
Ayer era noticia en nuestro periódico digital –la publicamos en primicia– la devolución de un sobre con dinero que había sido encontrado por una ciudadana. El hecho era noticiable por varias razones, la primera de ellas por la importante cantidad en un sobre sin información alguna y con un contenido que podría marear: once billetes de quinientos euros, de esos que dicen que existen pero que sólo algiunos afortunados han visto.
La actitud de la ciudadana para algunos es un gran gesto de urbanidad y honradez y para otros una estupidez palmaria. No voy a entrar a valorar eso, porque cada cual tiene en su conciencia lo que haría en un caso similar y, a fin de cuentas, el dinero sin nombre es huérfano desvalido que no tarda en encontrar quien lo proteja. A mí me recordó nada más saberlo aquella película de José María Forqué, "Un millón en la basura", en la que José Luis López Vázquez encuentra un maletín con un millón de pesetas de las de entonces, lo que da pie a una comedia que lleva implícita la tristeza de aquella España cutre en pleno franquismo y que concluye con la correspondiente moralina de la honradez del pobre.
Pero, qué le vamos a hacer, el hecho de que ese suceso esté enmarcado en las oficinas del Ayuntamiento aporta un valor añadido que abre las puertas de la imaginación. Aparecido el propietario, se hace saber que "iba a hacer unos pagos", lo que ha de darse por conforme a falta de mejor versión pero que a mí, que soy tan raro, me deja mosca por lo singular de que pagos de tanta importancia no se realicen con la seguridad de las transferencias bancarias, máxime si forman parte de una actividad empresarial que ha de contar con la procedente transparencia contable.
Dando vueltas a esa rueda yo aparezco siempre en la misma playa. El dinero que así se mueve compra cosas que no tienen visible la etiqueta del precio ni están reguladas por la UE. El lugar donde se extravía es el propio mercado, para qué ir más lejos. Qué compraba o a quién será más difícil saberlo, aunque conozco los nombres de media docena de candidatos entre técnicos y políticos en el gobierno municipal que no le harían ascos a una buena paga extra.
No invito a nadie a compartir mis reflexiones: son mías y punto. Cada cual que piense en libertad si le parece adecuado, pero nadie olvide que –según las estadísticas de Correos– por cada sobre perdido hay miles que llegan bien.

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