
En el recorrido hasta la oficina he sentido que el suelo me atraía con fuerza inusitada y me obligaba a un sobreesfuerzo parecido al de arrastrar las botas llenas de barro; cualquiera que haya jugado al fútbol sobre un lodazal sabe de qué hablo. He llegado agotado a la puerta y se me ha caído el manojo de llaves, porque los dedos sucumbían al peso descomunal de esos metales que parecen haber alterado en mi ausencia su número atómico. He abierto la puerta de rodillas y me he arrastrado hasta la pantalla; sin fuerza para más, me he desmayado con los primeros destellos de inicio.
Seis horas después, el peso de mi cuerpo sigue en Júpiter, a pesar de que la báscula me haya dicho lo de siempre, kilo arriba o abajo. Veo la montaña de periódicos por leer, el correo sin abrir, los asuntos pendientes... Creo que el sillón se va a desintegrar, así que me quedo en el suelo antes de desmayarme otra vez.
En sueños floto en el espacio. Soy tan ligero que he de tener cuidado con los movimientos, pues un simple estornudo puede alejarme años luz más allá del lugar que ocupo. Escucho el rumor de las Perséidas y juego a pedir mil deseos fugaces que empañen dos o tres deseos imposibles. Así estoy muy a gusto, en el silencio que no comprendo y por el que no pregunto. Así no peso.
Algo ha debido ir mal, de pronto ha cruzado ante mis ojos el Apolo XIII con los intermintentes encendidos y he despertado por exceso de anacronismo. He trepado al sillón y apretado las teclas con la sensación de haber escalado una montaña: el viento sopla bastante frío y si miras abajo da mucho vértigo, pero ya no hay remedio: cueste lo que cueste hay que moverse o la gravedad acabará por engullirme.
El "campo magnético", lo llamamos los ciclistas... Nos sucede cuando rodamos por los parajes que circundan tu pueblo y por los que no hay manera de rodar en plano. Obsérvese que a unos afecta más que a otros... (suele depender de la cantidad de chuletas ingeridas o de la cantidad de días de vacaciones disfrutados). Saludos y wellcome back!
Que la fuerza te acompañe en el regreso. Síndrome postvacacional lo llaman...
Me ha encantado la manera de describir tu paseo hasta la oficina, cuando has caído las llaves al suelo, me recuerdas a cuando las caigo yo tantas veces que parece que pesan una tonelada jaja. Ojala flotaramos todos como si estuviéramos en el espacio, como si fuéramos como una pluma de ligeros, a veces, me siento demasiado pesada y mucho más con el calor jaja. Un beso.
Hay que ver cómo ha venido usted del sur de la cuestión. Ánimo y que la gravedad no sea tan grave.
Muy Buena exposición la tuya… todos volvemos así de las vacaciones.Solo tómalo con calma… BIENVENIDO… al mundo real, del diario vivir … Buen comienzo…. ¡!! Besitos. Silvi.
El shock emocional es muy fuerte pero pasará. Las primeras horas son cruciales. Poco a poco, las Perseidas dejan de oscilar en el póster de la habitación. Ya no se mueven...
Insoportable: la levedad (del ser) y la gravedad (de estar). Menos mal que, "sólo", es una cuestión de susceptibilidad.

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