
Perdone el lector mi reciente inconstancia, la gravedad de que hablaba en la entrada anterior acabó fagocitando muchos de mis recursos habituales, así que no tuve más remedio que prolongar las vacaciones por razones terapéuticas, tratamiento que yo mismo prescribí de forma preventiva. Podría decir que he pasado diez días en los subterráneos del ser y al salir a la superficie encuentro el ser o no ser de los subterráneos en la ciudad, así que me he puesto la lámpara de carburo y vuelvo a picar al son de "Soy minero".
La Junta de Castilla y León, esta vez haciendo gala de un acertado criterio, ha echado abajo el proyecto del Ayuntamiento de Burgos por el que se pretendía construir un aparcamiento subterráneo en la falda del Castillo. Elementales razones de corte patrimonial y arqueológico apuntalan la decisión y dejan un mal regusto en los alcaldes de agosto, el titular y los tres en funciones, a los que les ha salido otra gamba podrida en el jugoso plato de las infraestructuras.
Primero fue San Agustín, luego Eladio Perlado. De los tres grandes aparcamientos proyectados en la primera legislatura de Aparicio sólo se hizo el de Virgen del Manzano bajo una lluvia de firmas y piedras, convirtiendo a vecinos en carne de banquillo y demostrando la escasa magnanimidad de un tipo que va de excelentísimo. Ahora hasta el proyecto de Lavaderos se cae por no encontrar constructora que se enamore.
La gestión del gasto municipal, también en los aparcamientos, camina por otros subterráneos ocultos para los de a pie, quienes poco nos enteramos de la manada de billetes que se desboca hacia el manantial de los proyectos y las compensaciones a empresas adjudicatarias supuestamente perjudicadas. Eso sin contar los sobrecostes previos y postreros de casos como la Plaza Mayor, donde hasta el rey se quedó sin pólvora.
Será que en los subterráneos se enredan múltiples galerías donde encontrar raíces para devorar, con la colaboración de varias especies de topos y todo tipo de gusanos que comparten el festín. Sólo desde el poder es posible acceder a esas catacumbas donde se corrompe lo que antaño fue gloria.

Otra vez se ha lanzado a volar el globo sonda que predice la zona azul para Gamonal, barrio donde la doble fila es como comprar el pan, lo haces todos los días y a veces necesitas dos barras. Que en Gamonal no hay sitio para aparcar ya lo sabemos, pero tampoco es que se hayan buscado soluciones más allá de cabrear a los vecinos con actos prepotentes, nocturnos y –que se lo pregunten a los encausados– alevosos.
Lo de la O.R.A. es para cabrearse, en eso estoy de acuerdo con Fernando Portillo. Lejos de perseguir la regulación de los aparcamientos para procurar satisfacción al ciudadano se plantea como un mecanismo recaudador de primer orden del que echa mano el Ayuntamiento para tapar todo tipo de agujeros.
Cuando los agujeros son grandes hay que hacer más caja, así que los controladores te multan a las 16:02 con 60 euros por los dos minutos que chiva un reloj del que no sé por qué hemos de fiarnos. Como me pasó a mí, sé que no es mentira ese celo del "gusano" que lo perpetró, como tampoco es mentira que, reclamado el hecho con adecuado recurso, el Ayuntamiento me conteste lo que no he preguntado para darse la razón a sí mismo.
Como no queda más que el recurso ante el Contencioso (juicios tengas y los ganes, decía la maldición gitana) muchos pobres contribuyentes acaban atribulados pasando por la piedra o siendo expoliados en la intimidad de su cartilla de ahorros vía ejecutiva. Así que cuando veo cosas raras, como la bula de que goza un coche que suele estar estacionado en mi calle, y al que nunca le ponen el abominable tique después de comprobar que no hay papelito de la máquina expendedora, me siento atracado.
Luego dicen que los controladores de la O.R.A. están legitimados para denunciar. Lo dicen y mienten, pues hay sentencias a porrillo dictando lo contrario. Y es lógico, porque de ellos no sabemos nada de su preparación, su organización o sus normas de estilo y no pueden compararse a policías de uniforme. Tanta autoridad en inadecuadas manos puede generar todo tipo de comportamientos irregulares y mafiosos. De hecho, los genera.

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