



Hay fenómenos que no tienen explicación. En un edificio nuevo como el Mercado Sur, edificado desde el enorme agujero que las excavadoras perpetraron en el solar, acceder al garaje plantea un conflicto tan insalvable que los vehículos deben girar a la izquierda nada más entrar, lo que genera un caos repleto de sustos, apreturas y roces entre quienes entran y salen, obligados a cruzarse.
Tras los primeros incidentes en la soterrada boca que se abre al final de la rampa, deciden solucionarlo obligando a los vehículos a descender y ascender en sentido contrario al que rige el la Europa no insular británica, trasladando el conflicto hasta el enlace con la calle de Miranda. Unas flechitas en el suelo y a correr.
Si esto no funciona, puede que trasladen los carriles cambiados hasta San Pablo y luego a las calles adyacentes, conquistando poco a poco la ciudad y generando una identidad nueva, del todo original, que igual contribuye a que seamos más famosos en el extranjero, incluso puede que ganemos la capitalidad cultural por sobrante de audacia.
En cualquier caso, alguien debiera encontrar al arquitecto y darle de collejas por firmar esta cagada, no se me ocurre otra palabra, a la vez que se le propone para algún premio gordo. Porque nunca se sabe: en ocasiones las mayores estupideces van asociadas a los más grandes triunfos.

En la zona de la calle de Miranda, Plaza de Vega, San Cosme y alrededores llevamos años en obras, ya no soy capaz de recordar cuántos son. Sí que recuerdo, sin embargo, que todas se dilatan más de la cuenta: el arreglo de San Cosme lo debieron hacer los caracoles, el Mercado Sur ha tardado un mundo en reabrirse, la esquina de plaza de Vega parece Beirut es sus años oscuros...
Las obras que se dilatan nos cuestan más dinero, causan más molestias a los ciudadanos y ofrecen muy mal aspecto para quienes nos visitan. Pero, curiosamente, el tema de las obras va en relación directa con el afecto del ciudadano al gobernante, que sabe perfectamente de este fenómeno y procura que se vean siempre muchas, sobre todo en época de elecciones.
Lo que ya es de juzgado de guardia es que en dos años levanten tres veces la misma acera: La Palabra de Burgos denunció en su día el rebaje de bordillos de la calle Calatravas, que se hizo un mes antes de derribar el mercado Sur, cuando ya se sabía que se iba a levantar y peatonalizar toda la calle. Hace menos de un año urbanizaron la zona como estaba previsto y hoy, como muestra la fotografía, están levantando otra vez las baldosas en el mismo lugar.
Me molesta bastante que sucedan estas cosas porque no puedo darlas al casual argumento de la improvisación. Alguien tiene que saber de todo esto en Obras y no sería tan difícil coordinarlas para que duren lo menos posible y se aprovechen para completar las actuaciones de una sola vez.
También molesta sobremanera el ruido que hacen con los martillos neumáticos, aquí, debajo justo de nuestra ventana. Se nos han terminado las aspirinas.

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