
Ya sé que si me confieso más republicano que monárquico me voy a ganar alguna antipatía. Pero ya, perdido por decir lo que uno piensa, no me importa aventar que por muy guapo que esté el rey en los sellos, las monedas y hasta en la propia Historia –que nadie niega– me sigue pareciendo anacrónico lo de la estirpe sanguínea, para qué voy a abundar en razones.
La República resulta más razonable y cercana al ideal democrático, pero en este país tiene mala prensa y eso no lo ha conseguido lavar la certeza de su ilícito desmantelamiento por el golpe de Franco y sus generales. Conscientes los no monárquicos de la batalla perdida, el republicanismo sólo subsiste de forma políticamente rentable en Cataluña, y lo hace por su teoría federalista preñada de independentismo.
Es más productivo ocuparse de otros temas que liarse a tortas con la Constitución, así que me limito a hacer las reflexiones sobre la efeméride que hacen hoy todos los que no encuentran sentido a la sangre azul; y mañana, a otra cosa. Porque, la verdad, para darse de bruces con la dictadura de la realidad diaria hace falta mucho ánimo, y ya uno anda exhausto de batallar contra tanto modelo "democrático" de los que pueden joderte bien, con esos cuatro poderes que al final son uno: la santísima "Cuaternidad" del dinero.
Y que dios guarde al rey muchos años, donde dios suela guardar las cosas.

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