Nuestros lectores saben de buena tinta, porque lo hemos contado muchas veces, que en Burgos las instituciones gobernadas por la derecha usan dinero público para arrojárselo dadivosamente a los medios que les hacen pasillo, esos que cuentan lo buenísimos que son los políticos gobernantes y callan todo lo que pueden callar sobre aquello que mancha la imagen de quien paga o, lamentablemente, influyen de forma decisiva en que las noticias lleguen al público lo suficientemente enredadas como para que se entiendan de otro modo.
También saben nuestros lectores que La Palabra de Burgos no está en la nómina de este reparto ni en el Ayuntamiento, ni en la Diputación ni en la Junta, precisamente por contar lo que otros silencian o desenredar lo que enredan. Este manejo vergonzante, que sorprendentemente no es objeto de control por la oposición a pesar de que resulta claramente perjudicada, está mal cuando los anuncios reproducen el bando de las nevadas o comunican el evento de turno, pero ya no tiene nombre que su única semántica sea la imagen corporativa de la institución pagadora. Un buen ejemplo se puede encontrar en las páginas del periódico Gente de esta semana, donde el Ayuntamiento entinta con su logo un faldón de 600 euros, así porque sí, en la página 20.
En estos tiempos de crisis el Ayuntamiento parece seguir esa máxima que, según dicen, está entre las leyes del marketing y aconseja que cuando las cosas vayan mal el último dólar debe gastarse en publicidad. El gabinete de prensa municipal, por cuyo grifo mana este chorro de dinero público hacia los acólitos, maneja también otros tesoros para su reparto discrecional entre los medios, fondos que llegan de organismos públicos como el propio Gobierno para campañas de sensibilización, como las de Tráfico. Tampoco estos anuncios llegan a La Palabra; como el lector comprenderá, no queda migaja para el halcón una vez engordados los cuervos.
La más reciente de estas campañas anima a reciclar a los burgaleses con dinero de Ecoembes, que es una empresa teóricamente sin ánimo de lucro cuyos beneficios se destinan a concienciar al personal de lo bueno que es reciclar para la sociedad. Pueden ver el anuncio en la página 8 del periódico (caramba, qué casualidad) Gente, que seguro anda necesitado de estos apoyos porque los rumores no dejan de augurar una debacle en su macroproyecto de comunicación, barbaridad de la que hablaremos otro día.
Habría que definir lo que es ánimo de lucro, para considerar también aquello que no es estrictamente monetario pero que tiene su provecho. Ecoembes pretende la globalidad en sus comunicaciones, aunque permite que un gabinete de prensa partidista cercene esa globalidad y discrimine a determinados medios, con sus determinados lectores, como permite que los medios no discriminados se lucren con el dinero que proviene de lo que recicla la globalidad. También de lo que reciclan los lectores de La Palabra.
Dicho sea de paso, nuestro periódico es el único de la ciudad que recomienda en la primera página el reciclaje del ejemplar cuando ya no se necesite, aspecto que a Ecoembes, por lo visto, le resbala bastante: de otro modo, exigiría que esa recomendación figurara también en los periódicos que engorda con su publicidad.

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