
Retrata hoy el periódico centenario de la capital a un tipo que siempre me ha recordado al conde-duque de Olivares, no sé por qué me lo imagino a lomos de percherón rampante cetro en ristre (pronúnciense las últimas palabras con mimo lingual). Óscar Campillo, flamante director general de RTVCYL (las siglas parecen un juego de Mary Poppins pero significan Radio Televisión de Castilla y León) no sólo es magníficamente captado por el objetivo de Luis López Araico, sino que con la misma iluminación favorable queda en el texto como un señor que va a conseguir hacer una tele regional para chuparse los dedos.
Hay que felicitar al reportero gráfico, componente de ese nutrido grupo de buenos profesionales que en Burgos se mueven con la cámara al hombro, porque su trabajo no miente. Pero en lo que no son fotos encuentro muchos elementos para la duda. No sé, por ejemplo, dónde va a residir la sede central del nuevo emporio televisivo, ni a cuánto asciende la "colaboración" pública que se deja en el trasfondo, ni qué trabajadores de las cadenas de antes se van a la calle. Entre otros "sinsaberes".
Es justo reconocer que quienes parten el bacalao en esta región tontos no son, al menos tres o cuatro. Conseguido el monopolio ideológico en el papel impreso a golpe de inserción, había que asegurar la telepredicación a un precio razonable y poner al servicio de la Junta los mismos servicios que presta Telemadrid a su gobierno regional. Tanto cuadró el proyecto que fue capaz de convertir sangrientas reyertas en fiesta de bodas y dar parto al telepolio. ¡Qué bonito es el amor!
No voy a especular sobre cómo será esta televisión regional, porque he visto un informativo y medio que me da para asegurar bastantes cosas, tal es su favoritismo por lo vallisoletano (Campillo no dirigirá la tele desde aquí, se lo aseguro) o la particular visión que aporta sobre el cielo y la tierra, dios y los hombres, Herrera y el público. Lo suficiente para saber que no será mi canal favorito.
Sí quiero dejar dos detalles para la reflexión: el primero, las palabras de Campillo, tal vez en un guiño incontrolado hacia el entrevistador: "Tenemos un presidente que es un lujo. Yo llevo más de 20 años como director de periódicos y puedo decir que no hemos vivido nunca un momento mejor"; el segundo, la parrilla de esta misma mañana en la programación del telepolio: a primera hora, santa misa.
Dicen por ahí que a la nueva tele han llegado currículos de Sánchez Dragó, Sáenz de Buruaga, Urdaci, Jiménez Losantos y Norma Duval. Va a ser lo más.

Dice el de la tasca de abajo que los canales de las teles de Burgos se han vuelto locos, o más locos, porque en los dos (el canal 54 no lo coge), sale la misma mosca en la que hay un cuatro grande y una pelotita muy pequeñita. Le explico que Canal 4 y Televisión Castilla y León se han fusionado y que serán un único medio en la TDT que está llegando. "¿Como las cajas?". "Algo parecido", le confirmo.
"Ya –me cuenta–, pero el de la pelotita se oye y se ve muy mal, no hay informativos y todo es diferente. En el otro parece seguir todo igual, sólo cambia la mosca". Lo pone y es verdad, tal como lo cuenta, TVCyL se ve de pena. Llamo a un colega, de estos enterados de casi todo que siempre viene bien tener como colega, y me cuenta que en el fondo del asunto lo que hay es una deglución de un medio por otro. La tele de Promecal se ha zampado a su rival. Grompf.
Aprovecha para aturdirme con todo tipo de insinuaciones curiosas, me habla de Méndez y de la Junta, de Ulibarri y de Óscar Campillo, en un revuelto de cabeceras que nunca será comprensible en la arena, porque son muchedumbre los que todavía creen en los medios como en el catecismo y comulgan a diario con ellos sin preguntarse sobre su consagración.
Pero me deja más consternado el futuro que pinta y emplaza para antes del verano, según el cual la mitad de los profesionales pagarán la fusión engrosando las listas del paro. Se hacen ya muchas quinielas y nadie descuida su silla por incómoda que sea.
Mientras tanto en la tasca de abajo ponen todo el día La Sexta, que así no se lían.

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