
Hay mañanas en que no importaría el anuncio de una revolución sangrienta a las puertas de casa, uno podría echar mano de ese rifle automático y su canana para salir al monte con la sensación de la presa en los colmilllos. Ver cómo ese lobo de ayer se convierte en corderillo y suplica inútilmente por su vida no tiene precio ni se paga con tarjeta. Acabar con ése y unos cuantos más sería una fiesta para el instinto, todo fuera por la selección natural...
Hay tardes en que no importaría descubrir al prójimo, tratar de ponerse el traje de su vida y salir a la calle a vivir por los otros. Uno podría acercarse a los nuevos sabores, gozar de colores no imaginados que moran en las mentes de los que están al otro lado, que son también nosotros. La orgía del conocimiento daría lustre al orgullo de especie, en un viaje continuo de perfección y equilibrio...
Hay noches en que no importaría saber quién es uno mismo, el depredador que olfatea yugulares enemigas o el contemplativo admirador de la especie. Suerte que a esa hora no tengo hambre y estoy tan cansado que duermo pronto a pierna suelta, de otro modo amanecería devorado por los razonamientos.
Es terrible no saber quiénes somos en realidad. Me ha gustado mucho este relato de ciencia ficción.
A veces todo parece demasiado tranquilo para lo que está lloviendo.
Hay mañanas, tardes y noches que conforman el gran milagro: el dia, la vida. Y es imposible percatarse del conjunto, solo percibimos jirones sueltos
Como que no lo sabemos? Ahi estan los de Atapuerca para decirnos que compartimos un 99% de nuestros genes con los del chimpancé y también muchos aspectos de su comportamiento como la territorialidad, la jerarquía, el liderazgo o el sexo, sin embargo la cultura tan sofisticada que tenemos enmascara todas esas características Bermúdez de Castro sostiene que la evolución biológica ha seguido su ritmo, mientras la tecnológica ha ido más deprisa. «El problema es que esta evolución cultura o tecnológica todavía no la controlamos bien porque no hemos tenido tiempo de evolucionar tan rápido»
Jajajaja...Miguel, me encanto. A veces infierno, otras veces cielo.Hombre,naturaleza pura.Muy Bueno.Besitos.
Eso que usted tan bien cuenta a todo el mundo nos pasa, aunque uno es más de motosierra. Un abrazo.

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