
Cometa usted, ciudadano de a pie, la imprudencia de olvidar la inclusión de aquel pequeño cobro extra en su declaración de impuestos y podrá comprobar con cuánta diligencia y saña el flagelo de la Administración caerá sobre sus trabajadas espaldas. No se le ocurra: la información que se posee de usted siempre está ahí para usarla en su contra y hay una legión de funcionarios bien pagados dispuestos a sobrevolar su caso como leonados comensales en su cadáver fiscal.
No obstante, usted, señor trabajador de la Administración pública que accedió al puesto por obra y gracia del partido ganador, no pierda el tiempo ocultando las evidencias de sus continuos favoritismos en las adjudicaciones directas, ni se tome la molestia de comprobar qué cosas son legales y cuáles no. La justicia está de su lado y no le costará ni un céntimo defenderse o dilatar los procesos hasta su olvido. Y no se preocupe, nadie le pedirá responsabilidades.
Usted, señor magistrado en permanente reivindicación, es culpable de extremar el celo sobre los débiles y de aflojar el control que se ha de ejercer sobre la gestión de los bienes públicos. Pero no pierda el sueño por ello, nadie le juzga. Si acaso, queda en evidencia ante la opinión pública, harta de ver puntas de iceberg de negro hielo corrupto que sólo se desvelan por casualidad o por la denuncia de algún cómplice descontento. Tranquilo, muy pocos conocen su nombre, no sale en los carteles.
Señores del poder, saben bien que los procedimientos corruptos no son casos aislados, que no se dan más escándalos porque sencillamente no se mira en los cajones de los alcaldes, de los concejales de urbanismo, de los técnicos de Cultura, de los consejeros y de los directores generales que campan a sus anchas en vacíos legales, hechos consumados e invisibles desmanes, premios o castigos a amigos o rivales. Son culpables, pues tienen la obligación de trabajar por la colectividad y permiten la continuada rapiña en la despensa, pero ustedes callan como Lázaro viendo al ciego comer las uvas de dos en dos.
Ustedes, señores del poder en la sombra, debieran habitar celdas sin despacho.
El texto me lo envía Carlos Sancho, del Grupo de Burgos de Amnistía Internacional. Estas palabras retratan el mundo en el que sobrevivimos, donde es urgente hacer caminos, piedra a piedra, para caminar hacia la dignidad del ser humano. Por contra, sin estar libres de pecado somos capaces de arrojar esas piedras contra los más débiles.
"Según Amnistía Internacional (AI), Aisha Ibrahim, lapidada el pasado día 27 en Somalia, era una niña de 13 años y no una mujer de 23 como han informado los medios de comunicación. Un grupo de cincuenta hombres la apedrearon hasta morir en presencia de cerca de mil espectadores. Aisha había sido acusada de adulterio tras denunciar que había sido violada por tres hombres, ninguno de los cuales ha sido arrestado. Según fuentes de esta organización, milicianos armados dispararon contra algunos asistentes que pretendían evitar la lapidación, resultando muerto un joven. En este caso se dan unidas todas las formas posibles de brutalidad: violencia contra las mujeres, pena de muerte, lapidación, uso desproporcionado de las armas y ejecución de una menor. En www.es.amnesty.org seguimos luchando contra todas estas formas de barbarie."
Hoy ocho ciudadanos se sientan en el banquillo de los acusados para responder sobre su implicación en los sucesos de Eladio Perlado, en aquel fatídico agosto de 2005, cuando cientos de vecinos de Gamonal quisieron impedir un atropello nocturno que se fue de las manos. Se juzga la reacción de mucha gente acumulada en unas cuantas cabezas visibles y se pretende expiar culpas que nunca hubieran existido de no mediar una previa provocación.
Este juicio, no sé por qué, o tal vez sí, me recuerda las represalias de las tropas nazis en los pueblos donde eran hostigados por los partisanos, cuando por cada víctima alemana se ejecutaba a diez o doce vecinos inocentes elegidos al azar, mujeres y niños incluidos, para escarmiento y quemazón de los rebeldes. El empecinamiento municipal en mantener la petición de penas para los encausados huele a revancha desmedida y se nota en la valoración de los castigos: mientras el fiscal solicita año y medio de prisión el Ayuntamiento quiere ocho años para cada uno de los acusados, una barbaridad que pesa como amenaza para algunos de ellos, culpables más que nada de pasar por allí.
La interrogante es si esta vez, en el juicio gordo, los servicios jurídicos del Ayuntamiento acudirán a ejercer la acusación, pues en las vistas anteriores no se han presentado. Eso en mi pueblo se llama tirar la piedra y esconder la mano, porque no hay lugar mejor para defender la posición que sostiene el equipo de Aparicio como la propia sala. Es una incógnita que se suma a muchas otras curiosas que confluyen sobre el caso y que espero, en mi quebrantada fe en la Administración de Justicia, ayuden a exonerar a los inculpados.
NOTA: Con posterioridad a la publicación de esta entrada me entero de la suspensión del juicio hasta marzo, primicia que ha recogido lapalabradigital.es pocos minutos después de conocerse ( http://www.lapalabradigital.es/255/suspendido-hasta-marzo-el-juicio-de-eladio-perlado.php) . A este fenómeno me refiero en la entrada posterior.

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