CRUZ ROJA
Martes, 7 de Febrero de 2012
La Palabra de Burgos
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Educación para la Ciudadanía o el sutil arte de no hacer el ridículo ante los tribunales (entre otras cosas)

29-01-2009

Jueves, 29 de enero.

2,35 h

9,2º C

Llueve sobre el asfalto

de la Calle Vitoria como

he visto llover desde

esta misma ventana durante

los últimos 54 años.

En el estéreo suenan

Stan Getz y Joao Gilberto. Exacto: aquel disco

inolvidable. Desafinado,
Garota de Ipanema…


 Es que se veía venir. Iban como kamikazes y al final se han pegado una chufa como tenía que ser. ¿Creen que hablo de algunos niñatos motorizados? ¡Qué va! Todavía peor: Hablo de los Guerrilleros de la Sagrada Cruzada contra la Educación Para la Ciudadanía y el revolcón que les ha pegado el Tribunal Supremo. Me “jartaría” de reír si no fuese por la pena que me dan los hijos de esos enanos mentales que nos han usurpado a todos los conceptos de familia, de vida, de moral, de ética, de patria, de pureza, como si solo a ellos les pertenecieran y solo ellos hubiesen sido facultados para fijar sus términos y defenderlos.

Claro que estos varapalos lejos de amilanarlos los envalentona todavía más, como fanáticos que son, y ya han anunciado en colegiada rueda de prensa que recurrirán al Tribunal Constitucional; y si no, al Tribunal de Estrasburgo; y si no, al Tribunal de Derechos Humanos de la ONU. ¿Y si el Tribunal de Derechos Humanos de la ONU les manda a tomar por el saco con sus chorradas cosa que sucederá si es que su ridícula querella llega hasta allí cosa que no sucederá? ¿Recurrirán al tribunal de la Galaxia? ¿o a Dios en persona? ¿Por qué no empiezan por ahí que es lo suyo?

Y lo peor es que, en el fondo, ninguno de estos farsantes de sacristía se cree lo que dice. Desafío a cualquiera de ellos a que defienda su postura delante de un auditorio con un libro de texto de la asignatura en la mano (que no sea el engendro de editorial Akal que es el único que utilizan para desprestigiarla) citando todos los párrafos del mismo que motivan su repulsa. No podría hacerlo o tendría que admitir que es un sexista, un racista, un insolidario, un xenófobo un homófobo, un violento o un machista de mierda.  Yo, que soy ateo y no comulgo ni a años luz con las doctrinas ni repulgos morales de estos pájaros, tengo más razones para objetar contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía que ellos. Y lo demuestro cuando ustedes quieran. Pero a pesar de sus fallos reconozco que, en manos de profesores cualificados, puede ser una gran herramienta para minimizar en gran medida el crecimiento de orejas de asno y mollera de tarugo en nuestros adolescentes, incitándoles a conocer, a sensibilizarse y a implicarse de manera igualitaria y solidaria con la realidad social que les rodea. Que no es poco. He tenido la oportunidad de leer de cabo a rabo el texto que se imparte en el IES Diego de Porcelos y me parece impecable; no he encontrado un solo párrafo, una sola frase que pudiera haber sobresaltado a mi tía Reme, que fue compañera de fatigas de Pilar Primo de Rivera y de misas y curas ni les hablo. Esta historia es, lisa y llanamente, un montaje de la patronal católica de la enseñanza privada para sembrar el miedo, que es lo que siempre se les dio de perlas. Y si no lo consiguen con la Educación para la Ciudadanía, objetarán contra las Ciencias Naturales, aduciendo que se enseña el evolucionismo, o cómo follan las focas, o vete a saber. El caso es tener a su grey acojonada y bajo su manto educativo (de pago, como es natural).

Falta ahora saber cuál será la reacción de los Gobiernos Autonómicos en cuyas comunidades la asignatura se impartía de manera un tanto extravagante, como en Valencia, donde, como ustedes sabrán se daba en inglés para mejorar el nivel idiomático de los alumnos, con el  resultado de que los profesores no sabían inglés y los chavales no se enteraban de nada que era el verdadero objetivo. Son la leche. Son tan tontos que se hacen de querer. El caso es que no sabemos si ahora la darán en valenciano (¡en español jamás, antes morir que perder la vida!) o, despechados y a la espera de lo que decida la ONU, la impartirán en sánscrito. Todo se verá.

 



BLOG DE FERNANDO PORTILLOCV
He de decir antes de nada que soy burgalés en virtud de concurso de traslados, pues nací en Burgos muy poco después de que mi padre, funcionario de Montes, llegara destinado a esta plaza proveniente de la de Almería.

Vine, pues, al mundo de manos del muy ilustre doctor Don Abelardo Carazo en el domicilio paterno de la calle Vitoria, en el mismo en el cual sigo viviendo 54 años después lo cual da una idea de la longitud de mi recorrido vital.

Estudié todo lo que atañe a la formación de un niño en el Colegio La Salle y piano con resultados trágicos, pues apenas empezaba a dominar con soltura la número 8 de Beethoven, fui gravemente infectado por el virus del Jazz, truncándose así las esperanzas que mis progenitores habían depositado en mí.

Me convertí en un adolescente rebelde y bohemio. A los quince años organizaba sesiones de Jazz en la discoteca Roma y formé parte de un cuarteto, el "Experimental Jazz Group" (lo llamábamos "experimental" para disimular lo mal que sonaba) mientras leía a Proust en francés y a Jardiel Poncela en Gallego. Por aquel entonces me eché una novia a la que yo amaba con empecinamiento y que me dejó por un músico de Segovia que tocaba a Chopin en el acordeón. Sufrí mucho.

En el primer quinquenio de los 70 entré en el mundo universitario con un espíritu digno de la Casa de la Troya. Pero la Universidad franquista no supo entenderme ni yo a ella. La cosa acabó en divorcio ad aeternum.

En el 75 la Patria me llamó a su servicio. Lo cumplí en la Comisión Geográfica número 6, de la Agrupación Obrera y Topográfica del Servicio de Estado Mayor, familiarmente conocida como "la Topo". Al licenciarme me mencionaron en la orden del día y me concedieron el "Premio Patrona" consistente en una paga extra de 78 pesetas. Y todo por saber escribir a máquina sin faltas de ortografía.

En 1976 eché mi primer polvo, pero disculpen que no les dé detalles; soy un caballero.
En los albores de los 80 entré al abordaje en la recién estrenada F.M. de Radio Popular de Burgos con personajes tan ilustres como Francho Pedrosa, Marta Barriuso, o Paco Alcántara, bajo los auspicios de aquel gran hombre que fue Juan Saborido Cursach y para dolor de tripas de Juan Vicente Velasco que nunca me pudo ver ni en pintura. Allí hice inolvidables programas de Jazz junto a mi querido amigo César Balmori.

En 1982 abrí mi propio Club, el "Portus Jazz" de feliz memoria, un referente imprescindible en la historia cultural de Burgos. Los que ya peinan canas o han dejado de peinar cosa alguna lo recuerdan con nostalgia. Música en directo todas las noches y cantera de buenos músicos de Jazz.

En 1984 me casé con una chavala que los años han ido convirtiendo en mi compañera y esposa. También fui fugaz encargado de prensa y compinche del entonces Delegado de Cultura de la Junta Jose Luis Ollero, Balí, cuya noble amistad aún me honra y me honrará siempre. Al socaire del Estival 84 hicimos tropelías sin cuento (recuérdese el Teledevm de Els Joglars) y provocamos dolores de cabeza de tamaño XXL. Que se lo pregunten a José María Peña que era a la sazón funesto alcalde de la ciudad.

En 1986 fui padre por primera vez del niño más rico, más bonito, más listo y más guapo que imaginarse pueda. Se llama Marco y estudia Filosofía. Visítenle en espacioenlasnubes.blogspot.com porque va a ser mucho mejor escritor que su papá. (¡Buafff! que alguien me traiga una spontex para la baba, por favor).

Ese mismo año emigré de Burgos, mi viejo sueño. Pero no fui muy lejos: a Villarcayo, donde mi amigo Balí acababa de ser contratado por el archimultimillonario Jacques Hachuel para poner en marcha una Fundación dedicada a la infancia y la juventud marginada con carta blanca para hacer lo que quisiéramos. Y vaya si hicimos. Hicimos cosas fantásticas que serían demasiado largas de contar aquí.

En 1989 Pachi Larrosa, viejo compañero de cachondeos universitarios y director de Diario 16 Burgos cuyo primer número aun estaba por aparecer, me pidió que le escribiera una columna semanal. Allí comenzó mi relación con aquel periódico luchador, valiente e irreductible, única alternativa al rodillo de papel maché con agua bendita que ha hecho las veces de prensa en esta ciudad, hasta su cierre en 1998. Durante aquellos nueve años, escribí miles de columnas, artículos, series, reportajes y una página de humor terriblemente iconoclasta, "Virus 16", que daría el bigote por volver a resucitar; mejor dicho: porque alguien me pagara por volver a resucitar, las cosas claras y el chocolate espeso.

En 1997 fui llamado por el alcalde Valentín Niño para ser su jefe de gabinete con la oposición frontal de todo su grupo de concejales, que pensaban que Valentín había enloquecido, a excepción de dos personas, las únicas que siempre le fueron leales y con las que llegue a hacer una buena amistad: Javier Quintanilla, un zorro con un sensacional sentido del humor, y Germán Pérez Ojeda, una nobilísima persona que, además, le hizo a mi madre el hermoso regalo de diez años de vida. Gracias Germán, nunca te lo dije.

Lo curioso es que por aquel entonces el puesto de jefe de Gabinete no figuraba en la relación de puestos de trabajo del Ayuntamiento y tuve que ocupar el de Auxiliar del Grupo de Concejales con un sueldo de risa. Típica chapuza municipal. Sin embargo, aquellos dos años con Niño me dieron material para escribir un libro surrealista e increíble cuya compleja y ardua labor voy postergando día tras día por pereza vital, pero que tarde o temprano habré de acometer porque se lo debo a Valentín Niño, una gran persona y un enormísimo alcalde cuya memoria debe ser reivindicada por muchas ampollas que levante.

Al cesar Valentín Niño como alcalde cesé yo también al ser un cargo de confianza. Y lo que pasó después... Lo que pasó después es para de uno en uno delante de unos vasos de whisky.

Luego llegó el paro; la demasiado larga travesía del desierto del paro y el descenso hacia la miseria enjabonado por la crisis, el aumento del Euribor, la subida de los precios...

Y al final el pequeño oasis de La Palabra Digital: agua y un puñado de dátiles. Un festín cuando se trae hambre de ocho años. Pero síganme a diario, que soy gracioso, de verdad.
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