
Soy de esa generación que vivía de niño las fiestas de Burgos convencido de que la diversión más deseable era ir a las barracas en la Quinta y a los títeres de Karraskedo en el monasterio de San Juan, antes de que el Ayuntamiento "premiara" al titiritero burgalés con el exilio al patio del Fernando de Rojas. No conocíamos nada más, por eso tampoco deseábamos tanto.
Desde aquellas tardes de función absorbente, cuando salías afónico de tanto avisar a Camelín del peligro que corría y de llamar a grito pelado "Gigantín, tras, tras, tras, con tu estaca vencerás", desde entonces me han apasionado los títeres y las marionetas, y he sentido un enorme respeto por quienes son capaces de simular todo un mundo narrativo y escenográfico que hace surgir la magia con la complicidad explícita de quien lo mira.
Hoy empieza en Burgos el festival Titirimundi, pero sin mucho bollo de poca miga, que diría un paisano. Esta actividad se copió en tiempos de la alcaldía de Olivares de una magnífica idea que había puesto en marcha el Ayuntamiento de Segovia. Más que copiarse, se remedó, aprovechando que los grupos internacionales llegados a Segovia ponían más barato venir a Burgos unos días después. Claro está, no venían todos, sólo los que según el presupuesto eran asequibles.
Burgos no fue la única ciudad "inspirada" en el fenómeno, otras cercanas tuvieron la misma idea y hoy los grupos de titiriteros cuentan alrededor del Titirimundi segoviano con una pequeña gira que llega incluso a Madrid, aunque la ciudad del Acueducto sigue teniendo la titularidad del festival de títeres más importante del norte de España.
Si bien en Segovia se superan cada año en la preparación del evento, en Burgos no ocurre lo mismo: para esta edición la propuesta en nuestra ciudad es de diez actuaciones en seis días no consecutivos, con una media de 1,6 actuaciones por día. En Segovia se programan seis días consecutivos, actúan 44 grupos (entre ellos los que vienen a Burgos) y la media de actuaciones diarias es de 32.
Como todo el mundo sabe, Segovia es candidata a la capitalidad cultural de 2016. Lo que seguramente muchos desconozcan es que la ciudad vecina lleva en esto de la candidatura más de tres años de trabajo intenso que ha fructificado en actuaciones que Burgos nunca logrará equilibrar, por una simple cuestión de tiempo. Por lo que he visto en Segovia –lo de los títeres es una mera anécdota–, nos llevan tantísima ventaja que más nos valdría abandonar. Mucho más si valoramos que los segovianos andan en este empeño bastante más unidos que nosotros y sin embargo no les importa reconocer que lo tienen difícil, porque hay candidaturas muy fuertes y Castilla y León ya tuvo en Salamanca su botín, mientras el botín lo tienen ahora otros con mucho más dinero.
Una diferencia de peso entre Segovia y Burgos es que, en la primera, el deseo de ser Capital Europea de la Cultura no fue un gesto preelectoral; aunque lo más importante es la unidad social y la calidad de la gestión, que ensombrecen nuestra propuesta y dan brillo a la suya. Pero lo que me parece significativo es que Segovia no ha expresado su apoyo a ninguna otra ciudad candidata, mientras la ciudad de Málaga podrá exhibir para postularse el respaldo que le dio el Pleno municipal burgalés presidido por Aparicio. Seguro que en el consejo calificador se van a echar unas risas.
Segovia, a pesar de sus escasas posibilidades, ha movido bastante bien los hilos, no sólo los de las marionetas. Tengo la sensación de que hasta ahora nosotros sólo hemos hecho el títere. Veremos si al final de la función hay estacazos, Gigantín.

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