
Gracias al Cebolla Cebolla podemos conocer la triste suerte de un jardinero que ha quedado "en estado vegetal", un caso de "siniestralidad laboral" que compite con otras noticias de indudable interés... compuesto: "La DGT prepara un plan de choque contra los accidentes de tráfico˝, "Los reos de la silla eléctrica podrán elegir con qué compañía eléctrica quieren electrocutarse", o "Malestar en México en el Día Mundial sin Tabasco". No tienen desperdicio las crónicas de Catherine Panceta Jones, de Conchi Nillo, de Jaime Pelmafiel o de Jacinta de Lomo, que conviven con la publicidad del "Banco Copular" o con la sesuda pregunta de alcance inmediato: "¿A qué huelen los pedos después de comer en el Bulli?".
Toda esta delirante demostración de desenfado da para pasar un rato estupendo en la barra del Bardeblás, o en casa, porque el fanzine Cebolla Cebolla te lo puedes llevar por "la voluntá", es decir, gratis. En los primeros tiempos de la publicación no sólo no costaba dinero, sino que cada ejemplar llevaba pegado con cinta adhesiva diez centimillos de peseta (nada de antiguas, las pesetas son pesetas y los doblones, doblones). La genialidad del Cebolla empezó en el Bar Pirata bajo el auspicio de Álex, uno de esos tipos por los que merece la pena regresar a esta ciudad y que me precio de contar entre los mejores amigos, como se precian cientos de personas que a lo largo de muchos años han pasado por las barras donde ha trabajado. Hoy es uno de los rersponsables de Bardeblás, donde comparte el timón con Richi para sacar el jugo a los mejores frutos culturales fuera de circuito.
Conociendo a Álex no me parece tan extraño, pero el hecho de conservar para la era digital la estética y los planteamientos más puros del arte del fanzine me parece hoy tan protegible como cualquier labor digna de estudio antropológico. La tecnología moderna permite mejores resultados de composición y de impresión por el mismo precio, pero de contar con esos cuidados el fanzine ya no sería fanzine. El Cebolla Cebolla es, por eso, una reliquia que me encanta reencontrar de cuando en cuando: siempre con sorpresa, pues la periodicidad de tan divertida publicación es "cuando se puede".
El Cebolla Cebolla más reciente dedica su portada a la Gripe A con el saludo de los amigos de Bugs Bunny, a quienes se coloca una prudente mascarilla que esconde su hilaridad; tan sólo Porky no la usa y ríe ostentosamente. Al pie reivindica la longevidad (años: ni lo sé; números: ni me importa) del medio, que no tiene ninguna vocación de ser entero. Son doce páginas de peso ligero que, al contrario de lo que ocurre con esa hortaliza cuando se pela, causan sonrisas. Y en los tiempos que corren sonreír es un artículo de primera necesidad.

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