CRUZ ROJA
Sábado, 4 de Febrero de 2012
La Palabra de Burgos
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PANTA REI (Todo muda; todo es mejorable, excepto lo mío, que no tiene arreglo)

30-01-2009

Viernes, 30 de enero.

21,35 h

9,2º C

En el estéreo suena “This Foolish Things” cantado por Frank Sinatra, con un acompañamiento de violines que merece la muerte.

 

PANTA REI. Nos estamos mudando y no de camiseta precisamente. Cambiamos de diseño y de formato. Ya no aparecerán más entradas en esta columna. Será vano que ustedes se empeñen en seguirla abriendo. Si quieren seguir mis bobadas por amabilidad o por masoquismo, tendrán que cliquear con su ratón sobre mi bobo rostro en la parte derecha de la pantalla, justo donde dice “El Blog de Fernando Portillo”. Nuevas sorpresas les aguardan. Gracias, como siempre, por su bondad.

Allegretto caníbal

30-01-2009

Viernes, 30 de enero.

2,35 h

8,2º C

En el estéreo suena Oscar Peterson, con un “swing” tremendo, con su bigote y su chaqueta de lentejuelas, en directo desde Paris.

 

Los Plenos Municipales suelen ser un escaparate del olímpico desprecio con que el equipo de gobierno trata sistemáticamente las verdaderas necesidades e inquietudes de los ciudadanos; aquellas que los colectivos, ejerciendo sus derechos democráticos, les hacen llegar en forma de mociones y propuestas que deben ser incluídas, cuando menos, en el capítulo de ruegos y preguntas del orden del día y ser respondidas de manera comprensible y razonada, como exige una mínima cortesía institucional y, sobre todo, la respuesta al ejercicio de un derecho inalienable consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Constitución y en la Biblia.

 

Pues bien: en el Pleno extraordinario celebrado el pasado miércoles 28, la AEFMBPEGYTM (Asociación para el Estudio y el Fomento de la Música Burgalesa del Periodo de Entre Guerras y aún en el Transcurso de las Mismas) que tengo el honor de presidir, presentó una enésima moción para que de una santa vez se estudie seriamente la posibilidad de dedicar una calle o una plaza de nuestra ciudad al insigne prócer burgalés Don Panfilio Regoyo y Ruiz de la Pedrera, de cuya vida y singular empresa en tierras lejanas paso a hacerles una pequeña recensión.

 

Don Panfilio Regoyo y Ruiz de la Pedrera, burgalés preclaro que nació hacia 1830, fue el felicísimo promotor de la introducción de la música culta occidental en regiones salvajes aún inexploradas por aquel entonces. Dotado de un espíritu aventurero e inquieto, Don Panfilio Regoyo viajó hasta la remota Melanesia en 1850 con la intención de establecerse allí y abrir un almacén de pianos siguiendo la tradición familiar. Mas pronto se dió cuenta de que la música de los aborígenes de aquellas islas, sumamente simple y apenas bitonal, no se prestaba a la utilización del piano; antes bien los nativos se servían para sus interpretaciones de un a modo de zambombas que ellos mismos fabricaban con la piel de sus propios prepucios secada al sol tras la ceremonia de la circuncisión.

 

Sin embargo, con un tesón digno de encomio consiguió vender sus instrumentos a los jefes de las tribus locales a cambio de ñames, proporcionándoles además partituras de los bailes de salón de última moda que él mismo se encargó de enseñarles a tocar, si bien de una manera muy rudimentaria, ya que los melanesios usaban los pianos como instrumentos de percusión golpeándolos con un palo. No cejó, sin embargo, en su empeño hasta que el jefe Psandala de la tribu de los Bundi fue capaz de interpretar al piano el aria de las Variaciones Goldberg de Juan Sebastian Bach con acompañamiento de zambomba.

 

Con los ñames que le daban a cambio de los pianos abrió un pequeño negocio de exportación que le permitió regresar a su patria ya muy anciano, donde, a pesar de ello, aun encontró fuerzas para escribir un gran tratado sobre la importancia de los ñames en la alimentación infantil. A pesar de su impagable labor, Don Panfilio Regoyo y Ruiz de la Pedrera sigue siendo un gran desconocido en su tierra. Desde aquí reclamo y seguiré reclamando hasta quedarme ronco una nomenclatura urbana ¡ya! para este apóstol del piano en el mundo.


Educación para la Ciudadanía o el sutil arte de no hacer el ridículo ante los tribunales (entre otras cosas)

29-01-2009

Jueves, 29 de enero.

2,35 h

9,2º C

Llueve sobre el asfalto

de la Calle Vitoria como

he visto llover desde

esta misma ventana durante

los últimos 54 años.

En el estéreo suenan

Stan Getz y Joao Gilberto. Exacto: aquel disco

inolvidable. Desafinado,
Garota de Ipanema…


 Es que se veía venir. Iban como kamikazes y al final se han pegado una chufa como tenía que ser. ¿Creen que hablo de algunos niñatos motorizados? ¡Qué va! Todavía peor: Hablo de los Guerrilleros de la Sagrada Cruzada contra la Educación Para la Ciudadanía y el revolcón que les ha pegado el Tribunal Supremo. Me “jartaría” de reír si no fuese por la pena que me dan los hijos de esos enanos mentales que nos han usurpado a todos los conceptos de familia, de vida, de moral, de ética, de patria, de pureza, como si solo a ellos les pertenecieran y solo ellos hubiesen sido facultados para fijar sus términos y defenderlos.

Claro que estos varapalos lejos de amilanarlos los envalentona todavía más, como fanáticos que son, y ya han anunciado en colegiada rueda de prensa que recurrirán al Tribunal Constitucional; y si no, al Tribunal de Estrasburgo; y si no, al Tribunal de Derechos Humanos de la ONU. ¿Y si el Tribunal de Derechos Humanos de la ONU les manda a tomar por el saco con sus chorradas cosa que sucederá si es que su ridícula querella llega hasta allí cosa que no sucederá? ¿Recurrirán al tribunal de la Galaxia? ¿o a Dios en persona? ¿Por qué no empiezan por ahí que es lo suyo?

Y lo peor es que, en el fondo, ninguno de estos farsantes de sacristía se cree lo que dice. Desafío a cualquiera de ellos a que defienda su postura delante de un auditorio con un libro de texto de la asignatura en la mano (que no sea el engendro de editorial Akal que es el único que utilizan para desprestigiarla) citando todos los párrafos del mismo que motivan su repulsa. No podría hacerlo o tendría que admitir que es un sexista, un racista, un insolidario, un xenófobo un homófobo, un violento o un machista de mierda.  Yo, que soy ateo y no comulgo ni a años luz con las doctrinas ni repulgos morales de estos pájaros, tengo más razones para objetar contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía que ellos. Y lo demuestro cuando ustedes quieran. Pero a pesar de sus fallos reconozco que, en manos de profesores cualificados, puede ser una gran herramienta para minimizar en gran medida el crecimiento de orejas de asno y mollera de tarugo en nuestros adolescentes, incitándoles a conocer, a sensibilizarse y a implicarse de manera igualitaria y solidaria con la realidad social que les rodea. Que no es poco. He tenido la oportunidad de leer de cabo a rabo el texto que se imparte en el IES Diego de Porcelos y me parece impecable; no he encontrado un solo párrafo, una sola frase que pudiera haber sobresaltado a mi tía Reme, que fue compañera de fatigas de Pilar Primo de Rivera y de misas y curas ni les hablo. Esta historia es, lisa y llanamente, un montaje de la patronal católica de la enseñanza privada para sembrar el miedo, que es lo que siempre se les dio de perlas. Y si no lo consiguen con la Educación para la Ciudadanía, objetarán contra las Ciencias Naturales, aduciendo que se enseña el evolucionismo, o cómo follan las focas, o vete a saber. El caso es tener a su grey acojonada y bajo su manto educativo (de pago, como es natural).

Falta ahora saber cuál será la reacción de los Gobiernos Autonómicos en cuyas comunidades la asignatura se impartía de manera un tanto extravagante, como en Valencia, donde, como ustedes sabrán se daba en inglés para mejorar el nivel idiomático de los alumnos, con el  resultado de que los profesores no sabían inglés y los chavales no se enteraban de nada que era el verdadero objetivo. Son la leche. Son tan tontos que se hacen de querer. El caso es que no sabemos si ahora la darán en valenciano (¡en español jamás, antes morir que perder la vida!) o, despechados y a la espera de lo que decida la ONU, la impartirán en sánscrito. Todo se verá.

 



Tengo una bronca para usted

27-01-2009

Martes, 27 de enero.

2,15 h

2,2º C

En el estéreo suena “Dream”” por Dean Martin, ilustrísimo borracho

 

Señor presidente: cada vez que le veo en una de esas farsas televisivas que usted y Rajoy, o usted solo, se monta de vez en cuando para responder ante media docena de ciudadanos elegidos a dedo lo que no responde en el Parlamento ante los legítimos representantes de todos los ciudadanos elegidos en las urnas, no puedo evitar que se me venga a las mientes la siempre sobria, discreta y empacada elegancia de su antecesor en el cargo Felipe González frente a la chirriante horterez de José María Aznar, con sus anillos, sus gemelos de oro y su bigote extemporáneo, que sólo le faltaba el pasador de corbata con las gaviotas del partido.

Usted, como es lógico y le honra, quiere imitar a su líder y presentar un “look” sencillo y hasta humilde, si se quiere. Pero, ¿sabe usted? para que una corbata sencillita y discreta cumpla su papel, es decir, resulte realmente discreta y al mismo tiempo sea elegante y no dé el cante, tiene que ser una corbata magnífica, de esas que solo se encuentran en Bond Street. Así son las cosas. No se puede uno presentar ante el país con una corbata de bazar chino como la que usted llevaba anoche, porque el presidente del Gobierno no puede parecer un invitado de boda de pueblo. Fíjese usted en Sarkozy cuando sale por la tele. Ya nos imaginamos todos que las corbatas se las compra la Bruni, pero el tío va hecho un pincel sin parecer nunca un broker de Wall Street, que siempre hubo clases. ¡Y qué trajes se gasta el gabacho, señor Zapatero! ¡Qué corte! Igual que el suyo que parecía reciclado de algún familiar difunto (¡Dios no lo quiera!) por alguna tía modista, aunque es igual: cualquier traje hubiera quedado arruinado irremisiblemente por el par de micrófonos como candelabros que le plantaron en las solapas. Y el detalle final: La corbata, señor Zapatero, por barata que sea, hay que saber ponérsela. No voy a entrar en el nudo tan desdichado que llevaba usted que recordaba al que se hace un adolescente la primera vez que se pone una corbata de su padre para ir a la fiesta de graduación en el Instituto. Pero ¿nunca le han dicho que la punta inferior debe llegar justo a la altura de la hebilla del cinturón, ni un centímetro más arriba ni un centímetro más abajo? ¡Y qué corbatón me llevaba usted tapándole la bragueta! Parecía Harpo Marx. Le aconsejo encarecidamente que la próxima vez vaya a la Zarzuela un par de días antes para que el Rey le de algunas lecciones prácticas al respecto. Sería una buena manera de rentabilizar la Corona.

Mal, señor Zapatero, muy mal. Usted fue a la tele a hacer su farsa y a soltar el discurso que tenía que soltar: Que todo va cojonudamente y que gracias a la acción de su gobierno las cosas van a irnos a todos de perlas en un plazo muy breve. Oído cocina. Pero todo esto hay que hacerlo en debida forma, con la debida dignidad que le confiere el cargo y vestido como un señor, no hecho un farraguas. Claro que podrá usted decir con mucha razón que los selectos invitados que acudieron al plató de TVE para hacerle preguntas iban todos de Dios me valga. Pero eso no es excusa. Si quiere usted generar esa moral de victoria que tanto dice que necesitamos, tiene que dar ejemplo. Y no lo hay mejor que, al mal tiempo, ofrecer siempre buena cara: la que da una discretita corbata de Hermés en tonos lisos, por ejemplo.

 

Al cocherito leré (canción de viaje)

25-01-2009

Domingo, 25 de enero.

21,35 h

3,2º C

Noche vacía, oscura

inquietante.

En el estéreo suena  la Sinfonía nº 3 para órgano, piano y orquesta de Saint Säens, por Pierre Boulez a la batuta. Perfecta para una noche como esta.

 

[Al cocherito leré

me dijo anoche leré

que si quería leré

montar en coche leré

y yo le dije leré:

no quiero coche leré

que me mareo leré

montando en coche leré.]

Abandonado definitivamente el sector de la construcción a su suerte, es ahora el de la automoción el que reclama con grandes plañidos ser rescatado del naufragio de la crisis mediante las oportunas inyecciones de dinero público, a fondo perdido como es natural: si se lo dieron a los bancos, ¿por qué no han de dárselo a ellos? Y lo exigen todos los niveles implicados en la fabricación de los automóviles; desde los que montan los coches propiamente dichos, como Renault o Nissan, hasta los que fabrican las escobillas limpia parabrisas o el perrito que menea la cabeza; o sea, todos. Y lo quieren ya, sin demoras, sin papeleos. Venga la pasta. Ellos son, dicen, el soporte económico del país. Si ellos se hunden, vendrá la hecatombe del paro: el paro, el paro, el paro, el paro…¡EL PARO! Es la gran amenaza y el miedo colectivo de nuestro tiempo. Jamás otra catástrofe, ni la guerra, ni la peste, ni el hambre, causaron tanto pánico. Desde el director general hasta el último operario de segunda viven acojonados por la posibilidad de perder su trabajo y, con él, la capacidad de adquirir bienes de consumo o no poder seguir pagando los que adquirieron a crédito.

Y, paradójicamente, la receta para conjurar ese panorama funesto es consumir más. ¡Consuman, por favor!, dice solapadamente el presidente del Gobierno. Y se sacan de la manga nuevos planes “renove” para que nos animemos a cambiar el coche sin importar en qué estado esté el viejo con la milonga del medio ambiente o de la seguridad vial. Y a eso, exclusivamente a eso, van dirigidas las rebajas de intereses del ahora acojonado monsieur Trichet; y los aportes multimillonarios de dinero público que el Estado hace a los bancos para que restablezcan su capacidad de crédito. A que volvamos a consumir como locos. O como idiotas. Porque ese, y no otro, es el verdadero motor del sistema.

 

Pero parece ser que mientras las cosas se han puesto chungas, muchas personas que habían hecho planes para cambiar de buga se han dado cuenta de que el viejo, con un cambio de neumáticos y una puesta a punto va como una seda y que a lo mejor no hacía falta meterse en otro puto crédito de doscientos euros o más al mes con la que está cayendo. Un coche, si se le mima y se le cuida como Dios manda, puede durar toda la vida. Esta es al menos la opinión de Miguel Ángel Palazón, mi mecánico de cabecera, que desde que hemos entrado en recesión no da abasto en su taller de reparaciones.

Y me parece una opinión muy sabia. El sentido común siempre ha dicho que cuando las cosas van mal se impone la austeridad y la economía de guerra. Es la única manera de romper la “rueda de autoretroalimentación de caca” (vean la entrada de ayer) que impone la receta “¡Consuman, por favor!” que sólo puede provenir de un sistema económico enloquecido y gravemente enfermo que no acaba de encontrar su camino y que trata de hallarlo en una huida hacia adelante desesperada.

 

Coincido plenamente con Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz y premio Príncipe de Asturias de la Concordia, fundador del llamado Banco de los Pobres, en que la crisis económica mundial que atraviesa el Primer Mundo (porque el tercero sigue tan jodido como siempre) podría haber sido una excelente fuente de enseñanzas para todos y una magnífica oportunidad para cambiar las cosas y empezar desde cero. Yo no sé qué harán ustedes, pero mi coche, que es el que ustedes ven en la foto, no lo pienso cambiar por nada del mundo diga lo que diga la patronal del sector de la automoción. Faltaría más.



BLOG DE FERNANDO PORTILLOCV
He de decir antes de nada que soy burgalés en virtud de concurso de traslados, pues nací en Burgos muy poco después de que mi padre, funcionario de Montes, llegara destinado a esta plaza proveniente de la de Almería.

Vine, pues, al mundo de manos del muy ilustre doctor Don Abelardo Carazo en el domicilio paterno de la calle Vitoria, en el mismo en el cual sigo viviendo 54 años después lo cual da una idea de la longitud de mi recorrido vital.

Estudié todo lo que atañe a la formación de un niño en el Colegio La Salle y piano con resultados trágicos, pues apenas empezaba a dominar con soltura la número 8 de Beethoven, fui gravemente infectado por el virus del Jazz, truncándose así las esperanzas que mis progenitores habían depositado en mí.

Me convertí en un adolescente rebelde y bohemio. A los quince años organizaba sesiones de Jazz en la discoteca Roma y formé parte de un cuarteto, el "Experimental Jazz Group" (lo llamábamos "experimental" para disimular lo mal que sonaba) mientras leía a Proust en francés y a Jardiel Poncela en Gallego. Por aquel entonces me eché una novia a la que yo amaba con empecinamiento y que me dejó por un músico de Segovia que tocaba a Chopin en el acordeón. Sufrí mucho.

En el primer quinquenio de los 70 entré en el mundo universitario con un espíritu digno de la Casa de la Troya. Pero la Universidad franquista no supo entenderme ni yo a ella. La cosa acabó en divorcio ad aeternum.

En el 75 la Patria me llamó a su servicio. Lo cumplí en la Comisión Geográfica número 6, de la Agrupación Obrera y Topográfica del Servicio de Estado Mayor, familiarmente conocida como "la Topo". Al licenciarme me mencionaron en la orden del día y me concedieron el "Premio Patrona" consistente en una paga extra de 78 pesetas. Y todo por saber escribir a máquina sin faltas de ortografía.

En 1976 eché mi primer polvo, pero disculpen que no les dé detalles; soy un caballero.
En los albores de los 80 entré al abordaje en la recién estrenada F.M. de Radio Popular de Burgos con personajes tan ilustres como Francho Pedrosa, Marta Barriuso, o Paco Alcántara, bajo los auspicios de aquel gran hombre que fue Juan Saborido Cursach y para dolor de tripas de Juan Vicente Velasco que nunca me pudo ver ni en pintura. Allí hice inolvidables programas de Jazz junto a mi querido amigo César Balmori.

En 1982 abrí mi propio Club, el "Portus Jazz" de feliz memoria, un referente imprescindible en la historia cultural de Burgos. Los que ya peinan canas o han dejado de peinar cosa alguna lo recuerdan con nostalgia. Música en directo todas las noches y cantera de buenos músicos de Jazz.

En 1984 me casé con una chavala que los años han ido convirtiendo en mi compañera y esposa. También fui fugaz encargado de prensa y compinche del entonces Delegado de Cultura de la Junta Jose Luis Ollero, Balí, cuya noble amistad aún me honra y me honrará siempre. Al socaire del Estival 84 hicimos tropelías sin cuento (recuérdese el Teledevm de Els Joglars) y provocamos dolores de cabeza de tamaño XXL. Que se lo pregunten a José María Peña que era a la sazón funesto alcalde de la ciudad.

En 1986 fui padre por primera vez del niño más rico, más bonito, más listo y más guapo que imaginarse pueda. Se llama Marco y estudia Filosofía. Visítenle en espacioenlasnubes.blogspot.com porque va a ser mucho mejor escritor que su papá. (¡Buafff! que alguien me traiga una spontex para la baba, por favor).

Ese mismo año emigré de Burgos, mi viejo sueño. Pero no fui muy lejos: a Villarcayo, donde mi amigo Balí acababa de ser contratado por el archimultimillonario Jacques Hachuel para poner en marcha una Fundación dedicada a la infancia y la juventud marginada con carta blanca para hacer lo que quisiéramos. Y vaya si hicimos. Hicimos cosas fantásticas que serían demasiado largas de contar aquí.

En 1989 Pachi Larrosa, viejo compañero de cachondeos universitarios y director de Diario 16 Burgos cuyo primer número aun estaba por aparecer, me pidió que le escribiera una columna semanal. Allí comenzó mi relación con aquel periódico luchador, valiente e irreductible, única alternativa al rodillo de papel maché con agua bendita que ha hecho las veces de prensa en esta ciudad, hasta su cierre en 1998. Durante aquellos nueve años, escribí miles de columnas, artículos, series, reportajes y una página de humor terriblemente iconoclasta, "Virus 16", que daría el bigote por volver a resucitar; mejor dicho: porque alguien me pagara por volver a resucitar, las cosas claras y el chocolate espeso.

En 1997 fui llamado por el alcalde Valentín Niño para ser su jefe de gabinete con la oposición frontal de todo su grupo de concejales, que pensaban que Valentín había enloquecido, a excepción de dos personas, las únicas que siempre le fueron leales y con las que llegue a hacer una buena amistad: Javier Quintanilla, un zorro con un sensacional sentido del humor, y Germán Pérez Ojeda, una nobilísima persona que, además, le hizo a mi madre el hermoso regalo de diez años de vida. Gracias Germán, nunca te lo dije.

Lo curioso es que por aquel entonces el puesto de jefe de Gabinete no figuraba en la relación de puestos de trabajo del Ayuntamiento y tuve que ocupar el de Auxiliar del Grupo de Concejales con un sueldo de risa. Típica chapuza municipal. Sin embargo, aquellos dos años con Niño me dieron material para escribir un libro surrealista e increíble cuya compleja y ardua labor voy postergando día tras día por pereza vital, pero que tarde o temprano habré de acometer porque se lo debo a Valentín Niño, una gran persona y un enormísimo alcalde cuya memoria debe ser reivindicada por muchas ampollas que levante.

Al cesar Valentín Niño como alcalde cesé yo también al ser un cargo de confianza. Y lo que pasó después... Lo que pasó después es para de uno en uno delante de unos vasos de whisky.

Luego llegó el paro; la demasiado larga travesía del desierto del paro y el descenso hacia la miseria enjabonado por la crisis, el aumento del Euribor, la subida de los precios...

Y al final el pequeño oasis de La Palabra Digital: agua y un puñado de dátiles. Un festín cuando se trae hambre de ocho años. Pero síganme a diario, que soy gracioso, de verdad.
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