
"No estaba muerto, qu´estaba de parranda", podría cantar el firmante de la entrada anterior viendo al destinatario de su carta, el señor alcalde, festejar con la redacción del periódico Gente la Navidad, cortesía que los políticos reinantes brindan al poder de los medios con regalitos y agasajos compartidos. Nosotros no podemos publicar la foto porque con La Palabra no tienen esa cortesía, lo que viene a decir que el alcalde felicita y ofrece buenos deseos sólo a los medios que le tratan bien y, en silogismo previsible, sólo a los ciudadanos que le tienen por simpático.
El aparato de comunicación de la Alcaldía desprecia, desde la soberbia de su mayoría, a cuantos no son de su cuerda. Eso no se le ocurrió ni a José María Peña: en los tres años en que Diario 16 Burgos le apabulló con las informaciones del caso de la construcción, con disgusto tras disgusto cada mañana en titulares gordos, cumplió con la prerrogativa de festejar a la prensa, a toda. Eso sí, Peña no nos invitaba a la recepción y ágape que mantenía con el resto de medios, sino que mandaba a Cristino Díez a comer con toda la redacción, a cuenta del Ayuntamiento.
Parece que lo estoy viendo: nos divertíamos mucho y reíamos a pierna suelta con Cristino, que tiene mucha gracia cuando se pone. De paso, hacía de investigador intrépido para su jefe e intentaba saber un poco más del "enemigo", como quién se escondía tras la firma Siro Rasura, que todos los días daba caña desde la última página. Pero con buen rollito.
Aparicio no es un buen político. Su nefasta actitud con los medios acabará pasándole factura, por mucho dinero público que gaste en comprar a los que le alaban, porque el interés periodístico siempre estará de lado de quienes cuentan cosas diferentes a la bocina oficial y de cuantos no silencian su voz para proteger a los poderosos. Lo distinto tiene un mayor impacto, lo repetido aburre; en ese aburrimiento puede estar la clave de la progresiva desintonía social que experimenta Juan Carlos Aparicio.
Pero es que, además, se empeña en cagarla: convoca un desayuno de prensa (para nosotros no, qué pena de café con galletas) con la excusa de desear a los reporteros de todos los días felices navidades y otros tópicos, y aprovecha para comentar los logros de 2008 para la ciudad de Burgos. Resulta que los logros importantes se quedan en dos, el aeropuero y el desvío y, como ocurre con muchos de los otros no tan importantes, estos logros no se deben al impulso de Aparicio sino de sus predecesores, que no figuran en la placa inaugural.
Con cara de póker se apunta los faroles sin hacer las puestas y pasa a la distendida charla navideña, palmaditas y tal, para asegurarse un buen retrato en el próximo número. No hay como contar con buenos amigos que te tengan bonito en el álbum, y no como esos revientaediles de La Palabra, que siempre buscan el ángulo descubierto.

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