CRUZ ROJA
Sábado, 4 de Septiembre de 2010
La Palabra de Burgos
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Allegretto caníbal


30-01-2009

Viernes, 30 de enero.

2,35 h

8,2º C

En el estéreo suena Oscar Peterson, con un “swing” tremendo, con su bigote y su chaqueta de lentejuelas, en directo desde Paris.

 

Los Plenos Municipales suelen ser un escaparate del olímpico desprecio con que el equipo de gobierno trata sistemáticamente las verdaderas necesidades e inquietudes de los ciudadanos; aquellas que los colectivos, ejerciendo sus derechos democráticos, les hacen llegar en forma de mociones y propuestas que deben ser incluídas, cuando menos, en el capítulo de ruegos y preguntas del orden del día y ser respondidas de manera comprensible y razonada, como exige una mínima cortesía institucional y, sobre todo, la respuesta al ejercicio de un derecho inalienable consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Constitución y en la Biblia.

 

Pues bien: en el Pleno extraordinario celebrado el pasado miércoles 28, la AEFMBPEGYTM (Asociación para el Estudio y el Fomento de la Música Burgalesa del Periodo de Entre Guerras y aún en el Transcurso de las Mismas) que tengo el honor de presidir, presentó una enésima moción para que de una santa vez se estudie seriamente la posibilidad de dedicar una calle o una plaza de nuestra ciudad al insigne prócer burgalés Don Panfilio Regoyo y Ruiz de la Pedrera, de cuya vida y singular empresa en tierras lejanas paso a hacerles una pequeña recensión.

 

Don Panfilio Regoyo y Ruiz de la Pedrera, burgalés preclaro que nació hacia 1830, fue el felicísimo promotor de la introducción de la música culta occidental en regiones salvajes aún inexploradas por aquel entonces. Dotado de un espíritu aventurero e inquieto, Don Panfilio Regoyo viajó hasta la remota Melanesia en 1850 con la intención de establecerse allí y abrir un almacén de pianos siguiendo la tradición familiar. Mas pronto se dió cuenta de que la música de los aborígenes de aquellas islas, sumamente simple y apenas bitonal, no se prestaba a la utilización del piano; antes bien los nativos se servían para sus interpretaciones de un a modo de zambombas que ellos mismos fabricaban con la piel de sus propios prepucios secada al sol tras la ceremonia de la circuncisión.

 

Sin embargo, con un tesón digno de encomio consiguió vender sus instrumentos a los jefes de las tribus locales a cambio de ñames, proporcionándoles además partituras de los bailes de salón de última moda que él mismo se encargó de enseñarles a tocar, si bien de una manera muy rudimentaria, ya que los melanesios usaban los pianos como instrumentos de percusión golpeándolos con un palo. No cejó, sin embargo, en su empeño hasta que el jefe Psandala de la tribu de los Bundi fue capaz de interpretar al piano el aria de las Variaciones Goldberg de Juan Sebastian Bach con acompañamiento de zambomba.

 

Con los ñames que le daban a cambio de los pianos abrió un pequeño negocio de exportación que le permitió regresar a su patria ya muy anciano, donde, a pesar de ello, aun encontró fuerzas para escribir un gran tratado sobre la importancia de los ñames en la alimentación infantil. A pesar de su impagable labor, Don Panfilio Regoyo y Ruiz de la Pedrera sigue siendo un gran desconocido en su tierra. Desde aquí reclamo y seguiré reclamando hasta quedarme ronco una nomenclatura urbana ¡ya! para este apóstol del piano en el mundo.



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pedro ojeda escudero comentó:

Apoyo la moción. A mucha gente con menos méritos o más deméritos se les ha dado calles, plazas y rincones.


Google comentó:

Estar en Google es mas importante que cualquier otra consideración. !!!GRACIAS!!! paisano Allegretto caníbal Translate this page 30 Ene 2009 ... Don Panfilio Regoyo y Ruiz de la Pedrera, burgalés preclaro que nació hacia 1830, fue el felicísimo promotor de la introducción de la música ... n order to show you the most relevant results, we have omitted some entries very similar to the 1 already displayed. If you like, you can repeat the search with the omitted results included.


pablo miguel simón comentó:

He tratado de imaginar las zambombas de los nativos mientras me partía el eje, suponiendo que las características de la materia prima, como el tamaño o la dureza, supondrían tonalidades distintas en cada instrumento. Se me ha ido el calambur de las manos jajajajaja.


BLOG DE FERNANDO PORTILLOCV
He de decir antes de nada que soy burgalés en virtud de concurso de traslados, pues nací en Burgos muy poco después de que mi padre, funcionario de Montes, llegara destinado a esta plaza proveniente de la de Almería.

Vine, pues, al mundo de manos del muy ilustre doctor Don Abelardo Carazo en el domicilio paterno de la calle Vitoria, en el mismo en el cual sigo viviendo 54 años después lo cual da una idea de la longitud de mi recorrido vital.

Estudié todo lo que atañe a la formación de un niño en el Colegio La Salle y piano con resultados trágicos, pues apenas empezaba a dominar con soltura la número 8 de Beethoven, fui gravemente infectado por el virus del Jazz, truncándose así las esperanzas que mis progenitores habían depositado en mí.

Me convertí en un adolescente rebelde y bohemio. A los quince años organizaba sesiones de Jazz en la discoteca Roma y formé parte de un cuarteto, el "Experimental Jazz Group" (lo llamábamos "experimental" para disimular lo mal que sonaba) mientras leía a Proust en francés y a Jardiel Poncela en Gallego. Por aquel entonces me eché una novia a la que yo amaba con empecinamiento y que me dejó por un músico de Segovia que tocaba a Chopin en el acordeón. Sufrí mucho.

En el primer quinquenio de los 70 entré en el mundo universitario con un espíritu digno de la Casa de la Troya. Pero la Universidad franquista no supo entenderme ni yo a ella. La cosa acabó en divorcio ad aeternum.

En el 75 la Patria me llamó a su servicio. Lo cumplí en la Comisión Geográfica número 6, de la Agrupación Obrera y Topográfica del Servicio de Estado Mayor, familiarmente conocida como "la Topo". Al licenciarme me mencionaron en la orden del día y me concedieron el "Premio Patrona" consistente en una paga extra de 78 pesetas. Y todo por saber escribir a máquina sin faltas de ortografía.

En 1976 eché mi primer polvo, pero disculpen que no les dé detalles; soy un caballero.
En los albores de los 80 entré al abordaje en la recién estrenada F.M. de Radio Popular de Burgos con personajes tan ilustres como Francho Pedrosa, Marta Barriuso, o Paco Alcántara, bajo los auspicios de aquel gran hombre que fue Juan Saborido Cursach y para dolor de tripas de Juan Vicente Velasco que nunca me pudo ver ni en pintura. Allí hice inolvidables programas de Jazz junto a mi querido amigo César Balmori.

En 1982 abrí mi propio Club, el "Portus Jazz" de feliz memoria, un referente imprescindible en la historia cultural de Burgos. Los que ya peinan canas o han dejado de peinar cosa alguna lo recuerdan con nostalgia. Música en directo todas las noches y cantera de buenos músicos de Jazz.

En 1984 me casé con una chavala que los años han ido convirtiendo en mi compañera y esposa. También fui fugaz encargado de prensa y compinche del entonces Delegado de Cultura de la Junta Jose Luis Ollero, Balí, cuya noble amistad aún me honra y me honrará siempre. Al socaire del Estival 84 hicimos tropelías sin cuento (recuérdese el Teledevm de Els Joglars) y provocamos dolores de cabeza de tamaño XXL. Que se lo pregunten a José María Peña que era a la sazón funesto alcalde de la ciudad.

En 1986 fui padre por primera vez del niño más rico, más bonito, más listo y más guapo que imaginarse pueda. Se llama Marco y estudia Filosofía. Visítenle en espacioenlasnubes.blogspot.com porque va a ser mucho mejor escritor que su papá. (¡Buafff! que alguien me traiga una spontex para la baba, por favor).

Ese mismo año emigré de Burgos, mi viejo sueño. Pero no fui muy lejos: a Villarcayo, donde mi amigo Balí acababa de ser contratado por el archimultimillonario Jacques Hachuel para poner en marcha una Fundación dedicada a la infancia y la juventud marginada con carta blanca para hacer lo que quisiéramos. Y vaya si hicimos. Hicimos cosas fantásticas que serían demasiado largas de contar aquí.

En 1989 Pachi Larrosa, viejo compañero de cachondeos universitarios y director de Diario 16 Burgos cuyo primer número aun estaba por aparecer, me pidió que le escribiera una columna semanal. Allí comenzó mi relación con aquel periódico luchador, valiente e irreductible, única alternativa al rodillo de papel maché con agua bendita que ha hecho las veces de prensa en esta ciudad, hasta su cierre en 1998. Durante aquellos nueve años, escribí miles de columnas, artículos, series, reportajes y una página de humor terriblemente iconoclasta, "Virus 16", que daría el bigote por volver a resucitar; mejor dicho: porque alguien me pagara por volver a resucitar, las cosas claras y el chocolate espeso.

En 1997 fui llamado por el alcalde Valentín Niño para ser su jefe de gabinete con la oposición frontal de todo su grupo de concejales, que pensaban que Valentín había enloquecido, a excepción de dos personas, las únicas que siempre le fueron leales y con las que llegue a hacer una buena amistad: Javier Quintanilla, un zorro con un sensacional sentido del humor, y Germán Pérez Ojeda, una nobilísima persona que, además, le hizo a mi madre el hermoso regalo de diez años de vida. Gracias Germán, nunca te lo dije.

Lo curioso es que por aquel entonces el puesto de jefe de Gabinete no figuraba en la relación de puestos de trabajo del Ayuntamiento y tuve que ocupar el de Auxiliar del Grupo de Concejales con un sueldo de risa. Típica chapuza municipal. Sin embargo, aquellos dos años con Niño me dieron material para escribir un libro surrealista e increíble cuya compleja y ardua labor voy postergando día tras día por pereza vital, pero que tarde o temprano habré de acometer porque se lo debo a Valentín Niño, una gran persona y un enormísimo alcalde cuya memoria debe ser reivindicada por muchas ampollas que levante.

Al cesar Valentín Niño como alcalde cesé yo también al ser un cargo de confianza. Y lo que pasó después... Lo que pasó después es para de uno en uno delante de unos vasos de whisky.

Luego llegó el paro; la demasiado larga travesía del desierto del paro y el descenso hacia la miseria enjabonado por la crisis, el aumento del Euribor, la subida de los precios...

Y al final el pequeño oasis de La Palabra Digital: agua y un puñado de dátiles. Un festín cuando se trae hambre de ocho años. Pero síganme a diario, que soy gracioso, de verdad.
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