CRUZ ROJA
Martes, 7 de Febrero de 2012
La Palabra de Burgos
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Sarna con gusto

15-06-2009

Alármame sobremanera la capacidad de ciertos chorizos e indeseables para redimirse gracias a su popularidad. Las pasadas elecciones europeas –erecciones en el caso de Italia– son una buena muestra de que el electorado funciona con masificada idiotez, porque no concibo como inteligente que los mismos causantes de la crisis que nos ahoga arrasen en los resultados. La política económica que aplicará el Parlamento Europeo en los próximos años es la que interesa a los grandes bancos y a los potentados, que con su jeta almidonada han cobrado ya de los bienes públcos sin devolver al público nada más que males.

El permiso otorgado a la derecha europea para ejercer el capitalismo salvaje puede tener consecuencias nada halagüeñas para los más necesitados del mundo. Ahora que venía Obama a desatascar los desagües norteamericanos va Europa y le da un corte de mangas a las causas sociales, inundando el futuro de inmovilismo humanitario. Me decepciona sobremanera la sociedad encharcada en la que vivo y me entristece comprobar que la solución para la especie humana en clave de dignidad está tan cerca como en la Edad Media. El exceso de púlpito y el sustrato feudal siguen maniatando millones de conciencias.

La libertad y la igualdad en el mundo tienen muy poco futuro si la democracia sirve para lo que sirve en sitios como Italia, lo de Berlusconi y el Vaticano me pone sencillamente enfermo. Pero en España tenemos las suficientes podredumbres como para sacar pecho en la competición de la insensatez, con ejemplos como el de la Comunidad Valenciana y la demostración de cómo el populismo golea al razonamiento. Como pocos se preocupan de enseñar la Historia como se debe casi nadie recuerda que Hitler llegó al poder y lo ejerció con las mismas tácticas.

El logro más importante de la derecha es haber conseguido que el electorado piense que es rico y se plante en su estatus, convencido de que vive en el mejor de los mundos posibles y dando gracias a los que mandan por dejarles poseer un piso hipotecado, un coche familiar y un trabajo esclavizante. Los hay que dan su voto a los conservadores con menos argumentos, incluso desde la indigencia, fanáticos atizados por valores como la fe o la patria que suelen ser los que más vocean. Este gran electorado pobre –comparado con la gente a quien elige– es el responsable de un diseño social a todas luces explotador.

He notado la alegría de las huestes populares, la he notado mucho en Burgos, donde una vez más se ha demostrado mayor educación entre los que han perdido que entre los vencedores. No es extraño que no sepa ganar quien nunca supo perder. Hablando de estos temas con un vecino que aún recuerda la II República, me confesó que entonces circulaba entre los electores un consejo político que me sorprendió: "No votes a alguien más rico que tú". Me da a mí que en la actualidad casi ningún votante ha pensado en eso.

Votar en la distancia

18-04-2009

De los 300.000 burgaleses que tienen derecho a voto, más de 200.000 se quedarán sin expresar su voluntad en las próximas elecciones europeas. No es un caso particular, sino el resultado de aplicar las estadísticas que se barajan en las previsiones para un sufragio de poco interés entre la ciudadanía. La demostración más clara de que al ciudadano le preocupa más lo que tiene más cerca es el grado de participación –y el de abstención– en las elecciones municipales, autonómicas y generales. Europa queda lejos, aunque presumamos de ser los primeros europeos.

La metodología de nuestra democracia establece mucha distancia entre el acto de votar y la participación en los resultados, pues la combinación de criterios territoriales y fórmulas de reparto de escaños propicia la aniquilación de las minorías en favor de la tiránica preponderancia de la dualidad derecha/centro: la izquierda, en su sentido político, dejó de existir hace décadas como opción en la ideología de los partidos, digan lo que digan las siglas históricas. La verdadera izquierda, también a causa de su filosofía de la participación directa, ha perdido la batalla del poder porque en este juego su dado saca siempre el uno, mientras los grandes partidos sacan seis.

Es por ello que la composición de la masa abstencionista se nutre fundamentalmente de personas afines a la izquierda, a quienes el sistema decepciona cada día más. Condenados a su existencia silenciosa, conforman un colectivo numeroso pero disperso, incapaz por tanto de organizarse adecuadamente para optar a conseguir representación. Si eres de izquierda, gobierne quien gobierne siempre sufrirás las consecuencias de una política conservadora, como lo es la de Zapatero: aunque clamen los pregoneros de la moral no razonada y lo presenten como un demonio rojo, muy rojo, su política no pasa de ser una tímida socialdemocracia en un selvático entorno neoliberal. La banca siempre gana es el corolario inamovible.

La distancia es el mal de nuestra democracia, una enfermedad que ya puede contar con nuevas terapias, merced a los avances tecnológicos y la digitalización de nuestra burocracia. No es imposible propiciar la participación social continua, ejecutada de forma individual y en periodos cortos de tiempo; no es imposible desencorsetar las listas electorales ni sustituir las proporcionalidades diferidas por las directas, lo que sería muchísimo más justo; tampoco sería imposible censurar o retirar la confianza a los políticos que no cumplen con sus promesas de manera inmediata, sin esperar el ciclo de los cuatro años.

Pero aquí pasa como en el fútbol: con el dinero que mueve y la trascencencia social que representa, es muy bananero que no haya un sistema digital para controlar si el balón ha entrado o ha salido, o si existe fuera de juego: con unos chips en botas y balón, células fotoeléctricas y arbitrajes electrónicos se acabaría con la violencia en el fútbol. Existe el remedio, pero no se aplica porque no interesa a quienes viven de la putrefacción de este deporte y mueven el dinero con él. Del mismo modo, en política existen los tratamientos curativos, pero la farmacopea está hipotecada por el capital y a mucha distancia de generar salud.

BLOG DEL DIRECTORCV
PABLO MIGUEL SIMÓN
(Duruelo de la Sierra - Soria, 1961)

Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza (1984).

Fui fundador de la revista local Faztor y del colectivo cultural Factoría de Enormidades en 1987, colaborador en el suplemento Todomundo de Diario de Burgos y habitual guionista de programas musicales en Radiocadena Española y Radio Nacional de España (Radio 4) en los años ochenta.

En 1989 me incorporé como redactor a Diario 16 Burgos, donde coordiné la sección de Cultura y dirigí el suplemento Puntos de Vista 16.

En 1992 fui nombrado director del periódico quincenal La Prensa en el Aula, de distribución nacional.

Por encargo del Banco Central Hispano realicé en 1994 la adaptación de un centenar de cuentos infantiles publicados en edición limitada.

Ese mismo año participé en la creación del suplemento semanal infantil Vivo para Diario de Burgos, que supervisé durante 96 números.

Desde 1997 me dedico de lleno al mundo de las publicaciones y la publicidad y he dirigido la producción de obras editoriales como las unidades didácticas La Historia de Castilla y León y La Geografía de Castilla y León, editadas por la Fundación Villalar.

Fui fundador y primer director del gratuito La Palabra de Burgos (2006) y actualmente pongo todo mi ánimo en hacer de La Palabra Digital un espacio de comunicación moderno y necesario para los burgaleses de aquí y de allá.

Además de eso he sido pinche, botones, leñador, camarero, pinchadiscos, monitor, profesor, guionista, jefe de prensa y alguna cosa más. De todo ello he tratado de aprender algo.

Estoy casado y tengo una hija: para ella deseo un mundo más justo y por eso lucho cada día.
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