
Me ha dicho un pajarillo de claro trino que esta mañana han andado por Burgos unos periodistas de Interviú y que no venían precisamente a interesarse por nuestras posibilidades de ser capitalidad europea. De hecho, ni se han enterado de que estamos en eso porque iban fijos fijos a saber de primera mano cosas de las gasolineras de aquí, que además de expedir gasolina suelen expeler indemnizaciones de las de rascarse el bolsillo.
Otra vez vamos a salir en los medios nacionales por algo que como burgaleses no nos va a gustar. Me imagino que las fotos que saquen del alcalde no se parecerán a las electorales y es una lástima, porque toda España con sus ciudades autónomas y sus islas va a ver una cara que aquí no nos atrevemos a mirar, tal es la adoración al ídolo que cayó de un ministerio por atreverse a iniciar una reforma laboral capaz de asustar a sus propios correligionarios.
Salir en Interviú y no cobrar por ello suele ser doloroso (a veces lo es hasta cobrando), por eso en el Ayuntamiento han decidido no rebajar el gasto corriente para poder hacer frente al presupuesto de analgésicos en cantidad suficiente. Dirá luego el alcalde que estas cosas son cuentos de los de fuera, que en casa los trapos sucios siempre han sido limpios por acto de fe y mira qué bien estamos sin que se enteren de lo que lavamos.
Me da que la edición en Burgos de ese número de Interviú se va a agotar. Si lo quieren leer díganle al quiosquero que se lo reserve, porque en estos casos hay gente comprando de treinta en treinta en cuanto abre el despacho de prensa, justo antes de la misa de ocho. A rezar se van luego con las revistas en una bolsa, contritos ante la duda de si será pecado mortal o venial irrumpir en sagrado con tantas tetas en la bolsa que, aunque no se vean, tetas son y a la carne hacen mención.

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