

Mi historia de amor con Chrissie Hynde comenzó en 1980. Había escuchado su voz en un programa de Radio Zaragoza que era una delicatessen para nuestro inquieto paladar devorador de música británica: Rock alrededor del reloj se llamaba el espacio. Allí supe que esta chica cantaba en un grupo llamado The Pretenders y que era capaz de poner mucha carne al "Stop Your Sobbing" de mis idolatrados The Kinks. Me gustaba mucho, esa manera de cantar me subyugaba. Hoy he vuelto a escuchar su voz en la radio al pasar, cantaba un tema para mí desconocido, y me ha parecido tan fresca y atractiva como la primera vez.
El amor visual llegó una mañana de aquel año, en un bar. Era la primera vez que veía un videoclip en la tele y tenía una resaca del quince, la chica que había trasnochado conmigo acabó mosqueada (perdona, María) porque la ignoré hasta el olvido mientas en la pantalla aparecía el vídeo que dejo enlazado abajo. Quedé prendado de la protagonista del clip, y de la gracia con que movía el personaje de la camarera, en la visualización de un tema absolutamente hermoso como "Brass in Pocket". Insisto en que era el primer videoclip que veían mis ojos.
Recuerdo que después de Pretenders pusieron –creo que el programa lo hacía Carlos Tena– "Atomic" de Blondie y entonces la chica que me acompañaba ya no pudo más y se marchó. Definitivamente. Pero yo tenía muchas ganas de volver a ver a Chrissie, que no era precisamente una sex symbol pero en su rostro desplegaba el eterno femenino inexplicable que me atrapaba sin remedio. A su lado Blondie era un producto de lata, de consumo mucho más fácil, con menos riesgos.
El primer LP de Pretenders me llegó vía importación, como tantos de entonces, a precio de fichaje de la Premier League. Adoraba la chupa roja de la Hynde y su pose desafiante, pero eso fue lo menos cuando me enganché a sus canciones. La obsesión por aquella mujer iba in crescendo.
Conseguí el segundo álbum y me enteré de la muerte de su pareja, el bajista del grupo, sucedida en 1983 menos de un año después que la del guitarrista. La guadaña del rock había cercenado la mitad del grupo, pero Chrissie consiguió hacer de la marca The Pretenders un éxito de masas. Entonces me dediqué a observarla a ella más que a sus canciones. Cuando por fin la vi en directo comprobé que los que la amábamos éramos legión. No recuerdo si lloré.
Chrissie Hynde es para mí prototipo de mujer valiente, inteligente, artista, autosuficiente y segura, una imagen que se ha labrado andando por el filo que separa el cielo del infierno en el rock and roll. Luchó por tener una banda propia después de haber sido rechazada en varios grupos y acabó dando trabajo a quienes la habían despreciado. Viajó por los suburbios que pateaban los Sex Pistols (romance con Syd Vicious incluido), trabajó de dependienta para Malcolm McLaren y se enrolló con Ray Davis, su ídolo en la adolescencia, antes de casarse com Jim Kerr, el vocalista de Simple Minds. Para la posteridad concibió y parió una hija de cada uno. Good save the Rock.
A estas alturas la veo ya más como empresaria, caminando hacia los sesenta y conservando mucho de su atractivo físico (que se lo pregunten a Debbie Harry), haciendo industria con la maquinaria de The Pretenders y deslenguándose cada vez que le apetece defender alguna de las causas en que anda comprometida, que son unas cuantas. Vegetariana por convicción, ése es uno de los aspectos que pueden hacer difícil que ella me aprecie. Aunque, si es por su amor, comeré sólo espinacas mientras me canta al oído dulcemente.
( http://www.dailymotion.com/relevance/search/%22Brass+in+Pocket%22/video/x1l2ip_pretenders-brass-in-pocket_music )

- lapalabradigital.es | Aviso Legal | Publicidad | Contactar -
correo: info[arroba]lapalabradigital.es