
El tiempo pasa que ni te lo crees. Parece que fue ayer la entrega de premios del pasado certamen y ya está aquí una nueva edición (la cuarta) del concurso de microrrelatos de Bardeblás, ese bar tan necesario de la calle La Puebla donde tanto me gusta encontrar a Richi y Álex; o a Bea, que siempre tiene la sonrisa a punto.
Ya es relevante que un café modesto corra con los gastos de un certamen con un presupuesto que no es manco, lo que siempre es de alabar y más teniendo en cuenta que el apoyo institucional es nulo o casi inexistente. Perpetuarse en la intención es salvar la amenazada especie de los bares culturales, que tanto brillaron en los ochenta porque devenía en rentable y que hoy parece cosa de romanticismo desvelado.
Por si fuera poco, este concurso cuenta con el boicot airado y lamentable de Diario de Burgos, que se niega a dar información del mismo porque un día pasó por allí Raúl Briongos a decir que si no se suscribian al catecismo burgorreinante iban a pasar al ostracismo informativo ( http://www.lapalabradigital.es/blogs/director/506/microrretrato.php ). Vaya si pasaron, que desde entonces ni una sola de las actividades que Bardeblás programa (varias por semana) ha contado con media línea impresa en ese periódico. Si será Burgos como es, que el artífice de aquella sentencia accedió a la dirección del periódico –no podían pensar en mejor cancerbero– mientras en Bardeblás se ha notado como nunca la falta de difusión en las ventas del libro recopilatorio, agotado en anteriores ediciones y que se sigue vendiendo por el precio de ¡tres euros! Sólo ese dato ya daría para una noticia jugosa y publicable, entre tantos ladrillos como fabrican.
No podía faltar mi granito de arena para animar a tomar parte en este concurso, gracias al cual centenares de escritores habituales o casuales han visto publicados sus pequeños relatos en un libro. Por encima de la anécdota de quién consiga premio económico (este año también hay una cena para el relato más divertido), el galardón de figurar en el índice entre otros cien ocurrentes juntaletras ya es conquistar algo de posteridad. Pero me daría mucha alegría si me cuentan que este año, a pesar de no aparecer en Diario de Burgos, aumenta la participación: las pequeñas victorias de la modestia tienen algo muy bello que siempre es celebrable.
Lo mejor del género, sin duda, es que es asequible para cualquiera, algo que no ocurre con la novela o con un simple cuento. Siguiendo la estela del dinosaurio pueden surgir las palabras precisas para provocar esa breve chispa literaria que no es necesario mantener alimentada: todo el mundo puede jugar a ser escritor con serias posibilidades de ganar algo, aunque sólo sea pasar un rato entretenido.
( Bases en www.bardeblas.com )

A veces pasan ventoleras por encima de tus planes y se llevan las previsiones como hojas de otoño. Quería haber hablado del rock gótico antes de la sesión de ayer en Bardeblás, pero la cosa se lió bastante por la complejidad de conseguir que una mesa de sonido un tanto mercenaria y un ordenador destinado a grabar de ella fueran compatibles. Al final me fui para el bar olvidando algunos discos que tenía preparados y sin haber podido sentarme a escribir una previa.
A pesar de las dificultades con el sonido y las limitaciones propias del entorno, he de decir que lo pasé en grande. Algunas veces me doy el gustazo de poner música para el personal, pero desde que dejé de trabajar en los bares allá por el 89 no es habitual, así que la preparación me lleva mucho tiempo pero me da la oportunidad de ordenar mi discografía, que reviso entera en busca de canciones oportunas. Como perdí algunos trenes con novedades he de ceñirme a mis conocimientos y al fondo de armario, que tienen su núcleo en los años ochenta y cubren un buen espectro de los sesenta, los setenta y los noventa.
Es por eso que me gusta preparar audiciones temáticas, condicionar un tanto el libre albedrío de poner lo que apetezca a un determinado señuelo unificador. Comencé haciendo una de "chicas del rock", muy oportuna en los ochos de marzo, pero la del rock gótico es muy jugosa, tal vez porque milité activamente entre los incondicionales de Bauhaus y Joy Division en los albores de los ochenta y quedé entusiasmado con sus secuelas.
El rock gótico, como el propio estilo artístico en arquitectura o pintura, despliega un gran abanico de matices dependiendo de los artistas y sus vinculaciones con tales o cuales ramificaciones del rock, del lugar donde se genera, etc. En contra de lo que se puede imaginar, no se centra exclusivamente en la sangre, el terror o la muerte, aunque esas ideas flotan siempre por aquí y por allá en construcciones sonoras que van en un plis plas de la sugerencia al cataclismo. Su sonido es capaz de llegar más adentro del alma porque busca frecuentemente la emoción con todo tipo de recursos de corte romántico, generando escenarios sonoros que pueden apelar a la épica, la aventura, el rito, la oración... Es, casi siempre, muy solemne.
Tuve cuidado de respetar lo académico, y sobre la medianoche sonaron los "clásicos" del estilo: Las citadas referencias dinosaurias y sus proles –Peter Murphy, Love & Rockets, New Order– y la consumación del género con lo más emblemático de Sisters of Mercy. De ahí a Echo & The Bunnymen y similares épicas, con trozos de The Cure, Siouxie, Simple Minds, The Cult o The Jesus & Mary Chain en sus tiempos mozos. Y es que los ochenta fueron una barbaridad, bien lo saben en Blogochentaburgos.
Con anterioridad había abierto boca con algunos "ancestros" del estilo como Bowie o The Stranglers, junto a rarezas de aquí y de allá. Asi que sobre la una de la madrugada fui dando pista a lo menos conocido y a lo más moderno, tratando de repasar las numerosas variantes que se acogen al paraguas del género. Christian Death, Jesus on Extasy, Bella Morte, Camouflage, Red Flag, London After Midnight, Cinema Strange, The 69 Eyes, The Cruxshadows... Al final, para ayudar a que el local fuera vaciándose (los últimos se fueron sobre las tres y media) hice un repaso por grandes temas que firmaron en sus días Nick Cave, Gene Loves Jezebel, Psychedellic Furs, Ministry, Tones on Tail, Mazzy Star, Sugarcubes, This Mortal Coil, Cocteau Twins...
Ya sé, ya sé, no he citado a ningún español. La verdad es que no hay mucho donde escoger, pero sí pinché Parálisis Permanente ("Quiero ser beata" y "Autosuficiencia") y el "No más lágrimas" de Héroes del Silencio. He de decir que en seis horas no da tiempo a todo lo que uno imagina que puede poner, pero mi satisfacción se sobrepuso sin paliativos a los problemas técnicos de la tarde, así que ya tengo ganas de preparar una nueva sesión temática, dudo si dedicarla al tecno o al rock californiano. Admito sugerencias.
Otra alegría más: el cartel lo hizo mi hija. Cuando me dijo Álex que le habían pedido copias y se las llevaban de la puerta tuve que echar mano del pañuelo para secar la baba.

Gracias al Cebolla Cebolla podemos conocer la triste suerte de un jardinero que ha quedado "en estado vegetal", un caso de "siniestralidad laboral" que compite con otras noticias de indudable interés... compuesto: "La DGT prepara un plan de choque contra los accidentes de tráfico˝, "Los reos de la silla eléctrica podrán elegir con qué compañía eléctrica quieren electrocutarse", o "Malestar en México en el Día Mundial sin Tabasco". No tienen desperdicio las crónicas de Catherine Panceta Jones, de Conchi Nillo, de Jaime Pelmafiel o de Jacinta de Lomo, que conviven con la publicidad del "Banco Copular" o con la sesuda pregunta de alcance inmediato: "¿A qué huelen los pedos después de comer en el Bulli?".
Toda esta delirante demostración de desenfado da para pasar un rato estupendo en la barra del Bardeblás, o en casa, porque el fanzine Cebolla Cebolla te lo puedes llevar por "la voluntá", es decir, gratis. En los primeros tiempos de la publicación no sólo no costaba dinero, sino que cada ejemplar llevaba pegado con cinta adhesiva diez centimillos de peseta (nada de antiguas, las pesetas son pesetas y los doblones, doblones). La genialidad del Cebolla empezó en el Bar Pirata bajo el auspicio de Álex, uno de esos tipos por los que merece la pena regresar a esta ciudad y que me precio de contar entre los mejores amigos, como se precian cientos de personas que a lo largo de muchos años han pasado por las barras donde ha trabajado. Hoy es uno de los rersponsables de Bardeblás, donde comparte el timón con Richi para sacar el jugo a los mejores frutos culturales fuera de circuito.
Conociendo a Álex no me parece tan extraño, pero el hecho de conservar para la era digital la estética y los planteamientos más puros del arte del fanzine me parece hoy tan protegible como cualquier labor digna de estudio antropológico. La tecnología moderna permite mejores resultados de composición y de impresión por el mismo precio, pero de contar con esos cuidados el fanzine ya no sería fanzine. El Cebolla Cebolla es, por eso, una reliquia que me encanta reencontrar de cuando en cuando: siempre con sorpresa, pues la periodicidad de tan divertida publicación es "cuando se puede".
El Cebolla Cebolla más reciente dedica su portada a la Gripe A con el saludo de los amigos de Bugs Bunny, a quienes se coloca una prudente mascarilla que esconde su hilaridad; tan sólo Porky no la usa y ríe ostentosamente. Al pie reivindica la longevidad (años: ni lo sé; números: ni me importa) del medio, que no tiene ninguna vocación de ser entero. Son doce páginas de peso ligero que, al contrario de lo que ocurre con esa hortaliza cuando se pela, causan sonrisas. Y en los tiempos que corren sonreír es un artículo de primera necesidad.

Tengo un amigo que no sabe estar callado. Por si acaso, nunca le cuento lo que no quiero que se sepa, porque padece una suerte de enfermedad que le impide mantener un secreto y a veces la lía. Me encontré con él a la hora del vermú el pasado domingo y no tardó en largar lo que seguramente no debía, o sí debía, que en esto ya me pierdo. El caso es que me enteré.
Me contó que a la barra del Bardeblás –un local que estimo por muchísimos motivos, algún día le dedicaré una entrada cariñosa– había llegado un tipo diciendo que era el redactor jefe de Diario de Burgos. La lógica era pensar que se interesaba por el Certamen de Microrrelatos, que ya tiene repercusión nacional y va por su tercer libro colectivo, pero no: el sujeto se limitó a recriminar a uno de los propietarios por no haber encontrado entre los periódicos del bar la cabecera del antedicho rotativo.
Según mi amigo, los modos no fueron muy "comerciales", porque por lo visto a este personaje le había sentado mal encontrar allí El País, El Correo de Burgos y el Público. Como tengo el teléfono del bar, por ser continua fuente de noticias culturales, llamé para interesarme, pero no me dijeron mucho: únicamente que unos días después de aquella visita percibieron que sus convocatorias ya no se recogían en la agenda del Diario. No sólo eso, llamaron para ver qué ocurría y desde ese medio de comunicación les respondieron, seguramente algún becario o tal vez alguien que sufre la misma enfermedad de mi amigo, que por orden de Raúl Briongos –el redactor jefe– no se publicaría nada sobre Bardeblás mientras no se suscribieran al periódico.
Conteniendo mi asombro, pensé que sería un farol. Aunque esa actitud es suficientemente calificativa, no creí que el empecinamiento y la prepotencia pudieran subir más alto que la profesionalidad. Pero me equivocaba: ayer y hoy he desmenuzado Diario de Burgos sin encontrar ni una palabra sobre el acto de entrega de premios del Certamen de Microrrelatos, que fue anoche. Ni siquiera una previa en la agenda, donde se suelen anunciar no pocos actos pasmosamente triviales y tediosos. Qué menos.
Por sus obras los conoceréis, dice la curia en el nombre de Cristo, y a fe que es verdad. De Raúl Briongos ya tenía una opinión formada por otros motivos humanos y periodísticos, que entre cuatro gatos todos los bigotes acaban siendo conocidos; pero este despropósito garantiza la imposibilidad de que me caiga bien, a la vez que le asegura un brillante futuro en la empresa para la que trabaja. Toda una filosofía del periodismo microético, va a ser verdad que esa carrera no vale para nada.

Siento debilidad por las iniciativas que surgen espontáneamente, sin ningún impulso institucional, y que se convierten en un regalo para la ciudadanía. Quizá el recuerdo de aquella Factoría de Enormidades que impulsé con toneladas de combustible juvenil en los ochenta (he de hablar con Blog80Burgos de este tema, lo tengo pendiente) me haya dejado sensible el corazón para comprender mejor lo que cuesta hacer grandísimas cosas con el único pago de colmar la propia ilusión.
Ya se ha convocado el tercer certamen de microrrelatos que promueve Bardeblás, el local de la calle La Puebla que se ha erigido en referente cultural de la ciudad, porque siempre que pasas por allí se respira ese ambiente tan popular en otra época y que es capaz de reunir en torno a unos vasos a los jóvenes más inquietos con algunos "carrozas" de los no reductibles. Richi y Álex forman la pareja hostelerocultural perfecta para que el espíritu de Bardeblás se mantenga vivo y pujante, y uno de los jalones que pesan en la nutrida agenda de eventos es este original concurso en el que me honra tomar parte desde fuera, lo que por otro lado me impide participar como concursante.
Ya hemos hecho el diseño del cartel de este año y las bases estarán en Bardeblás desde esta misma noche. Imagino que pasará lo del año pasado, que se dobló la cifra de participantes, y estoy seguro de que el libro que recoja los cien mejores relatos a ojos del jurado volverá a ser un éxito destinado a agotarse. Por sus características, puede participar casi cualquiera, así que no hay excusas para no intentarlo. El plazo de presentación culmina el 30 de abril, pero mejor no dejarlo para el último día.

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