CRUZ ROJA
Jueves, 11 de Marzo de 2010
La Palabra de Burgos
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Al cocherito leré (canción de viaje)


25-01-2009

Domingo, 25 de enero.

21,35 h

3,2º C

Noche vacía, oscura

inquietante.

En el estéreo suena  la Sinfonía nº 3 para órgano, piano y orquesta de Saint Säens, por Pierre Boulez a la batuta. Perfecta para una noche como esta.

 

[Al cocherito leré

me dijo anoche leré

que si quería leré

montar en coche leré

y yo le dije leré:

no quiero coche leré

que me mareo leré

montando en coche leré.]

Abandonado definitivamente el sector de la construcción a su suerte, es ahora el de la automoción el que reclama con grandes plañidos ser rescatado del naufragio de la crisis mediante las oportunas inyecciones de dinero público, a fondo perdido como es natural: si se lo dieron a los bancos, ¿por qué no han de dárselo a ellos? Y lo exigen todos los niveles implicados en la fabricación de los automóviles; desde los que montan los coches propiamente dichos, como Renault o Nissan, hasta los que fabrican las escobillas limpia parabrisas o el perrito que menea la cabeza; o sea, todos. Y lo quieren ya, sin demoras, sin papeleos. Venga la pasta. Ellos son, dicen, el soporte económico del país. Si ellos se hunden, vendrá la hecatombe del paro: el paro, el paro, el paro, el paro…¡EL PARO! Es la gran amenaza y el miedo colectivo de nuestro tiempo. Jamás otra catástrofe, ni la guerra, ni la peste, ni el hambre, causaron tanto pánico. Desde el director general hasta el último operario de segunda viven acojonados por la posibilidad de perder su trabajo y, con él, la capacidad de adquirir bienes de consumo o no poder seguir pagando los que adquirieron a crédito.

Y, paradójicamente, la receta para conjurar ese panorama funesto es consumir más. ¡Consuman, por favor!, dice solapadamente el presidente del Gobierno. Y se sacan de la manga nuevos planes “renove” para que nos animemos a cambiar el coche sin importar en qué estado esté el viejo con la milonga del medio ambiente o de la seguridad vial. Y a eso, exclusivamente a eso, van dirigidas las rebajas de intereses del ahora acojonado monsieur Trichet; y los aportes multimillonarios de dinero público que el Estado hace a los bancos para que restablezcan su capacidad de crédito. A que volvamos a consumir como locos. O como idiotas. Porque ese, y no otro, es el verdadero motor del sistema.

 

Pero parece ser que mientras las cosas se han puesto chungas, muchas personas que habían hecho planes para cambiar de buga se han dado cuenta de que el viejo, con un cambio de neumáticos y una puesta a punto va como una seda y que a lo mejor no hacía falta meterse en otro puto crédito de doscientos euros o más al mes con la que está cayendo. Un coche, si se le mima y se le cuida como Dios manda, puede durar toda la vida. Esta es al menos la opinión de Miguel Ángel Palazón, mi mecánico de cabecera, que desde que hemos entrado en recesión no da abasto en su taller de reparaciones.

Y me parece una opinión muy sabia. El sentido común siempre ha dicho que cuando las cosas van mal se impone la austeridad y la economía de guerra. Es la única manera de romper la “rueda de autoretroalimentación de caca” (vean la entrada de ayer) que impone la receta “¡Consuman, por favor!” que sólo puede provenir de un sistema económico enloquecido y gravemente enfermo que no acaba de encontrar su camino y que trata de hallarlo en una huida hacia adelante desesperada.

 

Coincido plenamente con Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz y premio Príncipe de Asturias de la Concordia, fundador del llamado Banco de los Pobres, en que la crisis económica mundial que atraviesa el Primer Mundo (porque el tercero sigue tan jodido como siempre) podría haber sido una excelente fuente de enseñanzas para todos y una magnífica oportunidad para cambiar las cosas y empezar desde cero. Yo no sé qué harán ustedes, pero mi coche, que es el que ustedes ven en la foto, no lo pienso cambiar por nada del mundo diga lo que diga la patronal del sector de la automoción. Faltaría más.




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pedro ojeda escudero comentó:

Pienso que no sólo en tiempos de crisis. Debemos huir del consumismo, aunque nos digan que es la base de nuestro bienestar. Lo que fácil llega, fácil se va. Y nos quedamos, al final, con una mano delante y otra detrás: desnudos vinimos, desnudos nos iremos, que dicen.


pablo miguel simón comentó:

Conducirse con lógica es clave para la seguridad vial y para la economía. Lo malo viene cuando la lógica no es la misma para el del utilitario que para el poder, así le va al mundo.


Diego comentó:

Consumir.. consumir.... algunas veces no se lo que quieren que consumamos. De momento lo unico que mi familia esta consumiendo es aire (lo unico gratis), y si el dinero llega un bocadillo de tortilla de patata !!! Y mientras tanto, el unico cambio en el coche es el del arcen para asegurarnos que la "duck tape" todavia esta sujetando el tuvo de escape.


Fernando Portillo comentó:

Tranquilo, Diego, ya verás cómo las cosas van a cambiar. Y si no, ya sabes que en España nunca te faltará un plato de buenas sopas de ajo. Un gran abrazo.


Diego comentó:

Gracias Fernando por la sopa, pero prefiero una de esas famosas paellas... con pollo y gambas... por eso del comsumo...;)


REYES comentó:

¡Mi bicicleta!: ¡qué gran apéndice!


BLOG DE FERNANDO PORTILLOCV
He de decir antes de nada que soy burgalés en virtud de concurso de traslados, pues nací en Burgos muy poco después de que mi padre, funcionario de Montes, llegara destinado a esta plaza proveniente de la de Almería.

Vine, pues, al mundo de manos del muy ilustre doctor Don Abelardo Carazo en el domicilio paterno de la calle Vitoria, en el mismo en el cual sigo viviendo 54 años después lo cual da una idea de la longitud de mi recorrido vital.

Estudié todo lo que atañe a la formación de un niño en el Colegio La Salle y piano con resultados trágicos, pues apenas empezaba a dominar con soltura la número 8 de Beethoven, fui gravemente infectado por el virus del Jazz, truncándose así las esperanzas que mis progenitores habían depositado en mí.

Me convertí en un adolescente rebelde y bohemio. A los quince años organizaba sesiones de Jazz en la discoteca Roma y formé parte de un cuarteto, el "Experimental Jazz Group" (lo llamábamos "experimental" para disimular lo mal que sonaba) mientras leía a Proust en francés y a Jardiel Poncela en Gallego. Por aquel entonces me eché una novia a la que yo amaba con empecinamiento y que me dejó por un músico de Segovia que tocaba a Chopin en el acordeón. Sufrí mucho.

En el primer quinquenio de los 70 entré en el mundo universitario con un espíritu digno de la Casa de la Troya. Pero la Universidad franquista no supo entenderme ni yo a ella. La cosa acabó en divorcio ad aeternum.

En el 75 la Patria me llamó a su servicio. Lo cumplí en la Comisión Geográfica número 6, de la Agrupación Obrera y Topográfica del Servicio de Estado Mayor, familiarmente conocida como "la Topo". Al licenciarme me mencionaron en la orden del día y me concedieron el "Premio Patrona" consistente en una paga extra de 78 pesetas. Y todo por saber escribir a máquina sin faltas de ortografía.

En 1976 eché mi primer polvo, pero disculpen que no les dé detalles; soy un caballero.
En los albores de los 80 entré al abordaje en la recién estrenada F.M. de Radio Popular de Burgos con personajes tan ilustres como Francho Pedrosa, Marta Barriuso, o Paco Alcántara, bajo los auspicios de aquel gran hombre que fue Juan Saborido Cursach y para dolor de tripas de Juan Vicente Velasco que nunca me pudo ver ni en pintura. Allí hice inolvidables programas de Jazz junto a mi querido amigo César Balmori.

En 1982 abrí mi propio Club, el "Portus Jazz" de feliz memoria, un referente imprescindible en la historia cultural de Burgos. Los que ya peinan canas o han dejado de peinar cosa alguna lo recuerdan con nostalgia. Música en directo todas las noches y cantera de buenos músicos de Jazz.

En 1984 me casé con una chavala que los años han ido convirtiendo en mi compañera y esposa. También fui fugaz encargado de prensa y compinche del entonces Delegado de Cultura de la Junta Jose Luis Ollero, Balí, cuya noble amistad aún me honra y me honrará siempre. Al socaire del Estival 84 hicimos tropelías sin cuento (recuérdese el Teledevm de Els Joglars) y provocamos dolores de cabeza de tamaño XXL. Que se lo pregunten a José María Peña que era a la sazón funesto alcalde de la ciudad.

En 1986 fui padre por primera vez del niño más rico, más bonito, más listo y más guapo que imaginarse pueda. Se llama Marco y estudia Filosofía. Visítenle en espacioenlasnubes.blogspot.com porque va a ser mucho mejor escritor que su papá. (¡Buafff! que alguien me traiga una spontex para la baba, por favor).

Ese mismo año emigré de Burgos, mi viejo sueño. Pero no fui muy lejos: a Villarcayo, donde mi amigo Balí acababa de ser contratado por el archimultimillonario Jacques Hachuel para poner en marcha una Fundación dedicada a la infancia y la juventud marginada con carta blanca para hacer lo que quisiéramos. Y vaya si hicimos. Hicimos cosas fantásticas que serían demasiado largas de contar aquí.

En 1989 Pachi Larrosa, viejo compañero de cachondeos universitarios y director de Diario 16 Burgos cuyo primer número aun estaba por aparecer, me pidió que le escribiera una columna semanal. Allí comenzó mi relación con aquel periódico luchador, valiente e irreductible, única alternativa al rodillo de papel maché con agua bendita que ha hecho las veces de prensa en esta ciudad, hasta su cierre en 1998. Durante aquellos nueve años, escribí miles de columnas, artículos, series, reportajes y una página de humor terriblemente iconoclasta, "Virus 16", que daría el bigote por volver a resucitar; mejor dicho: porque alguien me pagara por volver a resucitar, las cosas claras y el chocolate espeso.

En 1997 fui llamado por el alcalde Valentín Niño para ser su jefe de gabinete con la oposición frontal de todo su grupo de concejales, que pensaban que Valentín había enloquecido, a excepción de dos personas, las únicas que siempre le fueron leales y con las que llegue a hacer una buena amistad: Javier Quintanilla, un zorro con un sensacional sentido del humor, y Germán Pérez Ojeda, una nobilísima persona que, además, le hizo a mi madre el hermoso regalo de diez años de vida. Gracias Germán, nunca te lo dije.

Lo curioso es que por aquel entonces el puesto de jefe de Gabinete no figuraba en la relación de puestos de trabajo del Ayuntamiento y tuve que ocupar el de Auxiliar del Grupo de Concejales con un sueldo de risa. Típica chapuza municipal. Sin embargo, aquellos dos años con Niño me dieron material para escribir un libro surrealista e increíble cuya compleja y ardua labor voy postergando día tras día por pereza vital, pero que tarde o temprano habré de acometer porque se lo debo a Valentín Niño, una gran persona y un enormísimo alcalde cuya memoria debe ser reivindicada por muchas ampollas que levante.

Al cesar Valentín Niño como alcalde cesé yo también al ser un cargo de confianza. Y lo que pasó después... Lo que pasó después es para de uno en uno delante de unos vasos de whisky.

Luego llegó el paro; la demasiado larga travesía del desierto del paro y el descenso hacia la miseria enjabonado por la crisis, el aumento del Euribor, la subida de los precios...

Y al final el pequeño oasis de La Palabra Digital: agua y un puñado de dátiles. Un festín cuando se trae hambre de ocho años. Pero síganme a diario, que soy gracioso, de verdad.
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