


El calvario que vive la Sociedad Protectora de Animales de Burgos con la perseguida reubicación de sus instalaciones está poniendo de mal café a quienes están sensibilizados con el tema, sobre todo a los voluntarios que día tras día atienden las necesidades de más de 150 chuchos que no tienen hogar.
Los voluntarios merecen mi admiración, del mismo modo que quienes son capaces de abandonar a su suerte al animalito, que ya no cae tan simpático o requiere atenciones que sus dueños ya no están dispuestos a dar, se ganan el desprecio. Más loor para los amantes de los animales si se añade que esta gente procura un bien social importantísimo, por evitar que los perros abandonados vaguen por nuestras calles y coman de las basuras.
El Ayuntamiento trata el tema con política limosnera, aportando instalaciones y subvenciones que son claramente insuficientes y que siempre están en el alero de su aprobación o su recorte, con la recomendación tácita de todas las dádivas de "portarse bien" para seguir consiguiéndolas. En mi opinión, la política a aplicar debiera ser la de un servicio público con trascendencia sanitaria, sólo ese cambio de óptica haría obvia la necesidad de buscar las mejores soluciones para la problemática.
Hay planes que comportan lucro en el futuro de los terrenos que ahora ocupa la Protectora, así que el Ayuntamiento propone el traslado al Ecoparque, un lugar hoy nauseabundo que, según los voluntarios, es maligno para la actividad y para la salud humana o canina. La concejala Concha Girón dio un puñetazo en la mesa en la última reunión con la Sociedad Protectora, pero el alcalde rebajó en el Pleno municipal esa intransigencia, ya veremos si no es otra táctica dilatoria para que no le lleguen miles de correos electrónicos de todo el mundo –como sucedió el año pasado– protestando por el trato que este Ayuntamiento da a los mejores amigos del hombre.

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