El ridículo capitalista que estamos viviendo debiera provocar una buena reflexión globalizada sobre cómo queremos que se gestionen los recursos mundiales. Las vergüenzas de un sistema basado en la explotación del hombre y el prestigio de la usura ponen en riesgo la supervivencia de los más débiles, mientras quienes han estado manejando el cajón y han sacado beneficios a manos llenas esperan que el sacrificio del pobre rescate el sistema.
No encontrarán los dirigentes del mundo momento mejor para poner coto a la dictadura monetaria y agarrar el cajón con el fin de gestionar su reparto de forma meditada y solidaria, aunque no creo que estén por esa labor. Todo lo más, alguna cataplasma financiera que maquille los mercados y arroje la basura sobre el estercolero del Tercer mundo, exagerando la desproporción de la riqueza y provocando muertos y más muertos en donde reina la miseria.
El fracaso del sistema capitalista siempre es predecible: cualquiera que haya jugado al Monopoly durante horas seguidas comprueba que al final gana la banca, o el jugador que se convierte en banca, mientras los demás se quedan sin un mal billetito de papel con que sobrevivir jugando. El capitalismo es un juego de aniquilación del contrario y tarde o temprano tiene un fin similar, a no ser que los jugadores expulsados convenzan u obliguen al acaparador a realizar un reparto equitativo para partir de cero. Seguir jugando requiere de una revolución, violenta o no, pero capaz de regresar al plano de la justicia social.
Nunca lo había visto así, pero suena a cierto lo que comentas de "que el capitalismo es un juego de aniquilación del contrario".
Señor, lo de la revolución suena a opereta. De los sesenta a acá el poder ha dejado los cerebros muy bien lavaditos, estamos listos si nos fiamos del pueblo porque defenderá la voz de su amo. La justicia es una utopía, no se canse.

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