
Me ha dicho un pajarillo de claro trino que esta mañana han andado por Burgos unos periodistas de Interviú y que no venían precisamente a interesarse por nuestras posibilidades de ser capitalidad europea. De hecho, ni se han enterado de que estamos en eso porque iban fijos fijos a saber de primera mano cosas de las gasolineras de aquí, que además de expedir gasolina suelen expeler indemnizaciones de las de rascarse el bolsillo.
Otra vez vamos a salir en los medios nacionales por algo que como burgaleses no nos va a gustar. Me imagino que las fotos que saquen del alcalde no se parecerán a las electorales y es una lástima, porque toda España con sus ciudades autónomas y sus islas va a ver una cara que aquí no nos atrevemos a mirar, tal es la adoración al ídolo que cayó de un ministerio por atreverse a iniciar una reforma laboral capaz de asustar a sus propios correligionarios.
Salir en Interviú y no cobrar por ello suele ser doloroso (a veces lo es hasta cobrando), por eso en el Ayuntamiento han decidido no rebajar el gasto corriente para poder hacer frente al presupuesto de analgésicos en cantidad suficiente. Dirá luego el alcalde que estas cosas son cuentos de los de fuera, que en casa los trapos sucios siempre han sido limpios por acto de fe y mira qué bien estamos sin que se enteren de lo que lavamos.
Me da que la edición en Burgos de ese número de Interviú se va a agotar. Si lo quieren leer díganle al quiosquero que se lo reserve, porque en estos casos hay gente comprando de treinta en treinta en cuanto abre el despacho de prensa, justo antes de la misa de ocho. A rezar se van luego con las revistas en una bolsa, contritos ante la duda de si será pecado mortal o venial irrumpir en sagrado con tantas tetas en la bolsa que, aunque no se vean, tetas son y a la carne hacen mención.

A la chita callando, o casi, progresa adecuadamente con buenos informes la evaluación de la gasolinera de Carrefour, que estará instalada si el alumno aprueba antes de que a Hipercor le dé tiempo a desembarcar con sus fardos de dura competencia. Todo va muy deprisa: se dice que en el Ayuntamiento las diferentes secciones trabajan al unísono (lo nunca visto) para acelerar la aprobación del proyecto. Más ahora, cuando un juez diligente podría dejar sin efecto la fórmula en la que se basa la licencia y dar con todo al traste. Pero si el juez se retrasa lo tendrá difícil para retrotraer los hechos consumados y el litigio se perderá en el infinito de los recursos. Otra victoria en los despachos.
La cosa tiene su miga, no sólo por la relación de ex ministros que vincula a Arias Salgado, el presidente en España de la cadena francesa tras ser artífice de la ley que permite vender gasolina en los hipermercados, con Juan Carlos Aparicio, algo que explicaría muchas diligencias, sino por el tejemaneje urdido para conseguir un objetivo que tiene detrás muchos millones de euros saliendo de la manguera y del incentivo de compra.
Todo comienza con la necesidad de eliminar del PGOU la norma de los 900 metros de distancia entre estaciones de servicio. El Ayuntamiento convoca un Pleno extraordinario el 29 de febrero (singular, la fecha) con ese único punto en el orden del día. Como razón aduce que "lo pide el sector", algo que desmiente de forma tan rápida como ignorada la asociación de empresarios Adesbur, que agrupa a más del 90 por ciento de las gasolineras de la provincia. Como muestra de su razón el concejal Lacalle exhibe una solicitud para abrir un lavacoches, realizada por un industrial que nada tiene que ver con los combustibles.
A pesar del esperpento, la norma se elimina del Plan General de Ordenación Urbana por la fuerza del rodillo popular, que arrodilla cuanto se le ponga enfrente. Hete aquí que Adesbur denuncia el asunto en el Juzgado de lo Contencioso, pero está condenada a contemplar cómo avanza su tema en contra, incluso en contra de la opinión popular que ansía ahorrarse cinco céntimos por litro tras haber llenado los decálitros que caben en el carrito y haber pasado por caja. Aunque se asegure que el combustible es mucho peor y sea obligatorio el autoservicio el negocio funciona de perlas.
La pérdida de puestos de trabajo en estaciones de servicio, sobre todo las más cercanas, está cantada. Pero aún puede ser más grave si, como Adesbur avisa, la peligrosidad del proyecto no se tiene en cuenta. La ubicación de los depósitos y las deficiencias en ventilación aérea pueden constituir un riesgo que va más allá de tener empleo, el de trasladarse para siempre al otro lado del monte sin necesidad de más repostajes.

- lapalabradigital.es | Aviso Legal | Publicidad | Contactar -
correo: info[arroba]lapalabradigital.es