
Martes, 27 de enero.
2,15 h
2,2º C
En el estéreo suena “Dream”” por Dean Martin, ilustrísimo borracho
Señor presidente: cada vez que le veo en una de esas farsas televisivas que usted y Rajoy, o usted solo, se monta de vez en cuando para responder ante media docena de ciudadanos elegidos a dedo lo que no responde en el Parlamento ante los legítimos representantes de todos los ciudadanos elegidos en las urnas, no puedo evitar que se me venga a las mientes la siempre sobria, discreta y empacada elegancia de su antecesor en el cargo Felipe González frente a la chirriante horterez de José María Aznar, con sus anillos, sus gemelos de oro y su bigote extemporáneo, que sólo le faltaba el pasador de corbata con las gaviotas del partido.
Usted, como es lógico y le honra, quiere imitar a su líder y presentar un “look” sencillo y hasta humilde, si se quiere. Pero, ¿sabe usted? para que una corbata sencillita y discreta cumpla su papel, es decir, resulte realmente discreta y al mismo tiempo sea elegante y no dé el cante, tiene que ser una corbata magnífica, de esas que solo se encuentran en Bond Street. Así son las cosas. No se puede uno presentar ante el país con una corbata de bazar chino como la que usted llevaba anoche, porque el presidente del Gobierno no puede parecer un invitado de boda de pueblo. Fíjese usted en Sarkozy cuando sale por la tele. Ya nos imaginamos todos que las corbatas se las compra la Bruni, pero el tío va hecho un pincel sin parecer nunca un broker de Wall Street, que siempre hubo clases. ¡Y qué trajes se gasta el gabacho, señor Zapatero! ¡Qué corte! Igual que el suyo que parecía reciclado de algún familiar difunto (¡Dios no lo quiera!) por alguna tía modista, aunque es igual: cualquier traje hubiera quedado arruinado irremisiblemente por el par de micrófonos como candelabros que le plantaron en las solapas. Y el detalle final: La corbata, señor Zapatero, por barata que sea, hay que saber ponérsela. No voy a entrar en el nudo tan desdichado que llevaba usted que recordaba al que se hace un adolescente la primera vez que se pone una corbata de su padre para ir a la fiesta de graduación en el Instituto. Pero ¿nunca le han dicho que la punta inferior debe llegar justo a la altura de la hebilla del cinturón, ni un centímetro más arriba ni un centímetro más abajo? ¡Y qué corbatón me llevaba usted tapándole la bragueta! Parecía Harpo Marx. Le aconsejo encarecidamente que la próxima vez vaya a la Zarzuela un par de días antes para que el Rey le de algunas lecciones prácticas al respecto. Sería una buena manera de rentabilizar la Corona.
Mal, señor Zapatero, muy mal. Usted fue a la tele a hacer su farsa y a soltar el discurso que tenía que soltar: Que todo va cojonudamente y que gracias a la acción de su gobierno las cosas van a irnos a todos de perlas en un plazo muy breve. Oído cocina. Pero todo esto hay que hacerlo en debida forma, con la debida dignidad que le confiere el cargo y vestido como un señor, no hecho un farraguas. Claro que podrá usted decir con mucha razón que los selectos invitados que acudieron al plató de TVE para hacerle preguntas iban todos de Dios me valga. Pero eso no es excusa. Si quiere usted generar esa moral de victoria que tanto dice que necesitamos, tiene que dar ejemplo. Y no lo hay mejor que, al mal tiempo, ofrecer siempre buena cara: la que da una discretita corbata de Hermés en tonos lisos, por ejemplo.

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