
Dice algún lector que en nuestros espacios sólo le damos a lo de criticar, que por eso somos unos pesados. Contrito y penitente, con el propósito de enmienda que me otorga el día de la fecha, me dispongo a poner en valor una de las cualidades más plausibles de quien aplica la vara del mando municipal, el ínclito Juan Carlos Aparicio (lamentablemente no pueden verme en posición de firmes al escribir tan egregio nombre): he de reconocer mientras se me rasgan las carnes que nuestro alcalde es un maestro del humor.
Corre el rumor de que Florentino Fernández lloró por su retirada de los platós, consciente el gordito de que perdía la esencia del programa tras las dos apariciones estelares del ex mimistro. Dicen que fue Zaplana quien hizo la recomendación: "Floren, no lo dudes, con este tío te mondas. Nosotros en el Consejo de Ministros nos partimos el eje recordando su decretazo".
Luego han sido incontables las gracias y donaires que para alegría del mundo nuestro alcalde ha repartido. La última hoy mismo, con la colaboración del diario más gordo de la ciudad, dejándose entrevistar para salir, jajaja, el día de los Inocentes. ¡Qué descojono! Es que se me parte el labio de risa, imaginando lo bien que lo habrán pasado preparando la broma.
Y no es que me moleste que nos hayan pisado la nuestra, lo juro. Reconocer la valía de un verdadero artista del humor es de obligado cumplimiento. Creo que hasta el Obispillo se ha bajado de la burra para desternillarse, admitiendo que el protagonismo no se puede disputar a los verdaderos artistas.

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