CRUZ ROJA
Sábado, 4 de Septiembre de 2010
La Palabra de Burgos
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Tengo una bronca para usted

27-01-2009

Martes, 27 de enero.

2,15 h

2,2º C

En el estéreo suena “Dream”” por Dean Martin, ilustrísimo borracho

 

Señor presidente: cada vez que le veo en una de esas farsas televisivas que usted y Rajoy, o usted solo, se monta de vez en cuando para responder ante media docena de ciudadanos elegidos a dedo lo que no responde en el Parlamento ante los legítimos representantes de todos los ciudadanos elegidos en las urnas, no puedo evitar que se me venga a las mientes la siempre sobria, discreta y empacada elegancia de su antecesor en el cargo Felipe González frente a la chirriante horterez de José María Aznar, con sus anillos, sus gemelos de oro y su bigote extemporáneo, que sólo le faltaba el pasador de corbata con las gaviotas del partido.

Usted, como es lógico y le honra, quiere imitar a su líder y presentar un “look” sencillo y hasta humilde, si se quiere. Pero, ¿sabe usted? para que una corbata sencillita y discreta cumpla su papel, es decir, resulte realmente discreta y al mismo tiempo sea elegante y no dé el cante, tiene que ser una corbata magnífica, de esas que solo se encuentran en Bond Street. Así son las cosas. No se puede uno presentar ante el país con una corbata de bazar chino como la que usted llevaba anoche, porque el presidente del Gobierno no puede parecer un invitado de boda de pueblo. Fíjese usted en Sarkozy cuando sale por la tele. Ya nos imaginamos todos que las corbatas se las compra la Bruni, pero el tío va hecho un pincel sin parecer nunca un broker de Wall Street, que siempre hubo clases. ¡Y qué trajes se gasta el gabacho, señor Zapatero! ¡Qué corte! Igual que el suyo que parecía reciclado de algún familiar difunto (¡Dios no lo quiera!) por alguna tía modista, aunque es igual: cualquier traje hubiera quedado arruinado irremisiblemente por el par de micrófonos como candelabros que le plantaron en las solapas. Y el detalle final: La corbata, señor Zapatero, por barata que sea, hay que saber ponérsela. No voy a entrar en el nudo tan desdichado que llevaba usted que recordaba al que se hace un adolescente la primera vez que se pone una corbata de su padre para ir a la fiesta de graduación en el Instituto. Pero ¿nunca le han dicho que la punta inferior debe llegar justo a la altura de la hebilla del cinturón, ni un centímetro más arriba ni un centímetro más abajo? ¡Y qué corbatón me llevaba usted tapándole la bragueta! Parecía Harpo Marx. Le aconsejo encarecidamente que la próxima vez vaya a la Zarzuela un par de días antes para que el Rey le de algunas lecciones prácticas al respecto. Sería una buena manera de rentabilizar la Corona.

Mal, señor Zapatero, muy mal. Usted fue a la tele a hacer su farsa y a soltar el discurso que tenía que soltar: Que todo va cojonudamente y que gracias a la acción de su gobierno las cosas van a irnos a todos de perlas en un plazo muy breve. Oído cocina. Pero todo esto hay que hacerlo en debida forma, con la debida dignidad que le confiere el cargo y vestido como un señor, no hecho un farraguas. Claro que podrá usted decir con mucha razón que los selectos invitados que acudieron al plató de TVE para hacerle preguntas iban todos de Dios me valga. Pero eso no es excusa. Si quiere usted generar esa moral de victoria que tanto dice que necesitamos, tiene que dar ejemplo. Y no lo hay mejor que, al mal tiempo, ofrecer siempre buena cara: la que da una discretita corbata de Hermés en tonos lisos, por ejemplo.

 

BLOG DE FERNANDO PORTILLOCV
He de decir antes de nada que soy burgalés en virtud de concurso de traslados, pues nací en Burgos muy poco después de que mi padre, funcionario de Montes, llegara destinado a esta plaza proveniente de la de Almería.

Vine, pues, al mundo de manos del muy ilustre doctor Don Abelardo Carazo en el domicilio paterno de la calle Vitoria, en el mismo en el cual sigo viviendo 54 años después lo cual da una idea de la longitud de mi recorrido vital.

Estudié todo lo que atañe a la formación de un niño en el Colegio La Salle y piano con resultados trágicos, pues apenas empezaba a dominar con soltura la número 8 de Beethoven, fui gravemente infectado por el virus del Jazz, truncándose así las esperanzas que mis progenitores habían depositado en mí.

Me convertí en un adolescente rebelde y bohemio. A los quince años organizaba sesiones de Jazz en la discoteca Roma y formé parte de un cuarteto, el "Experimental Jazz Group" (lo llamábamos "experimental" para disimular lo mal que sonaba) mientras leía a Proust en francés y a Jardiel Poncela en Gallego. Por aquel entonces me eché una novia a la que yo amaba con empecinamiento y que me dejó por un músico de Segovia que tocaba a Chopin en el acordeón. Sufrí mucho.

En el primer quinquenio de los 70 entré en el mundo universitario con un espíritu digno de la Casa de la Troya. Pero la Universidad franquista no supo entenderme ni yo a ella. La cosa acabó en divorcio ad aeternum.

En el 75 la Patria me llamó a su servicio. Lo cumplí en la Comisión Geográfica número 6, de la Agrupación Obrera y Topográfica del Servicio de Estado Mayor, familiarmente conocida como "la Topo". Al licenciarme me mencionaron en la orden del día y me concedieron el "Premio Patrona" consistente en una paga extra de 78 pesetas. Y todo por saber escribir a máquina sin faltas de ortografía.

En 1976 eché mi primer polvo, pero disculpen que no les dé detalles; soy un caballero.
En los albores de los 80 entré al abordaje en la recién estrenada F.M. de Radio Popular de Burgos con personajes tan ilustres como Francho Pedrosa, Marta Barriuso, o Paco Alcántara, bajo los auspicios de aquel gran hombre que fue Juan Saborido Cursach y para dolor de tripas de Juan Vicente Velasco que nunca me pudo ver ni en pintura. Allí hice inolvidables programas de Jazz junto a mi querido amigo César Balmori.

En 1982 abrí mi propio Club, el "Portus Jazz" de feliz memoria, un referente imprescindible en la historia cultural de Burgos. Los que ya peinan canas o han dejado de peinar cosa alguna lo recuerdan con nostalgia. Música en directo todas las noches y cantera de buenos músicos de Jazz.

En 1984 me casé con una chavala que los años han ido convirtiendo en mi compañera y esposa. También fui fugaz encargado de prensa y compinche del entonces Delegado de Cultura de la Junta Jose Luis Ollero, Balí, cuya noble amistad aún me honra y me honrará siempre. Al socaire del Estival 84 hicimos tropelías sin cuento (recuérdese el Teledevm de Els Joglars) y provocamos dolores de cabeza de tamaño XXL. Que se lo pregunten a José María Peña que era a la sazón funesto alcalde de la ciudad.

En 1986 fui padre por primera vez del niño más rico, más bonito, más listo y más guapo que imaginarse pueda. Se llama Marco y estudia Filosofía. Visítenle en espacioenlasnubes.blogspot.com porque va a ser mucho mejor escritor que su papá. (¡Buafff! que alguien me traiga una spontex para la baba, por favor).

Ese mismo año emigré de Burgos, mi viejo sueño. Pero no fui muy lejos: a Villarcayo, donde mi amigo Balí acababa de ser contratado por el archimultimillonario Jacques Hachuel para poner en marcha una Fundación dedicada a la infancia y la juventud marginada con carta blanca para hacer lo que quisiéramos. Y vaya si hicimos. Hicimos cosas fantásticas que serían demasiado largas de contar aquí.

En 1989 Pachi Larrosa, viejo compañero de cachondeos universitarios y director de Diario 16 Burgos cuyo primer número aun estaba por aparecer, me pidió que le escribiera una columna semanal. Allí comenzó mi relación con aquel periódico luchador, valiente e irreductible, única alternativa al rodillo de papel maché con agua bendita que ha hecho las veces de prensa en esta ciudad, hasta su cierre en 1998. Durante aquellos nueve años, escribí miles de columnas, artículos, series, reportajes y una página de humor terriblemente iconoclasta, "Virus 16", que daría el bigote por volver a resucitar; mejor dicho: porque alguien me pagara por volver a resucitar, las cosas claras y el chocolate espeso.

En 1997 fui llamado por el alcalde Valentín Niño para ser su jefe de gabinete con la oposición frontal de todo su grupo de concejales, que pensaban que Valentín había enloquecido, a excepción de dos personas, las únicas que siempre le fueron leales y con las que llegue a hacer una buena amistad: Javier Quintanilla, un zorro con un sensacional sentido del humor, y Germán Pérez Ojeda, una nobilísima persona que, además, le hizo a mi madre el hermoso regalo de diez años de vida. Gracias Germán, nunca te lo dije.

Lo curioso es que por aquel entonces el puesto de jefe de Gabinete no figuraba en la relación de puestos de trabajo del Ayuntamiento y tuve que ocupar el de Auxiliar del Grupo de Concejales con un sueldo de risa. Típica chapuza municipal. Sin embargo, aquellos dos años con Niño me dieron material para escribir un libro surrealista e increíble cuya compleja y ardua labor voy postergando día tras día por pereza vital, pero que tarde o temprano habré de acometer porque se lo debo a Valentín Niño, una gran persona y un enormísimo alcalde cuya memoria debe ser reivindicada por muchas ampollas que levante.

Al cesar Valentín Niño como alcalde cesé yo también al ser un cargo de confianza. Y lo que pasó después... Lo que pasó después es para de uno en uno delante de unos vasos de whisky.

Luego llegó el paro; la demasiado larga travesía del desierto del paro y el descenso hacia la miseria enjabonado por la crisis, el aumento del Euribor, la subida de los precios...

Y al final el pequeño oasis de La Palabra Digital: agua y un puñado de dátiles. Un festín cuando se trae hambre de ocho años. Pero síganme a diario, que soy gracioso, de verdad.
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