
Habrán de perdonarme los lectores que no haya encontrado tiempo estos últimos días para escribir más en este espacio: las semanas en que toca distribuir La Palabra de Burgos (un jueves sí y otro no) sufrimos todos los involucrados, que somos pocos pero con mucha capacidad de sufrimiento.
Perseguir la noticia es a veces más complicado de lo que se piensa. Desde el jueves pasado trabajamos en un tema que me parece trascendental y que el resto de los medios locales (a excepción de la Cadena Ser) han dejado pasar de largo sin hacer ruido. Se trata de las pretensiones de la Junta de Castilla y León para reformar los servicios que presta para la prevención y el tratamiento del cáncer, esa enfermedad que sólo con nombrarla produce un cambio de humor.
Resulta que un médico del hospital General Yagüe, Carlos García Girón, que es jefe del Servicio de Oncología Médica, ha protestado por lo que a la capital le va a tocar sufrir: la reducción de personal en el equipo y la merma del prestigio, ganado a pulso a lo largo de años de trabajo serio y dedicado, en favor del hospital Río Hortega de Valladolid. Este tema es el el que más relevancia adquiere en la edición en papel de La Palabra, porque pensamos como muchos ciudadanos que la salud es lo más importante.
De la reunión que han mantenido García Girón y Juan Vicente Herrera nada ha trascendido, a no ser un breve en Diario de Burgos en el que sólo se muestran las impresiones del presidente de la Junta, afirmando que ha "tomado nota". Nada del médico, incomprensiblemente.
Llevamos todo el día intentando hablar con Carlos García Girón, pero hablar con un médico a veces es más difícil que hacerlo con un ministro, tal es la protección que impone el gremio. Tras una docena de llamadas infructuosas me he personado en el hospital, pero ni siquiera. Ni se te ocurra preguntar quién le pasa los recados. Menos mal que el viaje no ha sido baldío, pues he aprovechado para visitar a nuestro querido Marcelino Orbés, que convalece de una intervención quirúrgica.
Marcelino me ha confesado que tiene unas ganas enormes de volver al blog, incluso lleva en la cabeza algunas entradas preparadas. El tiempo que ha de pasar aún hasta que sea posible se le hace eterno, pero le he visto con ganas. Ánimo, Marcelino, te esperamos.
De vuelta a la redacción he buscado otras fuentes para la noticia: no nos va a dar tiempo a encontrar al médico, pero los argumentos están muy claros y se hablará del tema aunque algunos no quieran. Para muestra, el botón de lo que será el editorial de La Palabra de Burgos el jueves. Me parece a mí que hay suficiente sustancia para el caldo:
"CON LA SALUD NO SE JUEGA
La Junta de Castilla y León planea dar un nuevo golpe a las prestaciones sanitarias de los burgaleses, de acuerdo a un plan que parece sustentarse en la intención de satisfacer las necesidades que reclaman los vecinos de Ávila, Soria, Miranda de Ebro, Aranda de Duero y el Bierzo. En vez de procurar que estas legítimas aspiraciones en puntos desasistidos de la Comunidad se cubran con más profesionales y mejores medios, se reestructura el personal existente, medio centenar de médicos, y se restan especialistas en servicios consolidados como el del Hospital General Yagüe. Como puede deducirse, esto no va precisamente a mejorar la larga espera que muchos pacientes deben aguardar para ser visitados o para someterse a pruebas e intervenciones que pueden resultar vitales en la consecución de un diagnóstico esperanzador. Por si fuera poco, la creación de la tercera Unidad de Consejo Genético en Valladolid restará capacidad operativa y recursos a las de Burgos y Salamanca, que llevan años trabajando con seriedad y adquiriendo un indudable prestigio. En el fondo del asunto, y en el caso particular de Burgos, los más avispados encuentran razones para pensar que la Junta opera de modo consciente de cara a rebajar el coste de las prestaciones hospitalarias en la capital burgalesa, con la mirada puesta en la rentabilidad del nuevo hospital privado. Mientras tanto, el modernísimo hospital público Río Hortega de Valladolid acapara los servicios de mayor relumbrón y que suponen más gasto público. Más al fondo todavía se encuentra la paradoja constitucional que equipara a los ciudadanos españoles en cuestión de derechos. La gestión sanitaria de las comunidades autónomas es dispar y muestra muchísimas diferencias que acentúan la desigualdad entre regiones. La nuestra, aunque nos pese, es de las peores en calidad asistencial, ¿alguien lo dudaba?".

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