A estas horas de la tarde, una veintena de burgaleses disfruta del enamorado encanto de París, esa ciudad –oh, la, la– tan llena de luz y de franceses. Han viajado desde el aeropuerto de Burgos invitados por el Ayuntamiento, con un programa que incluye visitas guiadas, tiempo libre para el esparcimiento y una sensacional cena sobre el Sena (señoritos, a senaaar) a bordo de tipique bateau-mouche, esas gabarras que pasan bajo los puentes repletos de besucones.
El propio alcalde es uno de los beneficiarios del viaje. Hasta donde alcanza nuestra información, del Ayuntamiento acuden además a estas minivacaciones galas el jefe de prensa, PP Domarco, y la jefa de gabinete del alcalde, pero seguramente haya alguno más. El resto son periodistas de diferentes medios de comunicación, invitados oficialmente por el Consistorio, que de nuevo se ha olvidado oficialmente de la existencia de este medio y no nos ha mandado invitación. Al enemigo, ni agua.
No nos molesta quedarnos sin ir a París. Ya lo conocemos y, si queremos darnos el lujo, lo pagamos de nuestro bolsillo y no del de los contribuyentes, que es lo correcto. Lo que sí huele mal es que todas estas cosas se hagan de tapadillo, da la sensación de que nuevamente se premia a los "buenos" y que la austeridad municipal tiene sus prioridades. No tener ni el detalle de enviar la invitación es una desconsideración palmaria que esconde el verdadero fin del viaje "institucional", que no es otro diferente al de afianzar la doctrina y asegurar, por si no lo estaba ya, una predisposición de los agraciados a ser buenos chicos.
Nuestras fuentes no han sabido precisar si en el trayecto se ha cantado "Qué buenas son, las hermanas aparicias, qué buenas son que nos llevan de excursión", pero seguro que algún cante ha habido. A nosotros, fieles al espíritu de vigilar las cuentas, nos sale que la estancia en hotel céntrico (dos noches), desplazamiento y manutención del grupo puede costar la friolera de 30.000 euros. Luego resulta que estamos ahogados de liquidez y es por culpa de la crisis.
No sé por qué se me viene a la cabeza la imagen del alcalde, con sombrero y bastón a lo Fred Astaire, cantando para los informadores aquella de la Orquesta Mondragón que da título a esta entrada y, hay que ver qué vena tiene el tío, dejando en feo sus desternillantes apariciones en programas de humor. A ver, ahora todos juntos: Viaja con nosotros a cualquier lugar, luego lo que cuentes, nos ha de gustar... ¡Esas palmas!
Pues yo me alegro un montón de que no me hayan invitado, porque me da horror volar y menos en un avión tan pequeño con PP Domarco con lo que pesa; y porque París ya no es lo que era cuando podías escuchar a Art Blakey en el Club Sant Germain. Es más: salir de casa es un disparate. He dicho.
¡Hombre! Si invitaran a centollos no te diría yo que no; todos tenemos un precio en centollos.
Crisis...¿¿ QUE COÑO CRISIS ??

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