
Hoy han apresado al que parece ser uno de los autores materiales del asesinato de Víctor Jara, que fue brutalmente torturado y muerto pocos días después del golpe militar encabezado por Augusto Pinochet en 1973, cuando se acabó con la legitimidad democrática en Chile gracias al apoyo ya desclasificado (aunque no hacía falta, por evidente) de los Estados Unidos.
Victor Jara era un hombre del pueblo, incansable trabajador cultural con pasión y dedicación desmedidas por y al teatro, que un buen día decidió poner música a sus poemas, atrapar sones de aquí y de allá y brindar las canciones resultantes a la colectividad. Comunista convencido y militante, tuvo la mala suerte de ser capturado en la Universidad chilena y conducido al horror de un estadio donde encerraron como alimañas a más de 5.000 personas.
En los primeros días de aquel golpe militar indecente (hay pocos decentes, pero la Revolución de los Claveles portuguesa fue poco después y ni comparación, ahí no parecía estar la CIA de por medio) la confusión y el pánico albergaron todo tipo de desmanes cometidos por los colectivos armados encargados de "poner orden". En aquel estadio, que hoy se llama como el cantautor, Víctor Jara fue uno más de los centenares de detenidos que fueron torturados.
Dicen que por ser conocido se cebaron más con él, que le arrancaron la lengua en plan simbólico, para que se le fueran "las ganas de cantar subversiones", y que le destrozaron las manos a culatazos hasta dejarlas como inservibles muñones "para callar también a la guitarra". Después le atravesaron con 44 balas, una por cada año que había cumplido y cuatro tiros de gracia.
Treinta y seis años después uno de sus asesinos puede pagar por su crimen, pero ya da lo mismo, ninguna justicia puede devolver al hombre, como no se puede regresar a Lorca o a Antonio José, que nos pilla tan cerca. Satisface mucho más saber que aquella muerte horrible permitió que la voz de Víctor Jara poblara el mundo y que llegara, como a mí me llegó en la adolescencia, directa a conquistar millones de conciencias.
"Te recuerdo Amanda" es su mejor canción, entre otras cosas porque es menos explícita desde el punto de vista político y se ceba más con el sentimiento individual en un par de fotos fijas. Pero en la formación de un espíritu de igualdad, dignidad y hermanamiento entre los seres humanos han sido muy importantes otras muchas, símbolo incluso de toda una generación.
Entre esas canciones figura, sin duda, "Manifiesto", que es a la vez premonitoria y esperanzadora. Se comprueba que Víctor Jara no cantaba por cantar, el peligro estaba ahí y por haberlo denunciado lo mataron. La enseñanza que nos deja es que no sólo es una obligación avisar de los peligros, sino que entre todos hemos de acabar con ellos, para que nuestro futuro como seres libres con derechos inalienables no se vea tan amenazado. Y cuidado, si no tomamos buena nota de las enseñanzas de la Historia, estamos abocados a contemplar cómo se repite: las casitas del barrio alto siguen insultando al pueblo con sus rejas y su antejardín, no lo olvidemos.
( http://www.youtube.com/watch?v=en8yqVxuT-U )

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