorantes trataron de justificar echando la culpa de ese fracaso al programa de fiestas que habíamos distribuido nosotros –los otros siete de carácter privado eran, al parecer, inocentes–, con 50.000 ejemplares buzoneados gratuitamente y pagados con publicidad. Curiosamente, gracias a nuestra iniciativa los coleccionistas pueden dar continuidad al formato que se impuso en 2002: dimos un buen servicio a los ciudadanos, pero no esperamos que el IMC nos dé las gracias porque lo más benévolo que nos han llamado ha sido "insolidarios". Los puestos de trabajo que SIC ha perdido desde 2005, en este camino de acoso y derribo ejecutado por la gentuza fascistoide que nos boicotea, están en la cuenta de la "solidaridad" de políticos y técnicos corruptos que tienen en mi cabeza nombres y apellidos.
Resuelto este necesario "flash-back" me centraré en el programa de este año. Curiosidad: no ha habido concurso y así me lo confirma la asociación de diseñadores gráficos burgaleses, Crea, a través de su presidenta. Lo crea o no lo crea, el diseño del programa está firmado por Biados y el diseñador que lo diseña sigue siendo un gran arreglista de exteriores aunque por el interior ande un tanto confuso y tropezado, es lo que tiene el alma cuando se desordena. Técnica y estéticamente pocos reproches; en su producción hay detalles que mueven mi ánimo en diferentes sentidos, no en vano soy un profundo conocedor y estudioso del tema. Me parece fatal que la explotación editorial y publicitaria la haya llevado una empresa de Galicia, habiendo como hay magníficas agencias en la capital y tanta crisis aborigen, pero me parece muy bien que vuelva a ser gratuito y que el programa grande retorne a ese formato elegante y juguetón que permite lucirse en el diseño. Del pequeño no digo nada más que yo lo sé hacer verdaderamente "de bolsillo".
Como el lector habrá notado mi necesidad de desahogo en un tema que me ha hecho sufrir bastante, no le aburriré mucho más comentando los contenidos de las fiestas, porque la programación se resume en pocas palabras. Las fiestas de Burgos, lo queramos o no, son mediocres porque lo son quienes las preparan y eso tiene poco arreglo, a no ser que cuatro o cinco culos dejen de hollar las sillas que pagan los ciudadanos. Con esta perspectiva no es extraño que mucha gente aproveche para irse una semanita de vacaciones en estos días tan largos y tan poco divertidos si para ti la diversión es otra cosa. Me permito recomendar vivamente disfrutar de las fiestas de San Juan en Soria, que empiezan en nada, si alguien quiere experimentar lo que es divertirse entre vecinos sin gastar un millón de euros del erario.
Ah, y para 2016, lo mejor: los euros de los pañuelos, a uno la pieza, se irán a alimentar con mucha solidaridad los sueldos de cuatro señores que están pensando en cómo pensar cosas para que la gente piense que eso va en serio. Porque lo que es la aportación de nuestras fiestas a la Cultura es para llegar camino de Europa hasta Tardajos, poco más o menos.
Me parece que un político no debe -en principio- aceptar las denuncias como acusaciones particulares sino derivadas del ejercicio de su cargo, correspondiendo al juez dictaminar según proceda. Dicho lo cual, su actitud resulta de poca valía, mezquina y poco inteligente, pues un político que se precie no puede desdeñar una propuesta económica, aceptable y popular, tiene que escuchar mucho y gestionar con las mangas abiertas. Todo no es rojo ni azul. Aquel que no piensa como yo, no tiene por qué estar contra mí y además, aceptar la crítica enriquece y puede simbolizar el pensamiento generalizado de la población que se gobierna.
Olé, olé y olé. Oooooole.
¡Venga ya, Sr. Director! No lo puedo creer. ¿Estas cosas pasan en la "muy noble y leal" ciudad?. ¡En fin!. Le propongo una solución ¿inteligente y creativa?: cómpreles trajes de sastre, haga "donaciones" al partido y susúrreles al oído que les quiere un "güevo" y...¡adjudicado!. Éso sí, habrá de tornar a "rosita" ese pensamiento tan rojo.
Lo que no entiendo es cómo esto no merece una explicación pública por parte de las personas e instituciones citadas, para negarlo, matizarlo o confirmarlo.
Hola Pablo: Esta bien lo de desahogarse en los tiempos que corren el psicólogo esta muy caro. Además uno se queda como Dios, sumado a las pelas que te ahorras. El fondo de tu entrada esta claro, conmigo o sin mi. Lamentablemente. Así parece que funciona esto. ¡¡ Que de cosas nos cuentas chiquillo¡¡ Saludos Fuen
Buenos días, Pablo Miguel Simón: ¡Cuántos disgustos te ahorrarías pasando de todo!. Claro que, va implícito en la condición de cada uno, ser como se es. El disfrute, cuando se consigue algo que ha costado tanto, también es mucho mayor. Y por encima de todo, están las propias convicciones. Aunque a veces sean, un poco, nuestras cárceles. Suerte y saludos.
Querida Bipolar, tu concepto de político es de cuento de hadas, pero debiera seer como dices. Reyes: al menos hasta ahora no han encontrado mi precio, aunque no pido tanto para quererles más, sólo transparencia e igualdad de oportunidades. Y que dejen de acosarme con tácticas mafiosas, que eso da bastante miedo. Pedro: las explicaciones están en los resultados de las urnas, no necesitan mayores argumentos. Fuen y Gelu, vuestros comentarios me llegan a emocionar, amortizan muchas cosas que es mejor olvidar y que se resisten a desaparecer. Entrañables gracias a todos.
Por cierto, he metido una foto que he hecho yo mismo (¡he sido capaz!) y que compara los tamaños de los programas "de bolsillo". A la izquierda del rotulador el de este año, a la derecha el que nosotros popularizamos entre 2002 y 2005. No sólo es más práctico, es también mucho más barato de producir el nuestro: concretamente, vale la mitad.
Las cosas bien hechas se notan a la legua, y no hay discusión posible. Desconocía que los programas de hace unos años eran obra tuya (vuestra), pero la verdad es que sin ánimo de peloteo ni nada parecido, se nota la diferencia. Vale que un programa tiene que ser vistoso, bonito y original, pero no por ello tiene que ser una cosa inmanejable, de tamaño periódico y con mucha paja. Recuerdo los programas minis de los que hablas, eran increíbles, si incluso me cabían en la carterilla enana que suelo llevar.... que luego tampoco es que lo utilizara excesivamente, pero sabía que lo llevaba encima, que no me molestaba y que lo podía consultar si era menester. En definitiva: se nota.
Sr. Director: "al menos hasta ahora no han encontrado mi precio". ¡Usted no se entera, o no me entero yo!. Deduzco, sin mucho esfuerzo, que lo ha pagado ya. Le falta, todavía, el "recargo". (¡Saludos al personal, "agradecidos", de Promecal!)
No hay nada que me fastidie más que esa tendencia atávica de muchos políticos (los "nuestros") de no escoger lo mejor, sino lo que interesa más a sus intereses, al margen de la calidad y de hacer las cosas bien. En otro orden de cosas, a mí los Sampedros me estomagan. No puedo con ellos. No sé si es que no soy mucho de fiestas, que puede ser, o no me gustan ESTAS fiestas.

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