
El día en que se puede poner en duda el dicho lapidario "Torres más altas han caído" resulta que es el día de nuestro aniversario, el de La Palabra Digital. Sólo es el primero y se nota que no estamos entrenados en organizar celebraciones, aunque la necesidad de transmitir austeridad en tiempos de crisis nos pueda servir de coartada.
El bebé es bonito y tiene sus cosas que encandilan, pero pasa un hambre el pobre que le tiene todo el día en un lamento. Eso sí, siempre lleva limpio el pañal y sabe señalar todo lo que no le gusta. Como de lo que le gusta le dan muy poco ha tenido con frecuencia que ir al médico, que también es psicólogo infantil, y sólo nos ha dicho lo que ya sabíamos, que cuando el niño tenga algo de comer se pasarán todos sus problemas.
Así que estamos un día sí y otro también a base de papillas de ilusión, preparadas con agua del grifo frecuentemente amarga y celebrando como una fiesta cada sonrisa. Como la de hoy, una sonrisa de tarta que felicita a todos los que han hecho posible llegar a tanto con tan poco, desde uno u otro lado de la página.
Que la salud nos acompañe hasta celebrar el próximo. Felicidades.

El día 11 de septiembre, para gloria de una fecha ennegrecida por dos torres gemelas, se cumple un año desde que echó a andar La Palabra Digital. En mi opinión es una verdadera lástima que las ilusiones puestas aquellos días en la generación de un nuevo medio digital, se vean hoy asfixiadas tras el naufragio sobrevenido por inanición y por la eficacia de los torpedos enemigos, que si algo saben hacer bien es joder al prójimo.
Desde hoy los lectores echarán en falta la zona informativa de La Palabra Digital. Mientras los anunciantes se nieguen a poner su publicidad en nuestro espacio, es imposible pagar a la redacción, por lo que ésta debe pasar a engrosar las filas del paro. Estos días me he planteado seriamente dar carpetazo y cerrar el espacio definitivamente, pero cuando ya estaba casi decidido Fernando Portillo me ha animado a tratar de mantener al menos la zona de opinión, porque no está sujeta al mercado laboral ni falta que le hace.
Me ha parecido bien. A partir de ahora este blog será la carátula de La Palabra Digital y en él trataré de que mi punto de vista fije su objetivo en la ciudad y sus preocupaciones, sus quejas y sus alegrías, además de permitirme el placer de fabricar entradas de carácter más personal o impersonal, esas cosas mías, propiamente dichas. Sin perder, por otro lado, la esperanza de que a la vuelta de la esquina aparezcan dos o tres anunciantes que permitan volver a elaborar esa información que ahora nos falta. No entiendo por qué Caja de Burgos o Cajacírculo nos niegan su favor cuando lucen sus enlaces en otras páginas; sí entiendo por qué hacen lo mismo el Ayuntamiento, los servicios municipales, la Diputación, la Universidad o la Junta de Castilla y León, organismos todos ellos pendientes de tratar muy bien a los poderosos, en rocambolesca aplicación de la igualdad de oportunidades que deben garantizar las instituciones públicas.
En la parrilla de opinión me acompañarán quienes quieran estar, así de sencillo y de altruista, aunque sé bien que el amor al arte alimenta poco y el hambre genera estados de ánimo frecuentemente nublados y tormentosos: no se puede saber cuánto durará el sol. A la cabeza de ese desinterés figura mi admiradísimo Fernando Portillo, a quien espero algún día poder agradecer como merece tanto arte gratuito como ha volcado en este espacio. Queda también, emocionalmente unido al carro, el gran Marcelino Orbés, que en la medida de su ánimo dejará huellas de su grandeza humana y literaria. En estudio está la permanencia de otros blogs y muy avanzada la llegada de alguno nuevo, daré cumplida cuenta de las novedades.
Y queda, fundamentalmente, el Blog de los Lectores abierto a las ideas, convocatorias, opiniones, sugerencias y quejas de quienes quieran iniciar foros de cualquier índole manteniendo el anonimato si se desea. Tengo el convencimiento de que, en la incierta deriva que iniciamos, esa bitácora colectiva puede tomar bastante auge, todo depende de la inquietud que muestre el eslabón más importante de esta cadena, que es el público.
No hay otra forma de mantener la esperanza, así que nos aferraremos al barril de la dignidad para evitar ser silenciados. Con toda modestia, pero con mucho orgullo, seguiremos juntando palabras desde esta ciudad tan necesitada de pensamiento. No callaremos para que nadie se dé por otorgado y presumiremos desatadamente de seres libres, porque ya no tenemos nada que perder.


La llegada del verano ha abierto muchas incógnitas. Me refiero al aspecto profesional, pues esta época no es por lo general muy boyante en la actividad editorial y publicitaria. Si sumamos esa bajada de tensión estacional a la crisis galopante, la lipotimia de los próximos dos meses puede dejar entre pálido y lívido el panorama, necesitado ya de transfusiones para ir tirando.
Nuestros lectores de La Palabra Digital, que rondan en los últimos meses la cira de mil al día –algo de lo que nos sentimos orgullosos–, pueden haber notado una cierta ralentización en el ritmo de aparición de noticias, fenómeno que desde primeros de mes se debe fundamentalmente a la ausencia de las mismas: así son los veranos informativos, el tiempo en que los becarios aprenden a redactar asuntos para sacar de la nevera cuando no hay otro menú.
Nosotros somos tan pobres que ni becarios podemos permitirnos, pero también sabemos que en julio y agosto esos mil lectores diarios se desenganchan de la normalidad de sus hábitos, dejando la cifra de la audiencia en estado letárgico. Malas fechas para invertir en el medio, sin duda.
De esta manera, quienes hacemos La Palabra Digital hemos pensado en irnos de vacaciones hasta septiembre. Llevamos casi un año dando cobertura diaria en nuestra página digital con mucha exigencia, por culpa de la escasez de recursos, así que nos merecemos un descanso que cada vez se hace más necesario. Se impone, además, una reflexión pausada sobre lo acontecido en los últimos meses para enfocar con ilusión y garantías el inicio de una nueva temporada.
Todavía no se notará el fenómeno, pero a partir de la distribución del próximo número en papel, el día 23, la renovación de las informaciones será mucho más esporádica. Igualmente los espacios de opinión, aunque en menor medida, se verán afectados en ese sentido dependiendo de sus firmantes. El territorio Blog reverdecerá también al final de agosto con nuevas firmas y propuestas, porque hay que renovarse para no morir.
En mi caso, habrá quince días durante los cuales será difícil que pueda mover la página, pues adonde voy de vacaciones no pienso llevar artilugios que me conecten a otra cosa que no sea la familia, el mar y la naturaleza. Ni una tecla, nada que facilite la tentación. Queda una semana para eso y ya no puedo quitármelo de la cabeza.
Seguro que echaré de menos esos paseos por las bitácoras habituales: en su lugar dejaré mis comentarios sobre las crestas de las olas o bajo las rutilantes estrellas del sur hasta mediados de agosto. Después me pondré al día, este mundo del 2.0 es un vicio que ya no sé cómo dejar.

Durante estas semanas de atrás me he visto obligado a compaginar mis habituales y copiosas obligaciones con las labores de agente comercial, forzado por la desaparición hace un par de meses del equipo que gestionaba la publicidad en La Palabra. Hay pocos oficios que me asusten, así que me puse a ello con entusiasmo calculando que podría recortar algunas horas de sueño a la semana –de 35 a 28– y delegar alguna cosa más. Al fin y al cabo las técnicas y métodos del oficio ya las conocía, solo se trataba de saltar al ruedo.
No puedo demorar la expresión de mi absoluto reconocimiento para la gente que se gana la vida comisionando por las cosas que vende, pues es una dedicación hoy en día de lo más traumante. Si lo comparamos con sacar patatas de un huerto, éste es el tiempo en que hay que cavar diez veces más profundo para encontrar patatillas enanas que no sirven ni de simiente. Y la tierra está jodidamente seca y dura. Sin embargo, a pesar de la bisoñez que por fuerza he de mostrar en este oficio, me contenta haber logrado contratar la suficiente publicidad para poder distribuir nuestro especial de Fiestas que, dicho sea de paso, nos ha quedado muy bonito para lo que está cayendo (los lectores que no lo reciban en su casa pueden descargarse un pdf aquí mismo, a la derecha).
Puestas a un lado las victorias se resumen en una, que es la continuidad de la supervivencia. Gracias a los anunciantes de este número especial, unos cuarenta en total, La Palabra coge aire para tirar unos meses más y estoy convencido de que alargar su vida es sinónimo de salvársela. Toco madera.
Pero vamos con las derrotas, porque todas tienen su enseñanza: en el sector privado he vuelto a comprobar que la labor de zapa del comité antiPalabra municipal sigue dando frutos y muchos son los que no quieren saber nada de anunciarse porque han recibido la conveniente llamadita recriminándoles anteriores apariciones en nuestras páginas. He tenido negociaciones casi cerradas que de la noche a la mañana ha destejido un Penélope sin nelo. La verdad es que hay que reconocer que son muy aplicados a la hora de hacer el mal y que no les importa que se note, pero a mí me da por pensar que hay un señor con un sueldazo público entretenido varias horas al día en aterrorizar con fórmulas mafiosas a nuestros potenciales anunciantes. Luego tengo que volver a cerciorarme de que estamos en este siglo y de que no estoy soñando.
Si dura es la gestión con la publicidad privada, lo de la institucional ya es la leche. Algunos amigos, entre ellos comentaristas habituales de este blog, han podido conocer correos electrónicos, de éstos que al final se convierten en una conversación para ser leída desde abajo porque al responder se conservan los textos anteriores, así que saben que no me invento nada. Del cinismo de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta aludiendo al escaso presupuesto –con reenvío por mi parte de una lista de su publicidad detectada en este mismo mes (cinco páginas enteras en Gente en Burgos, por ejemplo)– a la desfachatez mostrada por la Universidad, más dolorosa porque cuando se confía en la palabra de alguien se hace buenamente y no te esperas la puñalada. Pero también enriquecedora, porque permite conocer mejor a la gente.
En la Universidad se han pasado la pelota del Gabinete de Prensa al Departamento de Marketing, cruzando por el Rectorado y el Vicerrectorado económico. Las dos semanas anteriores la institución académica contrató las páginas centrales en Gente en Burgos para vender su oferta educativa a todo color y por ahí circula un folleto muy vistoso que no repara en gastos, pero a nosotros nos ofrecen ya a última hora un faldoncito pequeño con el ruego de que se lo cobremos a mitad de precio. Confieso que me pudo el subidón de dignidad y envié un correo al rector que se pasaba de caliente: todavía me queda mucho que aprender en este nuevo oficio.
Así pues, hemos roto nuestras relaciones publicitarias con la Universidad mientras detectemos la discriminación que ahora se palpa, sin más valoraciones. Algún día tal vez analicemos de qué palo va cada cual y de quiénes son amigos los nuevos gestores de la UBU, ahora necesito hablar del episodio más interesante en esta batalla publicitaria, que nos ha permitido publicar una página para promocionar la capitalidad europea en 2016 a favor de Córdoba.
Sí, amigos lectores, no me he confundido: comunicamos a la Oficina Burgos 2016 que otra ciudad candidata (no les dijiimos cuál) estaba interesada en publicitarse en nuestro medio, pero que declinaríamos ese interés si mostraban nuestros paisanos el suyo, es decir, diríamos no a Córdoba si Burgos nos decía que sí. Creo que les sonó a farol, porque nos contestaron amablemente que no podían y tal y tal. Imagino que a algún "burgalesbiempensante" le parecerá mal, pero cuando la vida está en juego por culpa del hambre pelear por la patria es algo secundario en mi escala de valores. Esta mañana he visto OTRa revista de la órbita de Méndez en la que hay una página estupenda de Burgos 2016, así que cuando quieren, pueden; y no es por incordiar, pero el diseño de la de Córdoba me parece mucho más bueno.
Confieso que me alivia nuestro ritmo mensual. Si tuviera que enfrentarme cada semana a ese ejército de negociaciones publicitarias estaría muy asustado, lo reconozco, porque en cada victoria siempre queda un rastro de tu sangre y las continuas derrotas te sepultan en un foso que cuesta mucho escalar. De momento, un poco de paz hasta la próxima batalla; los más inquietos pueden mañana ver en el periódico Gente el buen rendimiento publicitario que proporciona chuparle el culo al poder, dicho sea presuntamente.

Supongo que los lectores agradecerán que la entrada de hoy pueda contener un grado menos de acidez que de costumbre. Para los seguidores de La Palabra de Burgos y quienes trabajamos en este proyecto hay buenas noticias y me apresuro a comunicarlas.
La llamada al apoyo de los lectores en el especial del III Aniversario de La Palabra ha dado frutos, mayores en volumen a lo que inicialmente cabría imaginar. He de confesar que mi escepticismo era grande ante la posibilidad de obtener resultados dignos de ser comentados, pero me alegro como es natural de mi equivocación.
Hasta la fecha se han producido media docena de ingresos en las cuentas referenciadas ( http://www.lapalabradigital.es/?cat=carta ), una cifra que no parece importante pero que genera un volumen considerable: dos aportaciones de quinientos euros, una de cien, una de treinta, una de diez y una de tres arrojan un saldo de 1.143 euros. Suficiente, por ejemplo, para sufragar el gasto de distribución en el próximo número.
Estas cifras siempre se harán públicas y se dará cuenta de su evolución: las cuatro aportaciones de mayor cuantía adjuntan el número de DNI de quienes realizaron los ingresos, por lo que podrán recuperarlos en un plazo máximo de dos años, mucho antes si mejora la crisis publicitaria. Quiero expresar mi agradecimiento profundo y emocionado a estos burgaleses que han sentido el medio como propio y no han dudado para intentar salvarlo.
Soy todo gratitud con los seis, pero en particular me llega hasta muy dentro el gesto de esa persona que se ha acercado a la ventanilla y ha depositado tres euros, que estoy seguro de que no le sobran, para decirnos que hay alguien al otro lado de nuestros desvelos, que nos anima y que nos apoya. Pensar en ello me estremece.
Gracias, burgaleses, nos dais muchísima fuerza. Ojalá podamos ser suficientemente fuertes para estar a la altura de lo que la ciudad merece.

Tal día como hoy, hace tres años, se distribuía en la capital burgalesa el número 2 de La Palabra de Burgos. A decir verdad, desde el puesto de director de aquel nuevo medio, sentía entonces que el periódico era la respuesta a un estado de necesidad informativa en la sociedad burgalesa, la cual recibía la información decantada en un único punto de vista por los tres medios impresos existentes y que, además, era una información absolutamente partidaria con el poder establecido.
Como esperábamos, ese intento de pluralizar los puntos de vista no fue bien recibido por los poderes dominantes, sobre todo por el poder político, que desde el primer momento vio en La Palabra una amenaza contra sus intereses de comunicación unívoca y autocomplaciente. En estos tres años, ese poder ha seguido intentando asfixiar este proyecto, estrangulando la lógica aspiración de cualquier medio de difusión masiva a contar con las inserciones oficiales, inserciones que tan alegremente lucen los medios "de la cuerda". Por si fuera poco, han procurado nuestro mal con múltiples zancadillas, a veces burdas y otras muy sutiles.
Cumplidos 1.100 días de esfuerzo continuado sólo podemos mostrar con orgullo las heridas de la batalla, algunas puñaladas traicioneras y secuelas de la ponzoña con que nos obsequia quien se declara nuestro enemigo. Eso, lejos de matarnos, aporta muchas razones para seguir combatiendo, porque arroja toneladas de argumentos para continuar buscando lo que es justo y hace olvidar el dolor de los golpes. Hay, sin embargo, cosas peores.
A estas alturas, tengo la sensación de que si este proyecto hubiera nacido en otra ciudad de similar población a la nuestra, su suerte sería distinta. Comprobar que después de estos tres años la gente de la calle apoya nuestra labor y nos anima no es suficiente alimento para sobrevivir si detrás no existe el imperio de las tragaperras o de las grúas. Mucho menos para crecer y cumplir con el sueño periodístico de poder dar un buen servicio a la ciudadanía, sin tanta cortapisa, sin tanta urgencia por ser audaces en la precariedad.
Resulta que no, que La Palabra es de Burgos. Y resulta que si en esta ciudad se te ocurre airear las vergüenzas del poder se las apañan para que los anunciantes te den la espalda por miedo a las represalias, por presiones directas y amenazas veladas o por afinidad ideológica inquebrantable, lo que a la postre acaba siendo lo mismo. ¿Será posible que en esta ciudad todo el comercio sea de derechas? ¿Todas las constructoras e inmobiliarias, incluida Habitarte Caja de Burgos? ¿Todos los concesionarios (en especial los franceses,Renault, Citroen y Peugeot, –qué cosas tiene Sarkozy–)? ¿La Caja del Círculo? ¿Urende? ¿Hipercor? ¿Brico-Leal? ¿Muebles Evelio? ¿Carrefour? Desde las guarderías a los salones de belleza, de los coches usados a las tiendas de electrónica, prácticamente todos los anunciantes de la ciudad prefieren el color al precio del impacto.
Entre las cosas que más me cabrean está contemplar diariamente carísimas inserciones publicitarias en medios impresos de pago, inserciones que se suponen "de interés general" y que precisan de máxima difusión, como lo son las promociones de la Junta de Castilla y León o las actividades de la "obra social" de las cajas de ahorro. Puedo asegurar que con la publicidad que insertan en un mes en Diario de Burgos la Junta y las cajas se puede pagar la impresión de La Palabra durante un año, a ritmo semanal, garantizando de forma incontestable que tendrá mayor impacto publicitario.
La crisis nos sorprendió en un difícil momento y su persistencia no augura un buen futuro. A fecha de hoy, tres años después, he de reconocer que aquella ilusión por crear el medio necesario, el canal informativo, tiene un sabor agridulce. La parte dulce pertenece sólo a la historia de la ciudad, donde hemos marcado huella. La parte agria está en el día a día de una sociedad marchita, envejecida física y mentalmente y prisionera de un poder que maniata e hipoteca. Si alguien tiene ideas para que un medio de comunicación, que todavía encuentro muy necesario para hacer un mejor futuro en esta ciudad, pueda sobrevivir, acepto sugerencias.
La próxima semana en La Palabra Digital se van a producir algunos cambios, todos ellos en la parte derecha de la página. Se trata de dar un nuevo impulso a la parrilla de opinión con la incorporación de nuevos blog y la reestructuración de algunos existentes, siguiendo el camino que nos marca esta pequeña experiencia que sólo tiene tres meses, pero que se revela como una de las claves del crecimiento en el número de lectores de nuestra página.
Me siento muy feliz al comprobar que la idea funciona y que el diálogo con y entre los lectores puede darse y sucede. El objetivo de interactividad se cumple y cada día aumenta la posibilidad de contacto y contraste de ideas, por eso las decisiones sobre este particular han sido pensadas para dar cobertura a lo que creemos son las inquietudes más habituales de nuestros visitantes.
Uno de los aspectos que más me contenta es que vamos a poder recuperar a un columnista de La Palabra de Burgos que dejó de colaborar por la exigencia de la periodicidad quincenal. Se trata de Marcelino Orbés, que desde el 1 de febrero podrá convertir su espacio en un universo de comunicación del que sin duda sacarán mucho jugo los lectores curiosos.
Otra alegría la constituye la creación del Blog de los Lectores, cuya inauguración se producirá el día 30 de enero con una entrada que me parece de lo más adecuada, el Manifiesto por la Solidaridad que promueve Cornelivs y en cuya génesis es corresponsable Pedro Ojeda. En – http://cornelivs.blogspot.com – se puede encontrar información sobre esta iniciativa, a la que nos sumamos como un eslabón más de la cadena de bitácoras que publicarán el Manifiesto ese mismo día.
Si funciona como espero, tras esa primera entrada conmemorativa el Blog de los Lectores crecerá con la página y hará, por su parte, que aumenten las expectativas de La Palabra Digital para lograr el objetivo antedicho, ser el canal que asegure el diálogo entre la gente que ya no quiere pensar en solitario. La acumulación de inteligencias sin previa exigencia de currículum ha de fructificar necesariamente en algo bueno, ésa es la magia que sólo en esta red puede darse.
Estamos preparando el especial de Navidad de La Palabra de Burgos, que se distribuye el martes 23 con la lista de la Lotería, y eso nos mantiene muy ocupados porque, aunque tengamos pocos recursos, siempre intentamos que nuestro trabajo se distinga por la concentración, el cariño y la intensidad con que lo hacemos.
Distribuir un periódico como La Palabra en en Burgos y con escaso patrimonio no es nada fácil. Comprobamos constantemente que la gente nos sigue, que muchos nos aprecian, que La Palabra tiene un importante hueco en el interés de la ciudadanía, pero alcanzar la sostenibilidad requiere también que los anunciantes publicitarios lo consideren medio adecuado para sus inserciones.
Y aquí se repite un fenómeno que define claramente esta ciudad, lo que en ella ocurre y los orígenes de los males que padece. No importa que nuestro canal de comunicación sea ancho, pues nos leen con fruición los amigos y con muchísimo interés los enemigos, algo que no ocurre con otro tipo de prensa previsible. Importa más aparecer donde se identifique claramente que el negocio, la empresa o la actividad anunciada se arrodilla ante el poder dominante. El que hay.
El gasto publicitario se mueve en la ciudad con criterios del siglo XIX, sobre todo en las empresas más grandes, cuyas cuentas las llevan gentes con la virtud principal de tener buenas conexiones personales con quienes mandan. Desde el enorme trapicheo de la publicidad institucional, usada como moneda de cambio de favores a políticos, hasta la anuencia sodomita de las firmas privadas y su particular visión teologal del marketing, casi todo huele a rancio y a veces a podrido.
Como creo que los ciudadanos no son tontos, muchos de ellos habrán advertido ya qué firmas se anuncian obstinadamente en otros medios impresos pero nunca en La Palabra. Yo lo tengo fácil, pues detecto enseguida quiénes nos niegan su astillita del pastel publicitario y obro en consecuencia no consumiendo allí ni recomendando sus productos. Pero, en aras de la salvación de este medio de comunicación que creo tan importante para el futuro de la sociedad burgalesa, animo a que nuestros simpatizantes se fijen bien en los anunciantes que consideran útil publicitarse en La Palabra y les consideren amigos además de valientes, por distinguirse de otros que no saben apartar su tendencia política o su miedo al poder de las actuaciones publicitarias.

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