
La fecha de hoy es un código binario. Puesto a imaginar, sueño que esos ceros y unos significan PAZ, pero los sueños sueños son. Machacona esperanza, no te alejes de esta vera donde todo lo deseado se desvanece. I will be with you again.
Desde hace un cuarto de siglo pongo esta canción el día de Año Nuevo. Como no hace falta contar la historia de U2 me dejo transportar al paraíso universitario zaragozano, donde bebí mi juventud a grandes tragos. Alrededor del reloj, se llamaba aquel programa, la tienda Discos Linacero. La pasión por ese grupo "de importación", que con el tercer disco vestía su "Boy" de guerra, era compartida. Entrañablemente compartida.
Os recuerdo, amigos, quiero pensar en todos vosotros y desearos los mejores códigos binarios allá donde estéis. Hoy es el día en que se siembran los deseos, ojalá traigan frutos que nos hagan mejores a todos, que hagan mejor este mundo.
( http://www.dailymotion.com/video/x8gpy2_u2-new-years-day_music )



Recuérdame otra vez que corra las cortinas
con tupido pudor sobre la vista
de tu rostro de ayer, el que perdura
y pone estrellas al cosmos de coitos neuronales
en tardes de saxo,
provoca chispas que ya no son materia
ni se transforman.
Recuérdame
si puedes recordarme.
( http://www.youtube.com/watch?v=Jin9jXVx9Oo&feature=related )

A veces pasan ventoleras por encima de tus planes y se llevan las previsiones como hojas de otoño. Quería haber hablado del rock gótico antes de la sesión de ayer en Bardeblás, pero la cosa se lió bastante por la complejidad de conseguir que una mesa de sonido un tanto mercenaria y un ordenador destinado a grabar de ella fueran compatibles. Al final me fui para el bar olvidando algunos discos que tenía preparados y sin haber podido sentarme a escribir una previa.
A pesar de las dificultades con el sonido y las limitaciones propias del entorno, he de decir que lo pasé en grande. Algunas veces me doy el gustazo de poner música para el personal, pero desde que dejé de trabajar en los bares allá por el 89 no es habitual, así que la preparación me lleva mucho tiempo pero me da la oportunidad de ordenar mi discografía, que reviso entera en busca de canciones oportunas. Como perdí algunos trenes con novedades he de ceñirme a mis conocimientos y al fondo de armario, que tienen su núcleo en los años ochenta y cubren un buen espectro de los sesenta, los setenta y los noventa.
Es por eso que me gusta preparar audiciones temáticas, condicionar un tanto el libre albedrío de poner lo que apetezca a un determinado señuelo unificador. Comencé haciendo una de "chicas del rock", muy oportuna en los ochos de marzo, pero la del rock gótico es muy jugosa, tal vez porque milité activamente entre los incondicionales de Bauhaus y Joy Division en los albores de los ochenta y quedé entusiasmado con sus secuelas.
El rock gótico, como el propio estilo artístico en arquitectura o pintura, despliega un gran abanico de matices dependiendo de los artistas y sus vinculaciones con tales o cuales ramificaciones del rock, del lugar donde se genera, etc. En contra de lo que se puede imaginar, no se centra exclusivamente en la sangre, el terror o la muerte, aunque esas ideas flotan siempre por aquí y por allá en construcciones sonoras que van en un plis plas de la sugerencia al cataclismo. Su sonido es capaz de llegar más adentro del alma porque busca frecuentemente la emoción con todo tipo de recursos de corte romántico, generando escenarios sonoros que pueden apelar a la épica, la aventura, el rito, la oración... Es, casi siempre, muy solemne.
Tuve cuidado de respetar lo académico, y sobre la medianoche sonaron los "clásicos" del estilo: Las citadas referencias dinosaurias y sus proles –Peter Murphy, Love & Rockets, New Order– y la consumación del género con lo más emblemático de Sisters of Mercy. De ahí a Echo & The Bunnymen y similares épicas, con trozos de The Cure, Siouxie, Simple Minds, The Cult o The Jesus & Mary Chain en sus tiempos mozos. Y es que los ochenta fueron una barbaridad, bien lo saben en Blogochentaburgos.
Con anterioridad había abierto boca con algunos "ancestros" del estilo como Bowie o The Stranglers, junto a rarezas de aquí y de allá. Asi que sobre la una de la madrugada fui dando pista a lo menos conocido y a lo más moderno, tratando de repasar las numerosas variantes que se acogen al paraguas del género. Christian Death, Jesus on Extasy, Bella Morte, Camouflage, Red Flag, London After Midnight, Cinema Strange, The 69 Eyes, The Cruxshadows... Al final, para ayudar a que el local fuera vaciándose (los últimos se fueron sobre las tres y media) hice un repaso por grandes temas que firmaron en sus días Nick Cave, Gene Loves Jezebel, Psychedellic Furs, Ministry, Tones on Tail, Mazzy Star, Sugarcubes, This Mortal Coil, Cocteau Twins...
Ya sé, ya sé, no he citado a ningún español. La verdad es que no hay mucho donde escoger, pero sí pinché Parálisis Permanente ("Quiero ser beata" y "Autosuficiencia") y el "No más lágrimas" de Héroes del Silencio. He de decir que en seis horas no da tiempo a todo lo que uno imagina que puede poner, pero mi satisfacción se sobrepuso sin paliativos a los problemas técnicos de la tarde, así que ya tengo ganas de preparar una nueva sesión temática, dudo si dedicarla al tecno o al rock californiano. Admito sugerencias.
Otra alegría más: el cartel lo hizo mi hija. Cuando me dijo Álex que le habían pedido copias y se las llevaban de la puerta tuve que echar mano del pañuelo para secar la baba.



Rick Maurer es una de esas personas que considero grandes seres, porque el estímulo que les mueve es siempre positivo y valeroso, gente que en otra sociedad menos asilvestrada estaría subvencionada a perpetuidad para hacer lo que le viniera en gana.
Conozco a Rick desde los tiempos de Fool Moon, una de las bandas más ambiciosas y con mejor sonido de cuantas componen la nutrida aunque oscura historia del rock local. Supe que era de California y que se había convertido en burgalés de hecho y derecho plantando raíces, mucho más que musicales, en una ciudad donde ha brindado no pocas veces su arte y su gusto por las buenas canciones, recibiendo muy poco pago por tan buen trabajo.
Participamos en el diseño del disco que sacó con Random Fate, la banda que da rienda suelta a sus inspiraciones: fue un gran placer que tengo como trofeo en el revuelo de mis cedés. Ahora alterna las actuaciones del grupo con la semicefalia en Spainglish, haciendo versiones que tienen la mar de éxito, pero yo sé que se desvive por regalar sus propios temas, menos comerciales pero más cosidos a la entretela. También sé que son muy buenos.
Rick me manda información cada vez que va a tocar, algo que le agradezco. Buscando Random Fate en MySpace se le puede seguir muy bien la pista, pero por si tienes la oportunidad te avanzo que toca sábado y domingo muy cerquita de aquí (ver carteles: + fotos). Para no perdérselo.

Que nadie me pregunte por qué hoy es un día de bajón porque seguramente no le responda. Tan abajo está mi capacidad de respuesta. Sí diré que entre las noticias del día me alegra que por fin se dignifique un poco la escena musical para la juventud burgalesa, por lo que promete ese proyecto llamado El Hangar y que ha sido realizado en tiempo y forma a pesar de las iniciales suspicacias.
Porque conozco a la gente que lo lleva –en particular con Pinky comparto amistad nacida de la propia música y extrapolada luego a otras facetas vitales– sé que la cosa por fin puede funcionar gracias a este excelente recurso, que ya es la envidia de muchísimas localidades y sus músicos. El Hangar parece resolver de un plumazo muchos de los problemas que han hecho inviable el triunfo a gran escala de unos cuantos grupos de aquí, que por ser de aquí nunca pudieron salir de la sombra. Estoy absolutamente seguro de que, si funciona como dicen y a Pinky y su gente les dejan trabajar, pronto tendremos muy buenas noticias para nuestras bandas. "Desde El Hangar, a despegar" podría ser el lema y ojalá, de una vez, se pueda hacer justicia a tanto talento vaciado sólo para la intimidad.
También resolverá un problema para los aficionados, pues por fin existirá un lugar estable donde traer a las mejores formaciones nacionales y extranjeras, de las que Pinky, lo aseguro, sabe mucho más que un huevo. La calidad, como el valor en la mili, se da más que por supuesta. Los grupos burgaleses, por su parte, podrán curtirse en las tablas locales y darse la satisfacción de tocar en público con recursos profesionales. Casi nada.
Hemos de celebrar como merece este siroco. No cuadra mucho que los que gobiernan la "city" anden potenciando la música joven mientras tienen abandonaditas las obligaciones con la Escuela de Música Municipal, que ha dejado compuestos pero sin plaza a más de la mitad de los aspirantes. Si no lo veo no lo creo... Me ha parecido oír cómo lloraba don Antonio de Cabezón entre un desmayado "Viva la Música" de Antonio José.
Mis mejores deseos para que esta aventura cuaje en lo que promete. Que de El Hangar salgan vuelos directos a la buena música y que tantos virtuosos instrumentistas como campan por ahí nos regalen sin excusas lo mejor de su arte. Mi bajón ha mejorado sólo por soñarlo.
A la guan, a la chu, a la guan-chu-tri...

Ojalá estuvieras aquí, nadando en la misma pecera. Ojalá regresaras del dolor hasta ese cielo azul que huele a paraíso. Quizá lo intuías en aquella sala de música de la Universidad Laboral de Logroño, sabías de algún modo que esta canción iba a marcar la senda capaz de bordear el infierno. Los mismos miedos, las mismas jaulas donde los héroes se convierten en fantasmas encierran el tiempo que no pasa y que se eleva, vertical e inocuo, más allá de los fríos raíles de acero.
Ojalá tras la máscara se oculte una sonrisa preñada de dientes blancos: hubiera querido conservar aquellos pálpitos lisérgicos que tanto me explicaban, pero siempre había un día siguiente al gran único día que dejamos pasar. Y así fueron atravesando muchos días sin árboles, por las cenizas de lo ya vivido, e intenté aprender a respirar en ese aire abrasador de las ausencias. Pink Floyd pasó por San Sebastián y algo faltaba en medio de la plenitud. Alguien no estaba.
Así que hoy recuerdo como recuerda el mar el marinero perdido en un bosque. La efeméride cita a Richard Wright, hace un año que murió y las disputas con el genio de Roger Waters se fueron allá donde brillan los diamantes, a la cara oculta de la luna que nos eclipsa. Ojalá haya encontrado bellos los sonidos del viento cósmico.
Waters nos emocionó en Granada con el agua en cascada empapando desiertos internos, convirtiendo las almas en lagos navegables. Y, sin embargo, algo faltaba para completar el círculo, para hacer de la luz un haz de colores después y antes del fundido en negro: el prisma giraba en soledad perdido entre miles de clases de animales distintos, juntos en aquella cueva, cada uno con su piedra.
Ojalá no fuera todo así, ojalá nunca faltara nada. Ojalá disfrutes si te dejas llevar por la canción hasta el final, cuando las teclas de Wright convierten la ausencia en viento que viaja al infinito.
Ojalá. Siempre.
Para puristas: ( http://www.youtube.com/watch?v=q1moiym6-Nk&feature=related )
Para románticos: ( http://www.youtube.com/watch?v=xPm4GH3UUC8&feature=related )

El próximo domingo se cumplirán 40 años, toda una dictadura temporal, desde que los cuatro componentes de The Beatles se reunieron por última vez en un estudio. Yo supe de ellos justo en ese momento, cuando se separaban, porque la noticia de su ruptura y la conmoción subsiguiente atravesaron como por mantequilla caliente la estrechez informativa del franquismo.
La fascinación que me producía este grupo en aquellos tiempos no se ha roto jamás, pues, al contrario que con otras músicas, siempre me apetece escuchar un tema de The Beatles cuando suena en cualquier parte. Fanático como fui desde cuatro años más tarde de sus satánicas majestades, he de decir a día de hoy que la dimensión mítica de las piedras rodantes tiene en mi cabeza un tamaño menor, sobre todo porque cualquier canción de los Rolling fabricada más allá de 1978 no la considero imprescindible en mi discografía básica.
Desde los años sesenta, todas las generaciones deben algo a este grupo de Liverpool que desde la caverna llegó al firmamento con diamantes, toda una evolución humano-divina que cambió la música y las dimensiones emocionales del ser moderno. Aquellos cuatro chicos de Liverpool con flequillo (ahora parece que vuelve esa moda) lograron influir en las masas con mayor eficacia que todos los filósofos del siglo. Y todo con sencillos acordes de corte ye-yé, letras facilonas y coros canoros que descubrían para la historia el fenómeno "pop".
Todos ellos en solitario han tenido mis respetos, pero no la emoción que me produjeron en grupo. Ni siquiera la desaparición de Lennon y la avalancha mediática que siguió al suceso impactaron en mi ánimo más que la primera escucha de "Hey, Jude", "Let it be" o "Back in the URSS".
Hoy se anuncia la salida al mercado (maldito mercado) de los catorce álbumes editados por The Beatles. Al parecer la muerte de Michael Jackson, que era el poseedor de los derechos de la banda, no ha influido en el objetivo de remasterizar aquellas grabaciones, depurarlas y convertirlas en estéreo, un trabajo de ingeniería supervisado por Paul y Ringo que también es del agrado de los herederos de John y George. Además, el plato se rodea de curiosidades, algunas inéditas aún (hay que ver lo largo que es el camino de la fama) y se presenta en conjunto o por separado. Apuesto a que en las próximas alegrías navideñas los Beatles van a estar rodeados de un montón de papel de colores.
Hoy he atravesado el paso de cebra de la calle de abajo y me he visto en Abbey Road, rodeado de flores y sintiendo que lo único que necesito es amor. Como todo el mundo.

Entre las pocas cosas que me atrían de la programación de fiestas figuraba el concierto al que fui la otra noche. En el Camino de La Plata tocaba Loquillo, pero estaba seguro de que no disfrutaría tanto con el catalán como con una nueva actuación de The Soulutions. También es mala leche, hacer coincidir estos dos eventos y no programar a la banda burgalesa el mismo día y a la misma hora que Raphael o Los Chichos, seguro que la plaza de la Virgen del Manzano habría tenido más gente para gozar de este grupo que lleva cuatro años haciendo milagros.
The Soulutions es la demostración de que esta ciudad es una mina de diamantes culturales que no se sabe explotar. Formar una banda de estas características y llevarla al nivel que tiene es una obra de arte trabajadísima que sólo un burgalés de Escocia como Ali Hamilton (ex Fool Moon) podía idear, engranando una colección de sensacionales músicos y magníficas voces para rendir culto al "soul" con la mejor de las ceremonias.
La primera vez que les vi quedé impresionado, y me alegró conseguir que fueran ellos quienes hicieran el concierto de presentación de La Palabra de Burgos. Entonces era inevitable el paralelismo con The Commitments, el grupo de la película de Alan Parker, pero hoy en mi cabeza ya no se acomoda bien el símil, porque The Soulutions han sido capaces de fabricar su personalidad propia y en concierto arrasan por su propio poder y no por imitación, incluso son capaces de crear temas propios de encomiable factura. Nada que ver ya con los dublineses.
El concierto de estas fiestas estaba mal programado, había llovido y los técnicos se estrellaron contra un cable rebelde que producía interferencias y sonidos molestos, pero aún así la energía de The Soulutions fue saludada con satisfacción por quienes allí pasamos tan buen rato. El magnetismo que genera la calidad de los intrumentistas está capitaneado por la rotunda voz de Ali, auténtico "alter ego" del mejor Van Morrison, y secundado por la guitarra de Jesús, el bajo de Toby, la percusión de Rodrigo y las teclas de Javier, todos ellos con lustros de experiencia en el crudo paisaje del rock local. Todos muy muy buenos.
En los vientos eché de menos al rumano Vasile y su afilada trompeta, pero el suplente sopló y suplió con dignidad. Los saxofonistas Igor y Raúl sufrieron al principio el terrorismo del cable pero luego remataron con poderío, al igual que Miguel, que con su armónica completa una sonoridad inmejorable para el "soul" pero también para el "rock and roll" o el "rhythm and blues". Y como broche lujoso, además de impactante seña de identidad, volvió a resaltar la magnífica actuación de las tres vocalistas femeninas, las "Supernovas", que merece capítulo aparte.
A Estrella y Nerea ya las conocía. Para mí la primera es Tina Turner y la segunda Aretha Franklin, casi casi las veo negras y siempre me dejan con cara de bobo cuando las escucho. Además de unas voces privilegiadas ponen un encanto en el escenario que hipnotiza, en sus solos o en las estupendas coreografías "soul" que ejecutan. La nueva "Supernova", creo recordar que se llama Mónica, evitó que echáramos de menos a Silvia y estuvo a un gran nivel. En definitiva, una magnífica puesta en escena, un sonido espectacular a pesar de los incidentes técnicos y un repertorio cuidadísimo que hace las delicias del público.
Porque, amigos, The Soulutions reproduce con brillantez las canciones más emblemáticas del género, sin que les arredre medirse a Ray Charles, Joe Cocker o James Brown, haciéndolos vivir en su sabor genuino y liberándolos de la imitación verbenera. Pero además crean sus propios temas e incorporan piezas como la que me encandiló la otra noche, esa versión del "Get Ready!" de Rare Earth que resulta todo un milagroso impacto. Mucho nivel para una banda que merece todas las oportunidades para seguir en esto y todo un orgullo que tanta buena música se fabrique aquí.

A caballo entre dos ciudades distintas, cambiaba hasta de nombre cuando me desplazaba de Burgos a Zaragoza, y viceversa, para estudiar en la Universidad de allí y poner música y copas en los bares de aquí. Dos realidades muy diferentes no exentas ambas de su malicia entonces, cuando mantener la beca y seguir el ritmo de la "movida" eran necesidades parejas, bendita sea la juventud y su inconsciencia.
Allí, en el Interferencias –un bar fugado del atraso musical generalizado que aquejaba en los primeros ochenta a la capital maña (lo más avanzado en los bares de éxito era The River de Bruce Springsteen)– tenían el último single de The Jam, que hacía furor en Inglaterra. Lo encabezaba un tema que cautiva desde el principio con su ritmo sólido, esa gran entrada de bajo a la que se suman el teclado y la persusión estallando en redoble, no podía evitar que la pierna se moviera sola.
"Town Called Malice˝ es una de las canciones que adornan mi vida. El seguimiento de los Jam venía de antes, más por los chascarrillos de sus líos con los Clash, repletos de mal gusto al mejor estilo punk, o por los follones con Sid Vicious de Sex Pistols, a quien Paul Weller –voz cantante y alma mater de The Jam– partió literalmente la cara de un botellazo en una noche de ésas. Cosas del No Future.
Pero The Jam, dentro del punk, era algo aparte: sus ritmos reestudiaban la simpleza de los Pistols y además no comulgaban con la estética salvajemente agresiva del pelo en pincho, sino que preferían las chaquetillas y la finura casi eterna de los "mod". A mí eso me encantaba, había encontrado la evolución natural para mis adorados The Who o los idolatrados The Kinks, aunque mis amigos me decían que esos, y otros tan salvajemente atractivos como desconocidos que se llamaban U.K. Subs, eran un tanto aburridos.
Nada de eso: "Town Called Malice" era el tema definitivo, la culminación del proceso que subía The Jam a la categoría de grupo legendario. Y yo tan contento en la soledad de ese conocimiento, horas y horas en el Interferencias sin acordarme para nada de que aún no había fotocopiado los apuntes, de mermelada en mermelada.
En la otra vida, la de Burgos, The Jam no existía o no se pinchaba nada por los tres bares con música de la época. Así que la noche que Francho puso "Town Called Malice" en su sesión nocturna de la discoteca La Oka –un placer que procuraba no perderme– dí un bote y salí a la pista emocionado, vaciándome en los brincos de una danza solitaria (porque me quedé solo) hasta que el tema terminó.
Aquella fue la primera vez que hablé con Francho, que ya entonces estaba en Radio Castilla, un pozo de sabiduría musical aliado con la inquietud de tiendas como Zeppelin o Discos Clash. Creo que le mareé un poco, porque cada vez que iba le pedía la misma y con esa canción se solía vaciar la pista. Pero él me la ponía cuando ya no había tanto jaleo o cuando había tantísimo que era imposible el vacío. Gracias, Francho, gracias también a Miguel "Ambulancias" (no sé por qué le llamábamos así, pero siempre era en plan cariñoso, le recuerdo como un gran tipo) y a Iván, hoy en Bar Iguana, que también me sufrieron en esos lances.
Por ese tiempo tuve una premonición, porque la canción acabó instalándose en mi cabeza endulzando la idea de intentar sobrevivir en Burgos, una ciudad entonces como ahora cargada de malicia. Cada vez que la escucho encuentro la potencia que autoafirma y que impela a gritar para liberarse de esa niebla maliciosa repartida entre estos muros. Recomiendo ponerla como mandan los cánones, a volumen brutal, y que el cuerpo haga el resto. Es pura medicina.
( http://www.youtube.com/watch?v=r3fDXsPE0Sc )

Hoy han apresado al que parece ser uno de los autores materiales del asesinato de Víctor Jara, que fue brutalmente torturado y muerto pocos días después del golpe militar encabezado por Augusto Pinochet en 1973, cuando se acabó con la legitimidad democrática en Chile gracias al apoyo ya desclasificado (aunque no hacía falta, por evidente) de los Estados Unidos.
Victor Jara era un hombre del pueblo, incansable trabajador cultural con pasión y dedicación desmedidas por y al teatro, que un buen día decidió poner música a sus poemas, atrapar sones de aquí y de allá y brindar las canciones resultantes a la colectividad. Comunista convencido y militante, tuvo la mala suerte de ser capturado en la Universidad chilena y conducido al horror de un estadio donde encerraron como alimañas a más de 5.000 personas.
En los primeros días de aquel golpe militar indecente (hay pocos decentes, pero la Revolución de los Claveles portuguesa fue poco después y ni comparación, ahí no parecía estar la CIA de por medio) la confusión y el pánico albergaron todo tipo de desmanes cometidos por los colectivos armados encargados de "poner orden". En aquel estadio, que hoy se llama como el cantautor, Víctor Jara fue uno más de los centenares de detenidos que fueron torturados.
Dicen que por ser conocido se cebaron más con él, que le arrancaron la lengua en plan simbólico, para que se le fueran "las ganas de cantar subversiones", y que le destrozaron las manos a culatazos hasta dejarlas como inservibles muñones "para callar también a la guitarra". Después le atravesaron con 44 balas, una por cada año que había cumplido y cuatro tiros de gracia.
Treinta y seis años después uno de sus asesinos puede pagar por su crimen, pero ya da lo mismo, ninguna justicia puede devolver al hombre, como no se puede regresar a Lorca o a Antonio José, que nos pilla tan cerca. Satisface mucho más saber que aquella muerte horrible permitió que la voz de Víctor Jara poblara el mundo y que llegara, como a mí me llegó en la adolescencia, directa a conquistar millones de conciencias.
"Te recuerdo Amanda" es su mejor canción, entre otras cosas porque es menos explícita desde el punto de vista político y se ceba más con el sentimiento individual en un par de fotos fijas. Pero en la formación de un espíritu de igualdad, dignidad y hermanamiento entre los seres humanos han sido muy importantes otras muchas, símbolo incluso de toda una generación.
Entre esas canciones figura, sin duda, "Manifiesto", que es a la vez premonitoria y esperanzadora. Se comprueba que Víctor Jara no cantaba por cantar, el peligro estaba ahí y por haberlo denunciado lo mataron. La enseñanza que nos deja es que no sólo es una obligación avisar de los peligros, sino que entre todos hemos de acabar con ellos, para que nuestro futuro como seres libres con derechos inalienables no se vea tan amenazado. Y cuidado, si no tomamos buena nota de las enseñanzas de la Historia, estamos abocados a contemplar cómo se repite: las casitas del barrio alto siguen insultando al pueblo con sus rejas y su antejardín, no lo olvidemos.
( http://www.youtube.com/watch?v=en8yqVxuT-U )


Mi historia de amor con Chrissie Hynde comenzó en 1980. Había escuchado su voz en un programa de Radio Zaragoza que era una delicatessen para nuestro inquieto paladar devorador de música británica: Rock alrededor del reloj se llamaba el espacio. Allí supe que esta chica cantaba en un grupo llamado The Pretenders y que era capaz de poner mucha carne al "Stop Your Sobbing" de mis idolatrados The Kinks. Me gustaba mucho, esa manera de cantar me subyugaba. Hoy he vuelto a escuchar su voz en la radio al pasar, cantaba un tema para mí desconocido, y me ha parecido tan fresca y atractiva como la primera vez.
El amor visual llegó una mañana de aquel año, en un bar. Era la primera vez que veía un videoclip en la tele y tenía una resaca del quince, la chica que había trasnochado conmigo acabó mosqueada (perdona, María) porque la ignoré hasta el olvido mientas en la pantalla aparecía el vídeo que dejo enlazado abajo. Quedé prendado de la protagonista del clip, y de la gracia con que movía el personaje de la camarera, en la visualización de un tema absolutamente hermoso como "Brass in Pocket". Insisto en que era el primer videoclip que veían mis ojos.
Recuerdo que después de Pretenders pusieron –creo que el programa lo hacía Carlos Tena– "Atomic" de Blondie y entonces la chica que me acompañaba ya no pudo más y se marchó. Definitivamente. Pero yo tenía muchas ganas de volver a ver a Chrissie, que no era precisamente una sex symbol pero en su rostro desplegaba el eterno femenino inexplicable que me atrapaba sin remedio. A su lado Blondie era un producto de lata, de consumo mucho más fácil, con menos riesgos.
El primer LP de Pretenders me llegó vía importación, como tantos de entonces, a precio de fichaje de la Premier League. Adoraba la chupa roja de la Hynde y su pose desafiante, pero eso fue lo menos cuando me enganché a sus canciones. La obsesión por aquella mujer iba in crescendo.
Conseguí el segundo álbum y me enteré de la muerte de su pareja, el bajista del grupo, sucedida en 1983 menos de un año después que la del guitarrista. La guadaña del rock había cercenado la mitad del grupo, pero Chrissie consiguió hacer de la marca The Pretenders un éxito de masas. Entonces me dediqué a observarla a ella más que a sus canciones. Cuando por fin la vi en directo comprobé que los que la amábamos éramos legión. No recuerdo si lloré.
Chrissie Hynde es para mí prototipo de mujer valiente, inteligente, artista, autosuficiente y segura, una imagen que se ha labrado andando por el filo que separa el cielo del infierno en el rock and roll. Luchó por tener una banda propia después de haber sido rechazada en varios grupos y acabó dando trabajo a quienes la habían despreciado. Viajó por los suburbios que pateaban los Sex Pistols (romance con Syd Vicious incluido), trabajó de dependienta para Malcolm McLaren y se enrolló con Ray Davis, su ídolo en la adolescencia, antes de casarse com Jim Kerr, el vocalista de Simple Minds. Para la posteridad concibió y parió una hija de cada uno. Good save the Rock.
A estas alturas la veo ya más como empresaria, caminando hacia los sesenta y conservando mucho de su atractivo físico (que se lo pregunten a Debbie Harry), haciendo industria con la maquinaria de The Pretenders y deslenguándose cada vez que le apetece defender alguna de las causas en que anda comprometida, que son unas cuantas. Vegetariana por convicción, ése es uno de los aspectos que pueden hacer difícil que ella me aprecie. Aunque, si es por su amor, comeré sólo espinacas mientras me canta al oído dulcemente.
( http://www.dailymotion.com/relevance/search/%22Brass+in+Pocket%22/video/x1l2ip_pretenders-brass-in-pocket_music )



A veces es difícil salir del bosque, puede que no encuentres referencias y crezca la angustia de sentirte perdido, o puede que disfrutes perdiéndote. Por muchas razones, en mi cabeza el concepto de bosque funciona como un símbolo y su semiótica encauza conceptos muy diversos: no es el mismo bosque el amenazado por los planes de la Junta que el de las escuelas infantiles también angustiadas por el mismo lobo, pero ambos comparten símbolo.
El bosque de cada uno está plantado de antes y cada cual lo adecenta o lo destruye con el hacha de la vida; algunos lo convierten en pradera, otros en ciénaga y algunos más en parque, en fuerte, en puente... También hay quienes terminan por incendiarlo.
Hoy quería hacer una entrada musical y el símbolo me ha dejado impregnada una canción –"A Forest"– como banda sonora de la semana. Desde que la escuché por primera vez, por efecto del contexto vital y quizá alguna otra sustancia, descubrí que era un tema muy adecuado para la introspección y me reafirmó en la incipiente pasión que derrochaba por The Cure en mis veinte primaveras.
Fascinado por la personalidad de Robert Smith, tuve en mi poder uno de los primeros discos de The Cure que entraron en España (vía importación y a precio de caviar), el primer LP de la banda, Boys Don´t Cry. El grupo la había liado con su primer single, "Killing An Arab", objeto de todo tipo de malinterpretaciones, pero el primer álbum confirmaba que no era ningún lanzamiento artificioso, sino que esos chicos estaban destinados a revolucionar el panorama musical existente.
Inmediatamente después llegó Seventeen Seconds, álbum en el que "A Forest" brillaba como tema destacado y donde ya se podía adivinar lo complicado que tiene el líder de The Cure su bosque particular (me resulta parecido al bosque de Thom Yorke, de Radiohead, es curioso). Continué con el fanatismo por el grupo hasta la aparición de Close to Me en el 85, cuando ya no se importaba a The Cure y me importaba bastante su globalización. En el camino, un tema como "Love Cats" resultó esencial para que mi vida privada sea como es, así que no fue sólo una pasión pasajera.
Recuerdo muy bien los tres conciertos de The Cure a los que asistí, el primero en el campo del Moscardó, en Madrid, y sobre todo el segundo, en San Sebastián, porque organicé un viaje de casi cien burgaleses en autobús de dos pisos con todo tipo de aventuras e incidencias. Madre mía, la juventud: si nos viéramos por un agujerito...
Y recuerdo sobre todo cuando hablo del grupo a un gran amigo: Juan Carlos Espeja, "Iovanni", un burgalés que hace magia con los sonidos en Madrid y con quien compartí momentos inolvidables por efecto de esa música curativa que es el símbolo de nuestra juventud. Donde estés, Iovanni, un abrazo de bosque a bosque.
Para quien quiera darse una vuelta por "A Forest", he encontrado una actuación en directo que suena bien en http://www.youtube.com/watch?v=dD60juKhnDQ y que recomiendo a todo el personal. Feliz paseo.

Hace 30 años, Mick Jones y Joe Strummer, con la ayuda de Paul Simonon (me hacía gracia que fuera casi tocayo, y me veía a mí mismo destrozando la guitarra en la portada) daban forma a uno de los discos que más han influido en el rock de estas décadas. London Calling, que apareció en agosto del 79 en Europa, ofrecía a un precio magnífico una montaña de música fresca, combativa y punzante en forma de vinilo doble.
The Clash abrió con este trabajo una fecundísima brecha en el panorama musical. Por el mismo agujero por donde se colaban la estética y la radicalidad suicida de los Sex Pistols como estandarte mediático del punk, destiladas en la máxima "No Future" para espaldas de chupa y chapas de solapa, aparecía la propuesta seria y nutriente de unos londinenses que elevaban la protesta a la categoría de reivindicación. Estos "punkis" resulta que tenían ideales.
El disco me apasionó en su día y acompaña mi discografía básica. Resiste el tiempo como pocos y agrada descubrir sutiles senderos por los que después han caminado otros, en primer lugar los propios The Clash. Trabajos posteriores como Combat Rock o Sandinista son inmensas lecciones de cómo evolucionar musicalmente sin corroerse a lo Stones, incluso secuelas como Big Audio Dynamite reflejan la dignidad artística de los grandes creadores. Fallecido Joe Strummer, la banda está a salvo de la reunificación, así que para ella no habrá decadencia.
En España London Calling triunfó muy deprisa (el precio tuvo mucho que ver) y se extendió por los bares de una incipiente movida que en Burgos se reflejaba de manera muy particular, compitiendo el colorido y tamaño de las crestas de la Llana de Afuera con las de la puerta de La Bobia en el foro madrileño. Era una gozada pinchar todos los temas, funcionaban siempre, y en particular "Spanish Bombs". Su estribillo en español del oeste de Londres "yotequeroinfinito-yotequero-omecorasóoon" se coreaba en las tardes del sábado, con el local hasta los topes.
En – http://www.youtube.com/watch?v=u-qcy0-7ngw&feature=related – se puede ver un vídeo de esta canción ilustrado con imágenes de la Guerra Civil, algunas de ellas de las que por España poco se han divulgado. Tal vez porque persiste ese pudor enquistado que tanto mal hace a la recuperación de la memoria. No sólo histórica; sobre todo, ética.
Para ver las cosas más claras, a veces es necesario seguir llamando a Londres.

Y no es noticia, porque Tuco toca muchas veces. No para de tocar. Hoy mismo lo hace en el Ambigú, esta noche, pero su agenda rebosa de actuaciones. Varias veces a la semana, este burgalés que se licenció en Derecho por darle una alegría a su padre, aunque se entretuvo bastante en la tarea, se sube a un escenario como cuando tenía 18 años y convivía con lo más primerizo de la "movida", con la misma ilusión. Su público, el de siempre o el que le descubre de repente (alguno hay), se lo agradecemos.
Hace tiempo que Tuco renunció a ser Don Vicente en un bufete y enchufó su vida al teclado que le acompaña, seguramente por caminos más duros de recorrer, pero tal vez también más amplios de miras. En mi opinión, Tuco tiene alma de poeta, más que de músico, y trata de vivir en consonancia sin rehusar la sonrisa, que hay abundancia de poetas amargos.
En esta ciudad su figura ostenta el decanato del rock, creo que nadie acumula tantos años en activo ni ha prodigado más actuaciones, gracias a su excelente capacidad de adaptación al medio. Por su banda, los Definitivos (nada más irónicamente duradero), han pasado provisionalmente decenas de músicos locales que han aprendido a acompañarle mientras a Pinocho le crecía la nariz o se quedaba en bolas para bailar rock and roll.
Soy testigo de la injusticia histórica que la industria discográfica le hizo a Tuco en su día, no reconociéndole como visionario del porno-rock y encumbrando en aquel filón a gente más porno y menos rock, pero con muchísima menos gracia que la aportada por Tuco en sus letras. El rock burgalés sigue pagando un doloroso tributo por su encierro inquebrantable, pero Tuco sigue en la brecha y aparece en cualquier escenario veinticinco años después y sonriendo como la primera vez.
Sólo deseo que este ánimo, el de animal de escenario, le siga dando felicidad por mucho tiempo. Cada vez que llega el anuncio de un concierto suyo con destino a la agenda me da un subidón de orgullo rockero.

Siempre he sentido debilidad por las voces femeninas y por la música hecha por mujeres. En la época en que ponía música por los bares presumía de una estupenda colección de féminas capturadas en vinilo, que he seguido aumentando con menos ritmo que antes pero idéntica pasión. Pensaba entonces que en la historia de la música las mujeres habían tenido muy poco protagonismo y que la moderna industria discográfica estaba en condiciones de recoger esos frutos que la revolución social de los sesenta había cosechado en materia de emancipación. Creo que ha sido así, pero que todavía estamos empezando. Aún hay pocas directoras de orquesta, por ejemplo.
Hace ahora un año me llegaron noticias de esta mujer francesa, Camille, en la que descubrí una voz nueva con múltiples registros y una atractiva deconstrucción minimalista del pop que permitía encuentros con otros universos musicales. Al principio pensé que su música era apta para degustar solamente en momentos muy especiales, pero poco a poco esa idea se ha ido conformando con la certeza de que la puedo disfrutar intensamente a cualquier hora. Camille me ha hecho pasear por Francia, fabricando paisajes llenos de caminitos inexplorados.
He pensado que podría ser una buena recomendación para este fin de semana. Camille cuenta con una atractiva web - http://www.camille-music.com - donde se puede disfrutar de su voz en francés e inglés. También hay vídeos de ella en los sitios que todos sabéis, aunque eso ya no lo enlazo, es muy fácil seguir el hilo si interesa el ovillo.


Admitir que 2008 ha resultado un año duro no es muy original, ha sido así para mucha gente, así que no vale lamentarse sino buscar cualquier resquicio de esperanza para que la máquina siga con ilusionada obstinación hacia adelante.
Hay cosas que ayudan, una de ellas me acompaña mucho estos días, desde que mi amigohermano Curro me envió desde Málaga la Bella el nuevo disco de Tabletom. Llevo una semana subido al carro de su rock andaluz incombustible, con su dosis de blues, de reagge, de jazz, de funk... Me gusta mucho.
Aunque Rockberto tenga una menor presencia en algunas canciones, los hermanos Ramírez muestran lo mucho que saben, conformando un trabajo que dora más aún la leyenda de Tabletom.
Me he dicho que es una buena manera de desear lo mejor para 2009 a todos los lectores. Ojalá sigamos en las nubes, flotando en la magia de comunicar, que sean para todos un colchón de satisfacciones.
Y después de los deseos, con vuestro permiso, tengo que cantar un estribillo:
Por nuestra antigua fe en la hipotenusa,
por nuestra condición de perdularios,
por el mal pago que nos da la musa
¡somos libertarios!
Feliz Rock09.

Entre las muchas cosas que facilitan el amor que siempre he sentido por la tierra malagueña, el conocimiento de Tabletom y el disfrute que durante treinta años me han procurado sus discos y conciertos es un ingrediente fundamental. Recuerdo la primera cinta (entonces se pasaba del vinilo al casete) que me grabó mi amigo Curro y que dejó su cromada imantación kilómetro a kilómetro, vuelta y vuelta, por mis años jóvenes. Me habré comido miles de cazuelas de rock.
Me sigue sorprendiendo que Tabletom nunca haya sido un fenómeno comercial, porque la calidad de sus instrumentistas y el poder de los temas de su repertorio pueden dejar en feo a muchos grupos de éxito y credibilidad sonora que luego no son tanto. Curiosamente, su canción "Me estoy quitando", un homenaje al gran Camarón de la Isla, fue todo un bombazo que encumbró a Extremoduro después de que Tabletom la desgastara en los escenarios. Cosas de la industria discográfica.
En el fondo me alegro, porque tengo la certeza de que todo lo que se masifica se corrompe y, de este modo menos rentable para ellos (eso es lo que siento), los incondicionales de siempre podemos disfrutar con su arte de modo más cercano y exclusivo. Me acabo de enterar en su web en obras (que la reparen pronto, por favor) que en diciembre aparece un nuevo disco y ya estoy deseando comprarlo, llamaré a Curro para que esté atento.
Entre las joyas de mi discografía cuento con algún ejemplar firmado y dedicado por el propio Roberto, el carismático cantante y "espíritu santo" del grupo, un vocalista inimitable capaz de dar verdad como ningún otro al estribillo: "Mira si soy desgraciao, que pa no verme mi sombra mira pal otro lao".
Podría decir muchas cosas sobre ellos, pero evidenciaría constantemente mi parcialidad, así que quien sienta curiosidad puede echar un vistazo al vídeo que dejo enlazado y perseguir sus trabajos en la web. Ya aviso que la calidad de los archivos que se encuentran es escasa, pero es lo que hay: Tabletom, como ya he dicho, no es un fenómeno de masas y por eso su chocolate sabe tan bien.
http://video.google.es/videosearch?hl=es&q=tabletom&um=1&ie=UTF-8&sa=X&oi=video_result_group&resnum=4&ct=title#

Me corroe la curiosidad. Desde que sé que Amaral, uno de los grupos con mayor tirón taquillero de la música nacional, actúa en Burgos el día 11 de diciembre, no paro de darle vueltas a que en las pasadas fiestas de San Pedro y San Pablo se puso como excusa el elevado caché para argumentar su no inclusión en el deslucido cartel de conciertos, trayendo en su lugar a un anacrónico y carísimo triunfito, un tal Bustamante, que parece contar con el tilín de alguna técnico de Festejos.
Ahora resulta que es la Diputación Provincial, cuya solvencia económica es aún peor que la municipal, la que se atreve a contratar al dúo de Zaragoza para vestir su Certamen de Cantautores, una actividad loable pero de menor dimensión que unas fiestas patronales con coletilla de 2016. Digo yo que si la Diputación cuenta con dinero para esto tendrá asegurada la próxima edición de la Vuelta Ciclista a Burgos, que en repercusión mediática no es comparable; aunque lo que me digo yo, no sé por qué, suele contradecirse.
Me intriga también la elección del lugar: el Teatro Principal no parece el mejor continente para una masa de fanáticos que el 11 de noviembre, cuando salgan las entradas a la venta, pueden llegar a los navajazos por conseguir un tique. En el Principal caben malamente 800 personas, contando las invitaciones (ojo al trapicheo) pases de prensa, back stage y demás. En San Sebastián tocan mañana y pasado –en el Kursaal– y las entradas se agotaron en pocas horas para ambos conciertos.
Trataré de conseguir el dato de cuánto cuesta la actuación: imagino que, como a la fuerza será un concierto bastante "desenchufado", algo se rebajará el precio que cobran en verano, pero no será un saldo. Nadie dice cuánto pagarán por la entrada los interesados, seguro que todavía están los promotores haciendo cuentas.

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