Estas muertes nos enfrentan con muchas contradicciones. Lo mejor para estos muchachos: que allí no hagan nada de lo que tengan que arrepentirse y que vuelvan sanos y salvos.
Yo perdí a un amigo. El comandante Jose Ramón Solar iba en el célebre Yakolev que se estrelló en Turquía y que le traía de regreso de Afganistán. Pertenecía al SERRES , un cuerpo militar cuya función es organizar el ocio y el tiempo libre de los soldados. ¿Qué cojones pintan nuestras tropas en Irak y Afganistán? Que no me vengan con la milonga de las razones humanitarias, ni tampoco que están para restablecer la paz en la zona o para evitar que aquellos energúmenos se hagan daño. Si por esos motivos fuera, deberíamos estar presentes en la mitad de los países del mundo. No. Nuestros hijos y amigos siguen muriendo en Irak y Afganistan para que España pueda cumplir los demenciales compromisos que contrajo Aznar con Bush y Blair y que, ni siquiera ahora, Zapatero tiene los huevos de romper. Ojo, y todo esto sin despreciar un ápice la labor que el Ejército Español hace fuera de nuestras fronteras. No hace mucho, un teniente coronel del Servicio de Inteligencia que había estado destinado en Irak, me decía: "Nuestro ejército jamás debió ir a Irak, y menos por los motivos que lo hizo. Pero ahora tampoco puede irse de alli porque somos los únicos que estamos desarrollando una verdadera labor de ayuda y soporte a la población civil, y eso es algo que nadie sabe porque allí no va nadie: ni los políticos, ni los medios de comunicación”. Me parece bien y me enorgullece. Pero igual estamos perdiendo de vista que un ejército no es una ONG, y que si los ejércitos pierden la función para la que fueron creados, igual es mejor disolverlos y cumplir el viejo sueño de la paz.
Como de costumbre, vuestras palabras silencian las mías. Gracias, amigos.

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